Testimonios de creyentes

Además de los testimonios que publicamos de algunos de los discípulos del Sheij Alí Al-Husainí, vale la pena compartir los testimonios siguientes, inclusive de gente no musulmana:

Testimonio del Obispo de los Maronitas Monseñor Charbel  Merhi

sheij swami charbelMi testimonio sobre el amigo Mahmud Husain (el Sheij Alí Al-Husainí) solo puede ser totalmente positivo y constructivo. Jamás he tenido en mi larga vida religiosa y social una persona que merezca tanto respeto, como hombre de fe y religioso de seriedad. Todo en él denota una simplicidad agradable acompañada de profundidad espiritual y lealtad humana. Mi relación personal con Mahmud ha sido un vínculo prolongado durante varios años y se limitaba a encuentros ocasionales o programados de carácter interreligioso. Todo comenzó en un contacto con el movimiento del Triálogo que congrega, judíos, cristianos y musulmanes en camino hacia la paz. Las actividades de este movimiento se realizaron bajo el auspicio de la Asociación “Solidaridad Mundial entre Naciones, Pueblos y Culturas”, de carácter puramente cultural. El punto culminante de estas actividades fue una Misión de Paz que reunió, entre otras personas, a tres figuras representando a las tres grandes religiones de la actualidad: el Director de estudios Judaicos en la Argentina, Profesor Abraham Szwarc, el Director del Centro de Altos Estudios Islámicos para la Argentina y Sudamérica, el Imam Mahmud Husain y este servidor, Charbel Merhi, obispo de los Maronitas en Argentina. Durante esta Misión de Paz, realizada en diciembre de 1996, se visitaron en Madrid, Toledo y Roma los principales Templos de las tres religiones, terminando con un encuentro con su Santidad, el Papa  Juan Pablo II, en la Ciudad del Vaticano.

Fue en esta Misión de Paz donde tuve un contacto íntimo y muy personal con Mahmud Husain, lo que me dio la oportunidad de conocer su alta dignidad moral, humana y religiosa. Me permito recordar tres anécdotas cuyos gratos recuerdos guardo con cariño:

En nuestra estadía en Madrid, frente al hotel donde nos hospedábamos, había un pequeño restaurante, llamado “Don Jamón”, donde fuimos invitados a cenar. El Imam Husain, muy fiel a los preceptos de su religión, se disculpó hábilmente aludiendo motivos de salud y no nos acompañó. El Profesor Szwarc, estuvo con nosotros pero, por razones obvias, pidió una tortilla española. Los demás saboreamos con satisfacción los ricos platos de jamón. Todo esto motivó comentarios que se refieren a las distintas exigencias de las diferentes  religiones y creó  un ambiente de humor sano que nos ayudó mucho a entablar una amistad sólida, basada en el respeto mutuo y los lazos de unión fraternal.

El segundo episodio fue cuando visitamos la Gran Mezquita de Roma. Después de la visita al Templo con el imam Omar, sheij de la Mezquita, y mientras recorríamos los diferentes lugares que conforman el complejo de la entidad religiosa, perdimos de vista al Imam Mahmud. Al procurarlo, lo encontramos sentado en el lugar más sagrado del Templo, con actitud de profunda oración, y al constatar nuestra presencia él se dirigió a nosotros y nos contó con un rostro iluminado que era de su costumbre orar y meditar cuando visita por primera vez una mezquita. Esto indica la fe viva que ardía en el interior de su alma.

La tercera anécdota pasó en el avión al regresar a Buenos Aires. Cuando sirvieron la comida en la aeronave entregaron al Imam Husain un menú de comida especial conforme a las exigencias de la ley islámica, pero dieron al Profesor Szwarc el menú común y no el “casher” que él había pedido. Al reclamar ante los responsables del servicio, se disculparon por la confusión, pero no había manera de conseguir el alimento encomendado. Ante el hecho constatado, los dos hijos de Abraham, el Profesor y el Imam compartieron la única comida que satisface a ambas religiones y así se solucionó el problema y era algo significativo que ilustra la hermosura de la hermandad entre dos pueblos que jamás debieran estar enfrentados como ocurre hoy en día.

Más de una vez tuve con el Imam Mahmud largas conversaciones interesantes sobre la espiritualidad de la religión cristiana y musulmana, procurando destacar los diferentes puntos doctrinales que nos unen y minimizar lo poco que no compartimos pero que jamás debe separarnos. Me sorprendía siempre, al analizar con el Director del Centro de Altos Estudios Islámicos textos de la Biblia y del Corán, su profunda fe en los dos Libros Sagrados. Su sabia interpretación de muchos textos y episodios evangélicos y coránicos contenía una mística profunda común a las dos religiones y señalaba la honda espiritualidad que le caracterizaba. Si estos estudios serios y profundos sobre el verdadero contenido del islam, del cristianismo y el judaísmo pasaran a ser dominio público de las comunidades de las tres religiones monoteístas, ¡cuántos inconvenientes se evitarían y cuanta harmonía se conseguiría en la convivencia entre estas comunidades!

Para finalizar mi testimonio, pido a Dios todopoderoso y misericordioso que guarde al amigo querido, el Imam Mahmud Husain, en salud y felicidad durante largos años, junto a su distinguida familia y que ilumine a todos los que profesan la fe en el Dios uno o trino para seguir los caminos de la unión de los corazones y la unidad de los criterios que conducen a la paz interior, a la comprensión generosa y a la convivencia pacífica .

Buenos Aires, 24 de marzo de 2003.


Testimonio del monje Ramacrishna Swami Aruna Nanda

Para mí conocer al Imam Mahmud Husain fue comprobar las palabras de Sri Ramakrishna, de que todos los senderos conducen al mismo Dios. Solo depende de la intensidad de nuestro anhelo por verlo, Su manifestación. Con el pasar del tiempo, pasé a considerarlo como a un amigo muy especial, que me llevó a conocer un poco del camino del Islam, y a fascinarme con los acercamientos de la línea Sufi. Algunas veces fui a visitarlo a su casa, generalmente después de haber tenido alguna experiencia interior, para mi sorpresa, relacionada con su Profeta, para discutirla con él, y entender un poco mejor su significado. Su profundo conocimiento de las escrituras siempre me impresionó mucho, pues es muy difícil encontrar a una persona que asocie el conocimiento intelectual con el conocimiento del significado místico de las escrituras. En el hinduismo, se considera que se pueden entender las escrituras, solamente después de desarrollar una capacidad intuitiva especial, resultado de las prácticas espirituales. Quizás las anécdotas más importantes para mí, son estas experiencias interiores, que no considero adecuado contar en forma pública. Con el desarrollo de la amistad, que se hizo a través de los encuentros que tuvimos en la parroquia de La Rábida en Buenos Aires, y en varios encuentros interreligiosos donde participamos, él accedió a visitarnos en nuestro Ashrama de Bella Vista, con algunos de sus discípulos. Fue una alegría recibirlo aquí, y pasar un día escuchando junto a nuestro pequeño grupo, charlas espirituales sobre el Islam. Desafortunadamente, él se mudó a otra provincia y desde entonces muy pocas veces pude verlo. Pero su recuerdo está siempre conmigo, como un hermano espiritual muy especial que tuve la bendición de poder conocer y a quien siempre anhelo poder ver nuevamente.

¡Que el Señor nos bendiga e ilumine siempre!


Soy 100% salvadoreño, abracé el Islam gracias a Allah. Para comenzar he de decir que provengo de una familia católica no practicante, muy tibia religiosamente hablando, en mi casa nunca nadie iba a misa, ni se rezaba, ni se hacía la primera comunión, pero éramos católicos. Así que crecí prácticamente sin un sentido espiritual y sin fuertes creencias. Entonces aconteció que conocí el Islam sólo porque Allah así lo quiso, y me es difícil a veces creerlo. Sucedió que en 1986 cursaba el 9º grado de Educación Básica en mi país El Salvador, y en la asignatura de Estudios Sociales, había un área que comprendía el estudio de diferentes culturas del mundo. La profesora repartió los temas que a cada uno de los alumnos le tocaría investigar y exponer. Y Al-Hamdu lil-Lah a mí me correspondió el de la cultura árabe. Cómo era un cipote (muchacho) de 14 años no hice la gran pesquisa bibliográfica que se diga, limitándome a buscar la información en un libro de texto de la materia, que el gobierno editaba en aquel entonces y el cual se utilizaba de manera oficial en todas las escuelas nacionales. Ahí fue donde conocí las palabras “Islam”, “Corán”, y el nombre en castellano con el que los no musulmanes acostumbran a llamar al Profeta (BPDyC),  o sea “Mahoma”. Recuerdo algunas cosas que leí, las cuales constituyen verdaderos yerros, el más fatal era el que decía: “El Corán es el libro sagrado de los musulmanes y termina con la frase ‘No hay más dios que Alá y Mahoma es su profeta’”. Esa frase horadó mi mente, pues los años pasaron y no volví a saber nada del Islam, pero a través del tiempo, de vez en cuando emergía dicha frase desde lo más profundo de  mi pensamiento. Sin embargo, nunca supe nada más sobre el Islam y así me quedé. Empero había sed en mi ser, sentía una necesidad casi de tipo fisiológica por “conocer a Dios”, por lo que comencé un periplo por diferentes grupos de corte religioso-espiritual. Primero quise ser un verdadero católico y empecé a asistir al catecismo, para hacer la primera comunión, porque me dio miedo cuando alguien me dijo que si no la hacía no me iba a poder casar cuando fuese grande. Pero no me hallé en los grupos juveniles católicos. Así que después caí en las redes “astrales” de los gnósticos, asistí durante mucho tiempo para estudiar con ellos, pero al final me harté de lo que me pareció ser “un cóctel de corrientes religioso-filosóficas”, de ese “tuttifruti”. Al tiempo me encontré con unos locos que decían seguir el “camino del guerrero”, basándose en los libros de Castaneda. Otra mezcla de fantasías culturales de los yaquis (indígenas que habitan unas regiones de Oaxaca), y que además tenía un fuerte tinte hippie.  A pesar de que me sentía muy atraído por el cuerpo de creencias de este tipo, al final mi intelecto pudo más y no conseguí seguir engañándome a mí mismo…. “estaba practicando una desfachatez” al mejor estilo hollywoodiano, pero no una religión. Y el Islam no llegaba definitivamente a mi vida, pero la frase que a mis 14 años había aprendido seguía viva y latía más fuerte en mí: “No hay más Dios que Alá y Mahoma es Su Profeta”. A tal punto que se convirtió en un eco fuerte y para 1998 (doce años después) me sentí compelido a buscar El Corán, y hallé la traducción de J. Vernet. Lo primero que hice fue ir hacia el final del libro (sura 114, aleya 6). Necesitaba leer con mis ojos: “No hay más Dios que Alá y Mahoma es Su Profeta”, pero para mi sorpresa el Corán no terminaba con esa frase, tal y cual yo pensaba, porque así lo había aprendido. Poco después llegó el Internet a este rincón del mundo, y en un motor de búsqueda anoté: ISLAM, aparecieron los enlaces y comencé a leer: Me sentía afín a lo que leía. Conocí que mi frase se llamaba Shahada. Me hallé en línea una traducción que me gustó más, era la de Julio Cortés. Le hablaba a mi esposa entusiasmado sobre el Islam. Para febrero del año 2000 encontré una mezquita e hice ahí el 10 de marzo mi Shahada, dos meses después nació nuestro primogénito y lo asentamos con el nombre Ali, ¡Al Hamdu li-lah!. Ya tenemos –Al-Hamdu lil-Lah- un segundo hijo, Amir. Mi esposa aceptó el Islam a principios de este año: Ya somos una familia de 4 musulmanes. ¡Allahu Akbar!!!

Esto es en resumen mi historia. “Allah guía hacia El a quién quiere”. Imagínense, la Shahada se me grabó en el corazón… ¡Al-Hamdu lil-Lah! ¡Resulta extraordinario como Allah dispone las cosas, cómo las cosas que los kafirun hacen, como la Internet, por ejemplo, sirven a la causa de Allah! y es que “Allah es el mejor de los tramadores” Siempre quise estudiar una carrera religiosa, pero en mi país no se puede: NO HAY ISLAM. En el 2000 me dieron una beca para ir 6 años a Egipto, pero no podía dejar a mi hijito y a mi esposa desamparados económicamente, al fin y al cabo a Egipto iba a ir a estudiar y no a trabajar, por tanto no podría mandarles dinero. Entonces preferí encargarme de mis responsabilidades familiares, porque ello es parte también del Din. Hay que buscar el término medio. Al encontrar la UACI (Universidad Autónoma de Ciencias Islámicas, dirigida por el sheij Alí al-Husainí) hice una consulta y, un tiempo después, un discípulo del sheij, con el que mantengo fluida correspondencia, tuvo la amabilidad de responder. Pero todo a su tiempo, paciencia, ¡Allah sabe más!

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Un comentario sobre “Testimonios de creyentes

  • el 28 abril, 2018 a las 1:01 pm
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    Asalamu aleikum
    Soy de mdp y estoy interesado en recibir sus articulos por mail. Desde ya muchas gracias

    Respuesta

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