Dá`í Convocador

La palabra Da’í significa “Convocador”, pero también “El que llama” a una actividad benéfica, o bien amistosa y agradable, como un ágape o banquete. Tiene el sentido de invitar a participar de una idea, de la defensa de una comunidad, de contribuir a un fondo común de beneficencia, etc. Allah Exaltado define la tarea del Mensajero (BPDyC) como una convocatoria de Allah a través del Profeta a aceptar el Sagrado Corán como Revelación, como asimismo a aceptar todas las anteriores revelaciones y a sus Mensajeros (P): ¡Profeta! Te hemos enviado como testigo, albriciador y advertidor; como convocador (Da’ían) hacia Allah, con Su anuencia, y como astro reluciente (33:45-46). En la vida social este término tiene un uso jurídico que no es necesario citar aquí. Da’í es el nombre de agente o actor de lo que se dice, y el mensaje o llamado se denomina da’uah, mientras que la palabra du’á’ indica súplica, ruego, imploración.

Dice el Sagrado Corán: Allah convoca (iad’u) hacia el Jardín y la Indulgencia, con Su anuencia, y evidencia Sus Signos a la gente, tal vez se persuadan (2:221) Allah convoca hacia la Morada de la Paz, y guía a quien Él quiere hacia un Camino Recto (10:25) “¡Señor nuestro! De cierto que nosotros escuchamos a un pregonero (munádia) convocar a la Fe: ¡Que tengáis fe en vuestro Señor y creímos! ¡Señor nuestro! ¡Perdónanos, pues, nuestras faltas, e indúltanos de nuestras maldades, y haznos fallecer entre los piadosos!” “¡Señor nuestro! Y concédenos aquello que nos prometiste por Tus Mensajeros, y no nos frustres el Día de la Resurrección, por cierto que Tú no faltas a las promesas” (3:193-194). Aunque el versículo no utilice el verbo dá’a (convocar, llamar) usa aquí un sinónimo, el verbo árabe náda (llamar).

También Allah otorga a Satanás (L) la capacidad de convocar a sus seguidores a contrariar al ser humano y exterminarlo, mediante la seducción, las falsas ideas, los vicios, la corrupción, y de hecho, la guerra y el genocidio: ¡Humanidad!: ¡Comed de cuanto hay en la tierra lícito y bueno, pero no sigáis los pasos de Satanás! Por cierto, que es para vosotros un enemigo manifiesto. Solamente os ordena el mal y la perversidad, y que digáis sobre Allah lo que no conocéis (2:168-169) Satanás es vuestro enemigo, tomadlo, pues, como enemigo. Él solamente convoca a sus partidarios a ser de los partícipes de la hoguera (35:06)

Cuando el Sagrado Corán se refiere específicamente a la misión del Profeta (BPDyC) utiliza la palabra “Mensajero”, resaltando su tarea: ¡Los que sois creyentes! ¡Responded a Allah y a Su Mensajero cuando éste os convoca para aquello que os vivifica! Y sabed que Allah interfiere entre el hombre y su corazón, y que ante Él seréis reunidos (8:24). La convocatoria principal a la que se refiere el Sagrado Corán es a la Revelación, y convoca tanto a los Profetas y Mensajeros (P), encargados de transmitirla, como también al resto de la humanidad: He aquí que concertamos pacto con los Profetas, y contigo, y con Noé, y con Abraham, y con Moisés, y con Jesús, el hijo de María, y les hemos tomado un juramento gravísimo. [Allah] interrogará a los veraces acerca de su veracidad, y tiene dispuesto para los impíos un castigo penosísimo (33:07).

Y Allah Mismo, exaltado sea, asume la contraparte en la convocatoria o Revelación, diciendo: Y dice vuestro Señor: ¡Invocadme (id’úni) que os responderé! Por cierto, que los que se engrandecen contra Mi devoción entrarán humillados en el Ardentísimo (40:60). La convocatoria del Sagrado Corán abarca a toda la humanidad: Y di a quienes recibieron la Escritura [judíos y cristianos], y a los gentiles [los idólatras de Meca]: “¿Os islamizasteis?” Pues si se hubiesen islamizado, se habrían bien guiado, pero si rechazaran, [sabe] que a ti sólo te compete la proclama del Mensaje [no la disputa, ni la coacción para que se islamicen], y que Allah es Videntísimo de los siervos (3:20)

En Tafsír Al-Tábari y en Perlas esparcidas, de parte de Ibn Abbas, se relata lo siguiente: “El Mensajero de Allah (BPDyC) invitó a los judíos hacia el Islam, los entusiasmó a hacerlo, y les advirtió, pero ellos se rehusaron. Entonces Ma’ádh Ibn Yábal, Sá’ad Ibn ‘Ubádah, y ‘Utbah Ibn Uáhab [tres musulmanes, antes idólatras], les dijeron: ‘¡Comunidad de los judíos! ¡Temed a Allah! Porque juramos por Allah que bien sabéis que él es el Mensajero de Allah, y lo mencionabais a nosotros antes de su surgimiento, y nos lo describíais tal cual es’. Respondieron Rafí’ Ibn Harímlah, y Uáhab Ibn Iahúda: ‘¡Nosotros no les dijimos eso! Y Allah no reveló ningún libro después de Moisés, ni envió después de él albriciador ni advertidor alguno’. Entonces Allah reveló: ¡Gente de la Escritura!: Os ha venido nuestro Mensajero, para evidenciaros [la Revelación] en el intervalo [del envío] de Mensajeros [desde Jesús a Muhammad], que no digáis [como justificación para no creer]: ‘No nos ha llegado ningún albriciador, ni advertidor [Profeta ni Mensajero]’, pues [por el contrario] os ha llegado un albriciador, y un advertidor [Muhammad], y Allah es Todopoderoso [para enviarlo]” (T, V, p. 285).

Una tradición de la fuente sunnita Tafsír Al-Zá’labi relata: “Cuando el Profeta (BPDyC) convocó [a los cristianos] a la prueba de la ordalía le respondieron: ‘Espera a que nos reunamos y lo meditemos’ Y apenas quedaron solos preguntaron a Al-’Aqib, que era autoridad en opinión entre ellos: ‘¿Cuál es tu criterio?’ Respondió: ‘¡Por Allah! habéis conocido vosotros cristianos que Muhámmad es un Profeta enviado, pues os ha venido con lo terminante respecto de vuestro conocido [Jesús] ¡Por Allah! ningún pueblo anatematizó a ningún Profeta sin que pudieran sobrevivir luego sus mayores y crecer sus pequeños. Si vosotros lo hacéis seremos sin duda aniquilados. Pero si rehusamos otra cosa que mantenernos en nuestra fe y sostener lo que decimos, pactad con el hombre [Muhámmad] y partamos a nuestro país’ Vinieron entonces a donde el Profeta (BPDyC) y éste ya había concurrido llevando en sus brazos a Al-Husain, tomando de la mano a Al-Hásan, mientras Fátima caminaba detrás, y Alí detrás de ella, y [el Profeta] decía: ‘Si yo os convoco ¡cumplid!’ Entonces el obispo de Nayrán exclamó: ‘¡Cristianos! por cierto que veo rostros que si pidieran a Allah que desplazase una montaña de su lugar, por ello Él lo haría sin duda. ¡No hagáis [la prueba del] anatema pues os aniquilaríais y no quedaría sobre la tierra ningún cristiano hasta el Día de la Resurrección!’ Dijeron [al Profeta]: ‘¡Abu Al-Qásim [uno de sus apodos]!: Consideramos no hacer contigo la prueba, y que te confirmemos en tu fe, y nosotros permanezcamos en la nuestra’ Respondió el Profeta: ‘Si rehusáis la prueba ¡islamizáos! corresponderá a vosotros lo que corresponde a los musulmanes, y estaréis obligados como ellos’ Pero [los cristianos] rechazaron esto, y el Profeta les dijo: ‘Entonces, si es así, os combatiré’ Respondieron: ‘No soportamos combatir como los árabes, sino que acordaremos contigo para que no nos ataques, ni nos amenaces, ni nos impidas nuestra fe, en compensación de darte cada año 2.000 vestimentas, mil en Sáfar [segundo mes del calendario islámico], mil en Ráyab [séptimo mes] y 30 corazas de hierro’ Entonces el Profeta (BPDyC) pactó con ellos sobre la base de esto” (T, III, pp. 231-232)

En la fuente sunnita Sahih Al-Bujari se narra que Abu Sufian transmitió la tradición según la cual el Profeta (BPDyC) envió a Heraclio, emperador de Bizancio, un Mensaje que expresaba lo siguiente: «En el Nombre de Allah, el Más Misericordioso, Misericordiosísimo. De Muhammad, el Mensajero de Allah, a Heraclio, emperador de los bizantinos ¡La Paz sea con quienes siguen la Buena guía! Por mi parte te invito con la proclama del Islam [el Tauhid]: ¡Islamízate, te salvarás, islamízate que Allah te concederá dos veces tu recompensa [la recompensa por Jesús (P) y por Muhammad (BPDyC)]! Pero si te rehusaras, contigo será el mal de los príncipes [de este mundo]. “¡Gentes de la Escritura!: ¡Convengamos entre nosotros y vosotros en una misma expresión!: Que no adoraremos más que a Allah, ni asociaremos a Él nada, ni nos tomaremos unos a otros como señores en lugar de AllahPero si ellos se rehusaran, declarad: “¡Testimoniad que nosotros somos en verdad musulmanes!” (3:64) (T, III, p. 267). Lo mismo se dice del mensaje que el Profeta (BPDyC) envió a Muqáuqas, gobernante de los egipcios, que también citaba ese versículo.

Se cuenta que el Mensajero de Allah (BPDyC) escribió una carta personal a la gente del Yemen, cuando envió allí a Umru Ibn Hazam para enseñarles, carta que contenía los deberes, las prácticas y las penas del Islam. En ella decía que «el mayor de los pecados ante Allah el Día de la Resurrección es asociar a Allah, matar a un creyente sin justicia, huir el día de la batalla, desobedecer a los padres, deshonrar a las castas, aprender la magia [u otras malas artes], dedicarse a la usura, y robar la riqueza del huérfano» (MIK, I, p. 380).

Y confirmando haber comunicado su Mensaje íntegramente, dijo el Profeta (BPDyC) en la disertación de la Peregrinación de la Despedida, según una tradición de parte de Yábir Ibn Abdallah Al-Ansári: “¡Gente!: Se os interrogará sobre mí, ¿qué diréis vosotros?” Respondieron: “Testimoniamos que has comunicado, cumplido y aconsejado”. Y el Profeta (BPDyC) indicaba con su dedo el cielo, y lo dirigía luego hacia ellos exclamando: “¡Allahúmma! ¿He cumplido?” (MIK, I, p. 534)

© Textos del Sheij Alí Al-Husainí recopilados por Aiman Fradkin y Hasan Gomez, editados por Bashir Gomez

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