Testimonios de los discípulos del Sheij Alí Al-Husainí (7)

Cómo adherí al Islam (7)


A los 17 años empecé a leer sobre religiones, caminos espirituales, y me incliné hacia el budismo (no conocía entonces nada acerca del Islam) hasta que, en 1997, en la biblioteca del padre de un amigo, entre varios libros sobre religión que él tenía, encontré un numero de la revista “Sufismo Viviente” y el libro “El camino sufi al desarrollo espiritual” (obra del Sheij Alí Al Husainí publicada bajo el nombre Mahmud Husain). No entendí mucho lo que decía la revista, pero el libro me pareció inobjetable. Como la dirección del Centro de Altos Estudios Islámicos que figuraba en la edición estaba cerca de casa, fui al día siguiente al lugar y me atendió la secretaria del imam: No estaba el Imam así que volví al otro día. Recuerdo que conocí entonces a uno de sus ayudantes que salía del ascensor acomodándose la camisa dentro del pantalón y me cayó bien, me dio la impresión de ser una persona buena, humilde, sin tantas pretensiones como otras personas que había conocido en organizaciones budistas, por ejemplo. Le mencioné de mi lectura de un libro de Idris Shá y él lo descalificó de una manera que me pareció tan correcta, marcando en qué puntos estaba equivocado, que quedé desarmado. Me explicó luego acerca del sufismo y arreglamos una fecha para conocer al Múrshid (C). Me encontré con él en su casa; me preguntó porque había venido, qué había leído, y luego de que yo le relatara mi itinerario espiritual me dijo “Esto no es para Ud., el Islam requiere mucha disciplina, etc…” lo que despertó más interés en mí porque no intentó convencerme de nada, que le daba igual o inclusive mejor que yo no entrara al sufismo por lo que insistí de inmediato; Sidi se río y me dijo: ¡Bueno, vamos a probar!  Le voy a encomendar algo y nos veremos la próxima semana:” Me llevó al patio de su casa, que tenía una fuente de agua y me explicó cómo hacer el Uudú y sus significados como purificación del habla, del pensamiento, de las acciones, de acuerdo a la parte de cuerpo en que se realizaba la ablución, todo lo cual me pareció muy lindo y muy sabio. Me apliqué a ello ni bien llegué a casa, pensaba que eran como pases mágicos, le dije a mi esposa, que en ese entonces no tenía idea de nada: “¡Mirá lo que me enseñaron! y seguí comentándoselo a todo el mundo, a todos los que conocía. Después de una semana de hacer el uudú volví a ver a Sidi y me dijo que íbamos a tener charlas donde podía preguntarle lo que quisiera para aclarar el tema. Tuve cinco o seis charlas con él y llevé desde el principio un cuadernito con 80 preguntas pre-elaboradas hasta que pronto me di cuenta que yo no sabía nada de nada en realidad y que ni siquiera tenía una buena pregunta para hacerle, porque enseguida me había aclarado todo lo que yo me había propuesto consultarlo y más aún… como él se dio cuenta de ello me dijo en la última charla: “¡Bueno Ud. va a adherir al Islam!”

¡Apenas hacía un mes que lo había conocido y tenido seis encuentros con él y me encontraba ante esa situación!  Me dijo: “Tómese un tiempo para pensarlo si quiere, pero si está de acuerdo con lo que le dije ¿Para qué va a perder el tiempo?”  Realmente era así, había pasado un mes y decidí adherir al Islam, e hice la Shahádah en una de las oficinas del Centro de Altos Estudios Islámicos. Inmediatamente después de la Shahádah y mi primera oración Sidi me dijo, sin darle mayor trascendencia, que después me iba a comentar algunas cosas, como por ejemplo: “Estamos por emigrar al Sur, se acerca la Restauración, ya se lo voy a explicar” ¡Todavía no había aprendido a hacer la salah u oración y ya tenía esas cosas en la cabeza!

A las semanas de dar la Shahádah, Al Hámdu lil-Láh, soñé con el Mensajero de Allah (BPDyC) en un sueño tan claro y nítido como nunca antes había tenido. El sueño confirmaba la categoría del Múrshid (C) y lo bueno que era estar bajo su autoridad. Luego, la interpretación que Sidi Múrshid hizo de los aspectos simbólicos del sueño, me permitió ver su gran conocimiento del alma humana. Con el tiempo, Sidi Múrshid (C) me inició en la Jáluah y la visión, y pude tener experiencia real de su categoría ante el Profeta (BPDyC), el Imam Alí (B.P.) e Isa Ibn Mariam (BP).


Conocí al Múrshid (C) y al Islam cuando empecé a concurrir a la yamá’ah (año 1986). Fue por intermedio de mis compañeros del Conservatorio de Música. Al principio me parecía un lugar un poco “raro” pero me sentía muy a gusto. Especialmente cuando comencé a concurrir a las Jútbas, me dio una sensación de alivio ver que finalmente (a los 18 años) estaba aprendiendo cosas que nunca me habían enseñado, pero que siempre había anhelado conocer. Hice la Shahádah aproximadamente un año después. Se acercaba el mes de Ramadán, tenía intención de ayunar, y Sidi Múrshid había dicho que no era válido el ayuno si uno no era musulmán. Así que me animé a dar el testimonio. Al hacerlo, el Múrshid me puso el nombre por inspiración, sin consultar el Sagrado Corán: -Ud. se va a llamar así ¿Le gusta? – dijo, y me miró con amor, como si me hubiera dado el mejor tesoro del mundo. En mi ignorancia, no me pareció tan lindo, porque lo relacioné con un tipo de caballos, pero él parecía tan contento que asentí. Con el tiempo fui conociendo cuan bello era este nombre, al Hámdu lil-Láh, que significa “adorno del padre”, y el ejemplo extraordinario de palabra y acción de una hija de Alí, al acompañar a su hermano Al-Husein (P) en Karbalá, y al defender  al Imam Alí Záin Al-Abidín (P).

Gracias al Múrshid (C) conocí el Din del Islam, conocí al Profeta Muhammad (BPDyC), a través de su Súnnah y su enseñanza, pude tener sueños veraces y experiencias extraordinarias en la Jáluah. El Profeta (BPDyC) nos ha dicho “Os he dado a alguien que es como mi mismo”, refiriéndose al Múrshid, y esta es una dación extraordinaria de Allah Ta’ála que no debemos dejar de agradecer ni por un instante.

Desde que escuché los mensajes provenientes de las jáluas de dos miembros de la Yamá‘ah sobre la emigración anhelé en mi corazón concretarla. Al tiempo Sidi Múrshid (C) luego de conocer el lugar de la Madina determinó para nosotros asentarnos en una ciudad cercana: San Martín de los Andes. Con la certeza total de que iría a vivir a ese lugar que no conocía averigüé en la Casa de la Provincia de Neuquén cuáles eran las escuelas que había en San Martín de los Andes, con el propósito de buscar trabajo. Cuando Sidi Múrshid se disponía a venir a San Martín de los Andes con otros cuatro miembros de la yamá’ah a averiguar sobre viviendas y trabajo, le pedí una fuqará que preguntara qué alternativas laborales podría haber para mí. Sidi Múrshid (C) escuchó la conversación y me dijo: “Usted va a ser la primera en ir para allá”.

Y así fue, participé de ese viaje en abril de 1996, conseguí trabajo enseguida, Al Hámdu lil-Láh y un mes más tarde estaba instalada en el lugar al cual Allah me ordenó emigrar.


Viviendo en Tandil, en 1986, recibí un folleto que anunciaba unas jornadas sobre Sufismo e Islam, si bien había leído acerca del sufismo había sido como algo desasociado al Islam, por lo que me llamó la atención. En esas tres jornadas en la Universidad Nacional del Centro conocí a Sidi Múrshid. Cuando terminó el ciclo me acerqué directamente a él, lo invité a mi casa a tomar un café, y aceptó. Fue una reunión muy agradable, muy linda, y presencié por primera vez una salat. La claridad de exposición de Sidi Múrshid me allanó el camino para las cosas que habrían de sobrevenir. Vi en él una categoría espiritual que no había visto en ninguna otra persona, cada palabra de él reflejaba sabiduría y categoría espiritual lo que no ocurre con otros que hacen gala de mera erudición.

Cada vez que viajaba a Buenos Aires para quedarme dos o tres días, me acercaba a Rojas. Al poco tiempo adherí al Islam. Recuerdo que mi padre tuvo entonces una reacción típica del medioevo, como que quería salir a combatir a los musulmanes, pero con el correr del tiempo comprendió que el Islam no era lo que él pensaba, y vio que uno sigue una vida normal y mejor aún.

Mientras viví en Tandil mis encuentros con Sidi Múrshid fueron esporádicos. En cada viaje trataba de llevarme material de lectura, libros recientemente editados, etc., hasta que vino la época de la emigración. Hice algunos intentos fallidos para radicarme en San Martín de los Andes pero a partir de la invitación de un amigo me trasladé algo más cerca, a El Bolsón, escala previa a mi instalación definitiva en San Martín de los Andes.


Mi acercamiento al Islam fue por medio de mi actual esposo quien desde setiembre de 2001 me fue transmitiendo lo que sabía. Él me había hablado bastante acerca de Sidi Múrshid, por lo que esperaba ansiosamente conocerlo. Al segundo día de instalarme en San Martín de los Andes me lo presentó. Cuando lo conocí me pareció un hombre muy formal, respetuoso y serio. Comencé a asistir a partir de entonces a las reuniones de la Yamá‘ah sin haber adherido todavía al Islam, hasta que tuve un sueño extraordinario que me hizo dar cuenta de lo maravilloso que era, y que no podía dejar de ser musulmana. En ese sueño apareció Al-Jadr (BP) y alrededor de él estaba toda la Yamá‘ah. Fue como un calor intenso que entró en mi pecho al verlo a él (BP) y a Musa (BP) e Isa (BP) entrando por la puerta del Jardín donde ocurría toda la secuencia. En el sueño se encontraba también mi esposo diciéndome que no me asustara, que todo era maravilloso, y no paraba de decir “Al Hámdu lil-Láh”.

Al otro día inmediatamente se lo conté a Sidi Múrshid, para poder dar la Shahádah. Recuerdo que al dar mi testimonio estaba muy emocionada y lloré un montón

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