Semblanza del Múrshid Sheij Alí Al-Husainí (9)

Comienzos de la Yamá‘ah

Después de la experiencia con el grupo de la Escuela de Estudios Orientales de la Universidad del Salvador de Buenos Aires, al comprobar que no había una convicción profunda en él, y que por el Islam sus integrantes sentían nada más que cierta simpatía, el Múrshid se dio cuenta de que la mera actividad cultural no era suficiente, que las personas con las que se rodeara para el Islam, inclusive en el plano cultural, debían participar de la fe, porque de otro modo no sería eficaz, y cualquier intento se transformaría en un pasatiempo cultural. Lo que lo movía personalmente era la convicción de que el mensaje del Islam debía difundirse a la gente, que era un beneficio para todos, y que quienes sólo tuvieran una mera adhesión cultural no iban a entender, o a asumir en profundidad, el significado de la Dá‘uah  (prédica), que no es la propaganda de un partido, de una religión, o de una ideología, sino la difusión de la verdad.

Cuando se dio cuenta de que el compromiso de los que tenían que estar con él debería ser muy importante, se dirigió hacia la formación de un grupo que debía cumplir el Din, es decir la oración, el ayuno, etc., porque de otro modo no tendrían el fuego interior para difundir el mensaje del Sagrado Corán y la Súnnah del Profeta (BPDyC). Y la primera persona que apareció en el horizonte fue un tal Antonio Ramos, un chico que no tenía mucha orientación en su vida, no conocía a sus progenitores, y había sido criado por un matrimonio sin hijos. Esa persona era por entonces dada a la bebida o a la droga, pero en tanto se comportara decentemente el Múrshid lo ayudaría a vencer esos vicios con la Sidi con el 1er grupo del CEIayuda de Allah. También se acercó un muchacho salteño, atraído por la revista «Islam», joven que tenía antepasados musulmanes y quería rescatar sus propias raíces. (1) Y, posteriormente, vino Amina (2) quién se acercó luego de escuchar un programa de radio en el cual participó Sidi Múrshid durante un tiempo. (3) Primero envió una carta a la audición, el director la pasó al Múrshid, quien la citó por si quería ampliar sus conocimientos. Vino y con el tiempo adhirió al Islam, que Allah la tenga en su Gloria.

Fue mucha la gente que se acercó a través de la revista «Islam» (4), en algunos casos sucedía que leían un número editado varios años antes, que conseguían en kioscos de viejo, y se acercaban al Centro.

Lo primero que observó el Múrshid en muchas de las personas es la debilidad de su educación familiar, lo que los impulsaba a buscar algo seguro. Los conflictos de divorcio entre los padres determinaban que ellos buscaran un vínculo externo que les inspirara seguridad, y una orientación que no tenían, sea por orfandad, o por mantener conflicto con sus padres. Pero detrás de las diferentes motivaciones psicológicas viene lo más rico, pues ellos se conectaban así con una ciencia excelente, con un conocimiento metafísico, un modo de vida que los lleva realmente a la felicidad. Y todos los que adhirieron no pueden dar otro testimonio que ese, si fueron fieles a lo que se les enseñó, o al menos deben decir que han mejorado notablemente en todos los aspectos de su vida.

La incorporación de más personas al Centro de Altos Estudios Islámicos significó desde 1973 en adelante una adhesión al Din del Islam, cuyas prácticas se fueron imponiendo de a poco.

Al principio el Múrshid se propuso enseñar la saláh, por ejemplo, para que las pocas personas que en ese entonces estaban adheridas al Centro de Altos Estudios Islámicos, la tomaran como práctica diaria. Cumplir con la enseñanza de todo el Din le demandó un gran esfuerzo de consulta y traducción. Editó al principio un librillo sobre la saláh (la oración), traduciendo de las fuentes más auténticas todo lo relativo a la enseñanza de esta práctica, según lo establece la Sharí‘ah o Ley islámica, y con el tiempo otros aspectos se fueron complementando de a poco.

Como dice nuestro Múrshid: “El establecimiento de todas las prácticas no se hizo de golpe sino gradualmente, hasta llegar y culminar con la celebración de los yumú`ah y las festividades. Creo que esto demandó cerca de cinco años, y aunque hoy nos parezca natural cumplir con ellas, no fue fácil, sino un aprendizaje mutuo. Las personas que llegaban y adherían no conocían estas prácticas, y había que conocer las disposiciones en árabe y explicarlas en castellano. Tuve que estudiar mucho y traducir.”

Una de las primeras prácticas meritorias (optativas) que se establecieron fue el Dhikr que, naturalmente, era por entonces distinto al actual. En principio, no tenía un significado particular más que la letanía o reiteración del Nombre divino, hasta que Allah, exaltado sea, me dirigió al Dhikr actual, que tiene significados particulares (5). Las enseñanzas no son exclusivamente producto de la lectura, hay enseñanzas de tipo sutil. Desde el comienzo la yamá‘ah ha sido bendecida con la presencia del Profeta (BPDyC), y muchos de sus miembros han experimentado la visión de cómo él (BPDyC) me inspiraba lo que debía decir. De modo tal que lo logrado no se debe a mi esfuerzo particular sino a una inspiración paulatina, gradual.»

Podríamos decir que la yamá‘ah, que cumplió 44 años en el 2017, desde la publicación del primer número de la revista Islam, se ha ido acendrando, purificando, perfeccionando en sus métodos y prácticas, y ha atravesado varias etapas. La primera fue entre 1973 y 1979, la segunda llega a los años 1984 o 1986; la tercera llega al 1992; y la cuarta puede considerarse hasta hoy, donde se completaron todos sus aspectos. En 1992 se estableció la primera záuiah fuera del ámbito inicial de la calle Rojas, y un lugar para la práctica de la jáluah. La primera jáluah la cumplió nuestro Múrshid, desde diciembre de 1992 hasta enero de 1993, durante un mes, y luego le siguieron otras no tan prolongadas, de diez a quince días aproximadamente, aunque prefirió reservar la jáluah para los miembros de la yamá‘ah antes que practicarla él mismo. El lapso de jáluah consagrado por la tradición es de cuarenta días, los treinta días iniciales de Musa (P) en el Sinaí, a los que se le añadió, como dice el Sagrado Corán, diez días más. En el último siglo, según el hadíz que dice que un solo esfuerzo en esta época obtiene diez recompensas, el sheij Al-Alawi impuso a sus discípulos sólo cuatro días, que equivalen a los cuarenta originales. Nuestra yamá‘ah empezó con cuatro días de jáluah, hasta que ello fue acortado por el mismo Profeta (BPDyC), quien en el año 2002 la dio por terminada el mismo día, y en algunas ocasiones en menos de 24 horas.

Acerca de la conformación de nuestra actual comunidad contó el Múrshid lo siguiente: «La yamáah surgió nominalmente en marzo de 1973, pero esto es formal, porque se fue desarrollando paulatinamente en diferentes etapas. En 1973 era un mero centro cultural; en 1974 se estableció la adhesión al Islam y sus prácticas, con el compromiso de sus miembros de asumir la Dauah debidamente, con la adhesión del corazón. Se fue imponiendo el Dhikr, se establecieron días de encuentro, no exigí a la gente más que la saláh en nuestras reuniones, y si lo hacían en sus casas debía salir de sus corazones. Yo mismo iba siendo más riguroso con mis prácticas, sin abandonarme, y esto es notable, porque me fui purificando y perfeccionando en la medida que se desarrollaba la yamá`ah misma.

Uno de los elementos más dinámicos que traje del extranjero fue el Dhikr, que constituyó el fundamento por el cual pasamos de ser un grupo de simples adherentes al Islam a ser una yamá‘ah. El Dhikr empezó en aquella época, de acuerdo al modelo que tenía el muqaddam de Schuon, pero luego fue variando. Se mantienen los elementos tradicionales, que todas las yamá‘ahs tienen, por ejemplo la mención del  «Haii» como centro, de «La Iláha illa Allah» como apertura, y la bendición al Profeta (BPDyC) que aparece en nuestro Dhikr como letanía o acompañamiento a las otras menciones. El Dhikr fue plasmándose de a poco, ganando un espacio importante, y operando por sí mismo el cambio.

A él se unió la meditación, es decir, el dars o lección que canaliza la inspiración del múrshid o sheij. El dars no era algo preelaborado, y esto se demuestra porque fue coincidiendo con las experiencias de los fuqará («pobres», como se llama a los miembros de una yamá`ah). Cuando ellos vivían interiormente una experiencia sobre la humildad, o el agradecimiento, etc., no era extraño que yo hablara de ello en el dars, sin premeditación, sino como fruto de una inspiración instantánea. Por cierto que algunas pocas veces no había ninguna inspiración, o el dars era simplemente una súplica.  Desde el año 1979 fui experimentado la compañía de los que se decían buscadores de lo espiritual, y no puedo afirmar al presente, y sin ánimo de ofender a nadie, que haya conocido a alguien con una firmeza total, porque es natural en todos, aunque intuyan qué es lo mejor, que aparezcan debilidades y sufran algunas crisis personales en su camino. Una yamá‘ah no es un lugar donde se reúnen los santos, es un lugar a donde van las personas a santificarse, por lo que estas deben hacer un esfuerzo de saneamiento de sí mismos, tarea difícil. Y más todavía lo es el esfuerzo del múrshid que sobrelleva su lucha personal, y debe mantener viva la de las otras personas. 

En los años 1980 se instaló la záuiah de Rojas con la compra de dos saloncitos, uno para la oración, el Dhikr y las reuniones específicas de la yamá‘ah, y otro, adquirido unos años después, para biblioteca, oficina privada, etc. En 1984 me separé del Centro Islámico de la República Argentina, debido a un incidente ocurrido en un congreso en Córdoba, y a que me había propuesto iniciar una tarea de difusión del Islam para la cual no encontraba eco allí. Pedí, por ejemplo, que se comprase una fotocopiadora, y encontré resistencia, porque no se decidían a asumir un papel en la difusión del Islam. ¡Algunos miembros llegaron a plantearme que el Islam era sólo para los árabes! Es cierto que en ese momento no había tantas adhesiones, y en consecuencia, el hecho de que gente de procedencia europea o judía adhiriera al Islam era una cosa muy extraña, pero eso fue rápidamente cambiando en forma notable hasta hoy.

En esta etapa también tuve el reconocimiento y el acompañamiento de mi primera esposa, al igual que el de mis hijos. Mis hijos Yihad, Yuhaina y Amira concurrían y se criaron, se puede decir, dentro de la yamá‘ah. Una vez que mi hijo mayor, Yihád, cumplió los 16 años, fue buscando un ámbito juvenil para él, y se acercó al Centro Islámico de la República Argentina, al cual sigue concurriendo, compartiendo con sus amigos la saláh, festejando sus cumpleaños y realizando otras actividades sociales. Yo no quise interferir en ello, pues la Sabiduría indica respetar el desarrollo natural de las personas. Yihád necesitaba alternar con la gente de su edad, pero yo sabía que finalmente le iba a ocurrir lo que a mí, y luego de completar el círculo, a los treinta y algo de años, iba a volver al punto inicial, con su padre.»


(1) Luego se estableció en la Rioja (Argentina) para dedicarse al periodismo, era un joven muy activo.

(2) Su nombre civil era Malvina del Valle Giménez, una chica nacida en Córdoba, huérfana de ambos padres, criada por sus tías, que vivía entonces en la localidad de Bernal, de la provincia de Buenos Aires. Ver «Testimonios de los discípulos del Sheij Alí Al-Husainí».

(3) Nuestro Imam había sido invitado por el director del programa radial «Patria Árabe», una audición radial, para hablar de temas espirituales, sin insistir específicamente en el Islam, porque su audiencia estaba formada tanto por musulmanes como por cristianos árabes, pidiéndome su director, un tal Américo Iunes, que tratara de conjugar ambas cosas. Como Sidi tenía habilidad para eso, porque veía entonces como ahora la unidad de las doctrinas reveladas, aceptó el encargo de todos los domingos durante casi cuatro años. Esto le sirvió como experiencia (todavía  conserva los borradores del programa, que escribía previamente) y fue a través de esta audición que Amina lo conoció, como relata en su testimonio.

(4) Se repartía en los kioscos de las estaciones del subterráneo o metro de Buenos Aires, y durante un tiempo tuvo un distribuidor que la enviaba a las provincias del interior de la Argentina. Además, se armó más adelante un circuito de venta en librerías y kioscos de Buenos Aires. Aparte de eso tenía suscriptores.

(5) Ver «Significados de nuestro Dhikr»

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