Reflexiones acerca del arte

El arte y la sensibilidad humana

El arte es algo que sirve de medio a través de los sentidos para llegar al espíritu. Pero debemos hacer la diferencia entre un arte que utiliza los sentidos por los sentidos mismos y no va más allá de éstos, y un arte que los usa para alcanzar el espíritu, es decir entre algo que meramente sirve a los sentidos de aquello otro que además sirve como método, como medio para alcanzar algo superior. No hay ningún arte que no sea “sensual”, en el sentido etimológico del término, es decir que no proceda de la sensibilidad. Pero debemos necesariamente realizar una distinción entre un arte que se solaza meramente en ella de otro que a través de la sensibilidad trata de alcanzar lo más profundo.

Comentario: Sucede que cuando servimos a un sólo aspecto del alma, solamente al aspecto bajo o inferior, somos atraídos así por nuestra mera animalidad, y surge en nosotros un arte meramente sensual. Si se trata de la música creamos un mero ruido, que para peor puede tener, como sucede normalmente hoy día, un efecto negativo sobre el sistema nervioso, y de este modo afectar la estabilidad psíquica y el comportamiento de las personas, por lo cual estas entran en un estado de conciencia convulsivo, anormal, caótico. Es similar, diría yo, a la conciencia que podría tener un mono, parodiando musicalmente la teoría de Darwin. Tal es lo que sucede con la música estridente, desarmónica, como lo es el rock en sus aspectos más desbordantes y ruidosos.

El hombre como instrumento de sí mismo

Ningún instrumento puede suplantar al hombre quien es un “instrumento” de sí mismo, con su voz, con la expresión de su ser, como dice cierta tradición: “El hombre es la caña hueca del espíritu”. Cada vez que el espíritu sopla de esa caña sale un sonido, que es propio, particular de una persona. Y cada uno de nosotros tiene su propio sonido. Nadie puede suplantar al hombre en este tipo de “música”, la música interior, más allá de la música de los instrumentos materiales.

El principal motivo para que el hombre sea el instrumento de sí mismo es llegar a descubrir a través de sí el sonido del espíritu, como a través de la caña pasa el aire. Lo que se debe tratar de evitar es el arte que nos inclinen hacia una consideración inferior y degradada de nosotros mismos, que debilite nuestra fuerza interior para alcanzar objetivos superiores, que nos haga entrar en un falso éxtasis o paraíso.

Comentario: La música puede tener los efectos de una droga, que yo llamaría “droga auditiva”, y esto lo sabemos todos porque cuando un sonido, un ritmo, una musiquilla pegajosa entra por el oído y se instala en la cabeza es muy difícil sacársela de allí. Y esto resulta en que el hombre esté con ese bochinche de su cabeza en lugar de estar consigo mismo. Lo cual significa que a veces el hombre debería atender a lo práctico, a veces a lo teórico, pero en ningún caso proceder en forma enajenada, fuera de sí, porque en tal caso no es libre, es un esclavo de la música que tiene en su cabeza que dispersa al ser humano en lugar de concentrarlo en sí mismo. Y constituye una de las drogas más efectivas y baratas.

Su influencia sobre la educación

Además cierto arte se utiliza en un sentido u otro para “educar” a la gente, lo cual sucede, lógicamente, promocionando determinados objetivos, pensamientos, valoraciones, que se difunden en forma irrestricta y socavan la verdadera educación humana. Por ejemplo, la promoción que se hace de la bebida alcohólica, la consideración degradante que se difunde sobre la mujer y la lealtad matrimonial, el elogio del delincuente, etc. Y a través de la música, por ejemplo, o el cine, o la televisión, se forman ídolos, “dioses”, que resultan modelos para la sociedad, “filósofos” de la sociedad que dan orientaciones infundadas.

Comentario: Sin llegar a una crítica social sobre cuáles son los motivos por los se promueve la bebida alcohólica, a sabiendas de sus graves consecuencias tanto para la salud como para la vida familiar y social, de los graves perjuicios que causa el uso del alcohol en los diversos campos de las actividades colectivas, e inclusive, la gran cantidad de accidentes que produce en el transporte, amén de ser una de las principales fuentes de enfermedad psíquica, está el hecho, además, de la educación: La gente se educa a través de lo que recibe socialmente. La música, el canto, la danza, la poesía, la escuela pública, todo lo que la gente recibe, ayer por la radio, hoy por la televisión, o por ambas a la vez, va formando su idiosincrasia. Para es fundamental el hecho de cómo se desarrolla esa idiosincrasia, sobre qué bases, en qué fundamentos ella se basa, porque para nosotros en ello consiste la felicidad o la desgracia humana. Esto se vincula a la cultura popular de cualquier pueblo, pues el fracaso y la decadencia de los pueblos son causados por tal tipo de “cultura popular” que forma su idiosincrasia, y que termina llevándolo hacia el fracaso o el éxito, hacia la felicidad o la desgracia.

También, debemos destacar que cualquier tipo de educación, sea la educación escolar, la familiar, la religiosa, la social, propone modelos, pues toda educación los tiene. La educación es esencialmente tratar de alcanzar determinados objetivos que representan un arquetipo o modelo de persona. El arquetipo propuesto debería ser universal, en todo cuanto el hombre pueda alcanzar de perfección. Pero los arquetipos que proponen ciertas culturas, como la cultura del arte idealizado más allá de lo conveniente, la música como eje de la existencia, o la ideología fanática, excluyente en la cual predominan elementos racistas y discriminatorios, etc., tienen un modelo o arquetipo negativo que plasmar, e inclusive hay ciencias pretenden plasmar sus arquetipos o modelos. Hay modelos aberrantes, de la delincuencia, y hay modelos sumamente enfermos, social y psíquicamente, el modelo de la posesión de dinero como objetivo de la existencia, el modelo del drogadicto, el del alcohólico, etc., son modelos perversos.

Es importante considerar el modelo, y no si nos gusta o no nos gusta alguna expresión social, cultural, económica, política, racial, nacional, folclórica, etc. Deseamos establecer qué modelo de persona deseamos ser, y sobre esa base determinar si eso que socialmente nos están ofreciendo es bueno o malo. Porque las baratijas a veces se presentan muy atractivas, pero no por eso dejan de ser baratijas.

¿Qué es el arte?: el símbolo

Quizás lo más importante para tener una idea de qué es el arte sea observar cómo nosotros interpretamos los símbolos. El arte es un intermediario que utiliza símbolos, representaciones. Esto no solamente lo hace el arte plástico, sino que la música es un mediador que como cualquier representante está obligada a utilizar símbolos sonoros para aquello que quiere expresar.

Necesitamos conocer cómo consideramos el símbolo. Lamentablemente el simbolismo ha ido perdiendo cada vez más su contenido metafísico, y se ha reducido a simbolizar lo meramente histórico, como sucede con los símbolos históricos, de una institución o ente civil, etc. Todo ello es parte de la temporalidad y contingencia del mundo, y no indica necesariamente nada metafísico.

En definitiva, ¿qué es el arte?: El arte es un mediador entre el hombre y la realidad, al igual que la palabra que constituye el arquetipo de todo arte. En el esto es esencial al símbolo, es decir, la palabra como mediador de la realidad constituye el arquetipo como símbolo de todo arte. No lo es la figura, no lo es un sonido, sino que el fundamento y arquetipo de todo arte es la palabra, el sonido con significado. Y esa palabra puede tomar múltiples formas, ser poesía, canto, recitación, discurso verdadero. Hay magia en el discurso, en la plática del sabio, lo que da a entender que la mayor de las artes es la disertación sabia, porque en ella se conjuga la belleza con el significado hasta un punto que no puede alcanzar ninguna música, ninguna melodía instrumental en este mundo. Y especialmente la poesía con sentido metafísico profundo es una derivación de la disertación sabia, bajo un aspecto singular de la belleza, destacando por encima de todo a esta última en su conjunción con el significado. Por eso la peor criatura es aquel que tiene elocuencia y es maligno, lo cual para nosotros hoy por hoy constituye una comprobación concreta.

Por lo tanto, eso a lo cual los hombre llamamos “arte”, según nosotros, es por antonomasia la palabra, porque los hombres nos comunicamos con todas las cosas a través de la palabra, es decir del significado de la realidad. Y esto se evidencia cuando se intenta traducir la música en significados, por ejemplo, por parte de los críticos musicales o de otras personas que pretenden tener conocimiento al respecto. Aquello que es una pintura, o una escultura, para muchos no representa más que determinados significados que los críticos de arte suelen exponer.

Se evidencia así que el significado es el mediador, el arquetipo, el símbolo en sí mismo, y es lo que las personas que más conocen sobre la belleza deberían estudiar mejor. Lamentablemente, para nosotros en occidente se ha vaciado de contenido metafísico al símbolo por lo cual todos estos críticos de arte se basan simplemente en su mera opinión, en sus gustos y tendencias personales, a veces sumamente caprichosas, para determinar el significado del símbolo. Pero todavía el símbolo sigue teniendo en sí significado metafísico, lo que lo preserva para la humanidad.

El significado cuantitativo del arte vinculado con la belleza

Es esencial para conocer qué es el arte saber que en toda representación que utilice símbolos el arte está vinculado con la armonía o proporcionalidad de las formas. Esta idea de la matematicidad de la belleza o de la realidad es esencial al concepto de belleza. Se trata del simbolismo del número, de los volúmenes y de las medidas, que permite tener siempre una referencia fija, posible de ser conocida, y no sentirnos perdidos dentro del ámbito de la belleza, destacando a la vez la función del conocimiento humano para la manifestación de lo bello. Esto tiene que ver con lo que se llama “geometría sagrada” que se remonta a grandes expositores como Pitágoras entre los griegos, y a Hermes entre los egipcios (llamado también Idris).

La “geometría sagrada” más allá de la simple consideración a la figura o a la forma tiene por objeto descubrir a través de estas últimas el significado matemático de la realidad, y en lo que llamamos la “geometría sagrada” se conjuga el significado del espacio con el significado del número. Pero debemos advertir que el número no es simplemente la cantidad, que no se deben identificar lo numérico con lo cuantitativo, porque el número indica la cualidad y el símbolo, y la cantidad sólo indica la materialidad física y multiplicidad de algo. En este sentido el número más importante es el uno, porque el presenta un sistema de pensamiento basado en la unidad de todas las cosas, tanto de las cosas visibles como de la invisibles. El uno es el fundamento de todo el resto de los números, así como el punto es el fundamento y origen de todo el resto de las figuras y formas espaciales.

El uno es concebido como lo Infinito y como el símbolo de lo absoluto y entre los números naturales no puede ser definido por parte de las matemáticas siendo sin embargo el fundamento de todo el sistema teórico que ellas se plantean. Existen muchas teorías que han intentado definir la unidad, pero esos intentos han fracasado sucesivamente.

El uno simboliza la realidad absoluta; el dos el mundo de lo que se manifiesta, o el conocimiento absoluto conteniendo en sí todas las posibilidades concretadas o por concretarse, y aún las que nunca se concretarán; el tres simboliza la el equilibrio cósmico y la multiplicidad, aunque en el mundo humano y biológico la armonía es establecida por la dualidad; y el cuatro, por fin, simboliza el retorno a la unidad, al principio de todas las cosas en el plano de la concreción. Si sumamos uno, más dos, más tres, más cuatro, como efectivamente lo hacían los pitagóricos, el resultado será diez, la unidad de orden superior al de los dígitos, lo que pareciera aludir a la unidad en el plano de la concreción.

Los pitagóricos creían que el número diez es el número perfecto, porque además tenía que ver con los intervalos de las notas musicales que ellos estudiaban en la lira. Y sostenían que así como existía cierta armonía en dichos intervalos, del mismo modo existía una armonía cósmica, y los astros mantenían determinadas distancias entre sí, como sucede con las diferentes longitudes de las cuerdas de la lira, lo cual origina diferentes notas musicales, todas ellas armónicas entre sí y componentes de una sola melodía.

Existen, por toro lado, díadas (conjunto de dos elementos) contradictorias y díadas armónicas. La contradictoria son, por ejemplo, la verdad y el error, el bien y el mal, etc. Pero estas díadas contradictorias no son lo más importante sino que lo es la díada armónica, por ejemplo, el hombre y la mujer, el sol y la luna, la noche y el día, la tierra y el cielo, la vida y la muerte, etc. Una contradicción muy importante es la que establece la filosofía clásica entre el hombre y el mal, díada que nos exige esfuerzo intelectual y moral para superarlo.

Conclusiones

De las anteriores disquisiciones sobre el simbolismo numérico o matemático podemos extraer la conclusión que la creación o universo está constituido por símbolos matemáticos. No se trata simplemente de la medida y la cantidad, sino del significado que dichas medida y cantidad representan por sí mismas.

Más allá de esto, se trata de la armonía universal de todas las cosas, y todavía resulta más profundo el hecho de que todo tenga sentido, que no sea producto simplemente del azar, y que manifieste una realidad única. Todas las cosas tienen medida, y está hechos proporcionadamente, perfectamente, en medida y en proporción. De allí que en los significados simbólicos de la ciencia numérica y de la geometría sagrada se encuentre el fundamento del arte pues allí se encuentra el sentido que tiene la proporción, y la combinación de formas de todas las artes.

© Prohibida la reproducción parcial o total del texto sin citar al autor Sheij Alí Al-Husainí www.islamsiglo21.com

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