Ayuno del mes de Ramadan (meta, rol e importancia)

Ramadan Mubarak Allah

El objetivo del mes de Ramadán, desde su comienzo hasta su fin, es el alma humana, punto de disyunción entre nosotros y las cosas. Ella es como una cortina o velo que existe entre nosotros y el mundo, a través de la cual percibimos todas las cosas, recibimos todas las experiencias y vivencias. De ella parten todos nuestros viajes en la vida, se inician todas nuestras vivencias, lugar de toda nuestra existencia. El ejemplo del alma es como el de la tierra, es necesario que sea fértil y productiva para que dé frutos, no árida y estéril.
El alma requiere educación, necesita tener una matriz sobre la cual volcarse y tomar una forma armoniosa. Es como una masa de energía que no tiene una forma definida, y exige conseguirla, porque hay peligro de que tome cualquiera de las formas negativas, entrando así en un tirabuzón que la lleva hacia su propia destrucción.

¿Cuál es la meta?

El proyecto del alma en la vida puede realizarse tanto hacia el conocimiento y el bien, como hacia el abandono y la ignorancia. La persona a través de su pensamiento y acción puede alcanzar una vida equilibrada, cultivar el bien y el conocimiento, o por el contrario el mal y la ignorancia, que producen un desequilibrio interior y atraen las desgracias del mundo.
En la naturaleza los árboles atraen la lluvia, y donde no hay árboles no llueve, la tierra se torna estéril, y se transforma en desierto. Sucede así con el alma, el buen proceder, la lucha contra las tendencias malignas, etc., son como un bosque que atrae la lluvia de la Bendición y la Misericordia, como nos enseña el Sagrado Corán. Y así como existe el alma a la que Allah ilumina con Su Luz, así también existe el alma olvidada de Allah, en medio del desequilibrio y del error, que capta hacia sí la inclemencia del tiempo, la desgracia y su propia destrucción.
El Islam es un milagro de ingeniería o arquitectura del alma humana, enseña al hombre cómo construirla, cómo transformar la fiera en un animal doméstico, el enemigo en un aliado. Las normas del Islam disponen para los aspectos malignos del alma, para su obscenidad y violencia, ira y egoísmo, una reparación, como quien se encuentra con un edificio ruinoso y tiene a mano materiales para repararlo. Esa construcción consiste en alcanzar el Imán, la Fe, una meta que le dará fuerza a nuestro corazón y nos permitirá conocer a Allah, Suprema Realidad, con los ojos del corazón, como dice la tradición. Alcanzaremos así el conocimiento supremo, y el conocimiento de uno mismo.

El rol del ayuno

Uno de los métodos del Din para acrecentar esa fuerza de la fe en nuestro corazón es el ayuno. Durante el mes de Ramadán según el Profeta (BPDyC) somos “huéspedes de Allah”. El ayuno constituye antes que nada una devoción secreta e intima. No es como la oración que puede ser personal o colectiva. El ayuno es solamente personal e íntimo, en él conocemos de verdad nuestro vínculo particular con Alláh, el de cada uno. La intensidad de la fe, su grado, su pureza, su perfección, es un secreto que nadie conoce excepto Allah Exaltado. Y el ayuno permite acrecentar esa fuerza interior del corazón, de la fe, y es por eso el acto más secreto y más íntimo de nuestro ser.
Es una devoción sincera. Nadie nunca podrá decir que está ayunando hipócritamente, porque sería como encender una llama, poner el dedo encima, y decir “esto lo hago en broma”. En realidad, la autenticidad es obligatoria en el ayuno, el acto mismo debe ser sincero, íntimo, secreto, pues no hay nada aparte de la abstención para el ayuno mismo, aunque lo acompañen ciertas otras devociones. Pero la abstención constituye una omisión no una acción, y por eso en el ayuno nada exterior permite caer en la hipocresía.
El ayuno es el ámbito de la intención. Cuanto más firme ella sea, más pura y sincera, más perfecto será el ayuno. La intención es el centro del ser, la Presencia divina. La recompensa del ayuno sólo es del conocimiento de Allah, por lo que dice el hadíz: “Todas las obras de los hijos de Adán son en su beneficio, y le son recompensadas por diez, excepto el ayuno, que Me pertenece y Yo me rearzo con él”. Mientras el resto de las obras son recompensadas diez veces (o en otra versión setenta, o setecientas veces), del ayuno no se menciona ninguna cantidad de la recompensa. Esto constituye un signo de Ia infinitud de la recompensa divina. No promete nada al hombre, es como si Allah dijera: “Yo, durante el ayuno tomo tu alma y la sumerjo en el mar de Mi Misericordia, de Mi Sabiduría, y allí obtendrás todo lo que puedas alcanzar. No te prometo diez, ni veinte, ni setenta, ¡toma todo lo que puedas!”. El hombre es en ese momento como una copa que se está llenando, El que se la sirve no le ha prometido ninguna recompensa determinada, le ha dicho: “¡Sumerge la copa en la bebida de la fe y toma todo lo que quieras, sumérgela tantas veces como quieras!”.
En su transcurso hay un sacrificio, empeño o combate, y a través de eso alcanzamos nuestra esencia, el centro de nuestro ser, obtenemos el contacto con nuestro verdadero ser, el acercamiento a Allah Exaltado, gracias a nuestra purificación y al aumento de las cualidades nobles de nuestra alma.
En el ayuno se hace presente el Tauhíd, la Unidad de Allah. Gracias a él, sin darnos cuenta, y durante el transcurso de las horas del día, estamos en continua devoción, cumpliendo un acto puro, al cual no se le puede atribuir ninguna intención secundaria más que la Unidad de Allah. Exaltamos Su Unidad y Su Realidad fuera de toda asociación. Dijo el Profeta (BPDyC): “El ayunante está en continua devoción aun estando dormido”.

Su importancia para el combate espiritual

Por último, el ayuno es el campo de batalla del Yihad Al-Ákbar, el gran combate, llamado también Yihad an-nafs, del alma. Con el ayuno llegamos al centro del campo de batalla. a la lucha más plena contra nuestros instintos y nuestro ser inferior. Dijo el Profeta (BPDyC): “Por cierto que en Ramadán Allah ordena a los nobles escribas que registren las buenas acciones para la comunidad de Muhammad”. Es como si las buenas acciones aumentaran, acrecentaran, y los nobles escribas tuvieran tiempo de escribirlas sólo a ellas, no a las malas. Y como dice el Profeta (BPDyC): “Las buenas acciones borran las malas”. También el Sagrado Corán dice: “Al-hasanát (las buenas acciones o las bondades) eliminan al-saii’át (las malas acciones o las maldades)”.
Existe una tradición sobre la creación del ‘Áql (intelecto), y del nafs (alma, ego) que dice: “Allah creó al Intelecto y le ordenó: ‘¡Ven hacia Mí!, y le ordenó: ‘¡Aléjate!’ Luego expresó: ‘¡Nunca he creado una criatura más bella que tú!. Le preguntó Allah: ‘¿Quién eres tú y quién soy Yo?’. El ‘Áql le respondió: ‘Tú eres mi Señor y yo soy tu siervo débil’ Luego creó al alma (nafs) y le ordenó: ‘¡Ven hacia Mí!’, y luego ‘¡aléjate!’, y le preguntó: ‘¿Quién soy Yo y quién eres tú?’ Respondió el alma: ‘Tú eres Tú y yo soy yo’. Por esta respuesta Allah Ta’ála la castigó durante cien ciclos en el fuego del Ardentísimo, y luego la extrajo de allí y le preguntó: ‘¿Quién eres tú y quién soy Yo?’, y le respondió: ‘Tú eres Tú y yo soy yo’. Por esto Allah la castigó con el castigo del hambre durante cien ciclos. Luego la extrajo y le preguntó: ‘¿Quién eres tú y quién soy Yo?’ y entonces reconoció que ella era sierva del Señor. Por eso Allah, exaltado sea, hizo obligatorio el ayuno”.

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