Semblanza del Múrshid Sheij Alí Al-Husainí (8)

El sheij Fadhlala Al-Hairi

En una oportunidad el sheij Abdul Qadr Al-Sufi lo invitó a una reunión general de gente de diversas partes del mundo vinculadas a él, y conoció entonces al sheij Fadhlalah Al-Hairi, iraqués, un hombre rico, con residencia en Londres y en Estados Unidos, quien ayudaba monetariamente a Abdul Qadr Al-Sufi. El sheij Al-Hairi lo invitó a su vez a una reunión general en San Antonio, Texas, en los Estados Unidos, sin la presencia del sheij Abdul Kader. Sidi tuvo en esa oportunidad una reunión privada con el sheij Fadhlalah Al-Hairi en la que le advirtió contra los desvíos del grupo de Abdul Qadr, pidiéndole que vuelva a la tradición de los Imames (P), la tradición verdadera del Islam.

Al-Hairi conocía de hecho mucho el hinduismo, y estaba muy abierto a todo tipo de manifestación espiritual. Su relación con este sheij fue más fuerte que la que mantuvo con el sheij Abdul-Qadr. Al-Hairi decidió viajar a la Argentina en 1984, y por propia iniciativa le pidió al Múrshid que le organizara un encuentro en la provincia de Tucumán, donde él sabía que había una numerosa comunidad islámica. (1)

El Múrshid creó entonces el Centro Islámico de Tucumán, que no existía en ese lugar, llevó a toda la yamá‘ah para allí, convocó a todos los musulmanes de San Miguel de Tucumán y sus alrededores, intervino en entrevistas de prensa y de radio, y visitó al gobernador quien donó una tierra para fundar un centro cultural y deportivo, lo que nunca se llegó a concretar. (2) De Tucumán el sheij Al-Hairi lo invitó a ir a Chile, donde estuvieron un par de días en Santiago, hasta el regreso del sheij a Estados Unidos.

Cuenta nuestro Múrshid: «Con el sheij Al-Hairi estuve vinculado por más de veinte años, como hermanos espirituales, pero hace algunos años que no nos comunicamos como lo hicimos en los primeros diez, ya que mi vida tomó un nuevo cariz. Si miro retrospectivamente fueron muchas las etapas que se cumplieron, desde algunas incipientes en las cuales no sabía cuál era mi tarea, hasta etapas muy orgánicas y precisas, como la que vivimos actualmente, Al-Hámdu lil-Láh, en la que conozco bien lo que debo hacer, y la yamá`ah se encuentra bien organizada.»


(1) Le encantaba el nombre «Tucumán», un sonido extraño y atractivo para él.

(2) El Sheij Al-Hairi, que era técnico en petróleo, habló de este tema con el gobernador en ese encuentro.

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