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Conversaciones con el Sheij Alí Al Husainí (9)

– En su libro “Agujeros Negros y Pequeños Universos” Stephen Hawking afirmó lo siguiente:

“Los artículos científicos de este volumen fueron escritos conforme a la idea de que el universo se halla gobernado por un orden que ahora podemos percibir parcialmente y que quizá comprenderemos por entero en un futuro no demasiado lejano. Tal vez esta esperanza sea simplemente un espejismo, y que no exista una teoría definitiva o que, de haberla, no seamos capaces de descubrirla. Pero pugnar por conseguirla es, con seguridad, mejor que desesperar de la capacidad de la mente humana.”

Resulta curioso cómo algunos astrofísicos que se declaran ateos pueden afirmar sin pestañear que “el universo se halla gobernado por un orden”, lo cual implica admitir que “algo” o “alguien” ordenó y/o gobierna el universo.

Friedrich Nietzsche lanzó una frase certera “El ateísmo es una comida que muy pocos pueden digerir” en otras palabras, no reconociendo la existencia de un principio Superior el individuo no tendría nada en que apoyarse. El ser humano necesita, por su propia limitación, fundarse en una creencia, un principio (lo que representa un dogmatismo saludable) y no digo que el ser humano inventó la religión, hay algo preexistente a él que solamente podemos captar por intuición. Stephen Hawking no niega a Dios absolutamente, pero muestra en lo que dice su falta de certeza al respecto, haciendo honor al principio de incertidumbre de Heisenberg:

“Se acepta generalmente que el universo evoluciona según leyes bien definidas, leyes que pueden haber sido dispuestas por Dios, aunque parece que Él no interviene en el universo para quebrantar las leyes. Sin embargo, hasta fecha reciente, se consideraba que tales leyes no se aplicaban al comienzo del universo. Habría correspondido a Dios dar cuerda al reloj y empujar al universo por cualquier camino que deseara. El estado presente del universo seria así el resultado de la elección por parte de Dios de las condiciones iniciales.”

Ud. nos ha enseñado que toda la creación se mantiene gracias al “Sea” divino, que donde haya existencia resuena el “Sea” universal que existe en todas las cosas, lo que destruye la teoría nietszcheana de que “Dios ha muerto” o la opinión de Hawking de que Dios se ha desentendido del destino de Su Creación.

– El Actuar divino es lo más enigmático que existe, pero Allah ha dispuesto todas las cosas armónicamente y a medida, tanto en el plano espacio-temporal como en el más allá. No estoy de acuerdo con lo que presupone Hawking; Allah, Poderoso y Majestuoso, tiene Poder para cambiar esas leyes tanto en este mundo como en el otro. Allah no actúa por la ley de la causa y de los efectos, ni de la acción y la reacción, el Actuar divino es totalmente secreto, indescriptible, inefable, indescifrable. Dice el Sagrado Corán: Su Mandato cuando desea algo es sólo decir “¡Sea!” y es (36:82) Cualquier cosa, sin excepción, es establecida por Allah Exaltado a través del Sea divino. Y dice: Nuestro Mandato es algo meramente único, como la intuición de la mirada (54:50) Es algo meramente único, no tiene partes ni desarrollos, ni necesita un antecedente, es como la intuición de la mirada, el que mira ve sin mediación alguna. Tal es el momento inicial en que se manifiestan las cosas, y después éstas se reproducen por causalidad, por mediación, y no en la forma espontánea y directa que determina el Sea divino.

El Querer divino es lo que Él, exaltado sea, predetermina para la Creación. La Voluntad divina es la concreción de Su Querer, cuando lo que Él quiso se cumple. Esto está señalado en el Sagrado Corán por los verbos “querer” (shá’a) y “consumar” (aráda, que también significa “desear concretar lo querido”), siendo el Querer divino (Al-Mashí`ah) la perpetua presencia en Su Conocimiento de aquello que Él crea, y siendo la Voluntad creadora (Al-Irádah) el cumplimiento o consumación de lo que Él quiso. Esta Voluntad es mencionada como Kun, “Sea”, por el Sagrado Corán: ¡Glorificado sea! Cuando decide un asunto por cierto que solo dice: “¡Sea (Kun) !” y es (19:35)

A esta Voluntad divina o Irádah está sujeta la voluntad humana, quiéralo o no. Si el hombre reconoce la prioridad divina en el Querer, y luego se ajusta a la Voluntad divina en el obrar, entonces alcanza la Complacencia divina, que es el Amor de Allah, actúa como si Allah actuara, y sería el califa de Allah sobre la tierra, como dice el Sagrado Corán (2:30) Esto no contradice la libertad humana sino que la confirma. Mu’ádh Ibn Yábal relató que un hombre dijo ante el Profeta (BPDyC): “Lo que Allah quiere y yo quiera… ”. Replicó el Profeta (BPDyC): “¿Es que atribuyes sustitutos a Allah? Di [más bien]: ‘Lo que Allah quiere, Él sólo’” (Id.) Y al respecto también recomendó: “Que ninguno de vosotros diga nunca: ‘Lo que Allah quiso y quiso fulano’, sino que únicamente diga: ‘Lo que Allah quiere, y luego quiso fulano’” (MIK, I, p. 39)

-Perdone mi insistencia, habíamos hablado anteriormente acerca de la predestinación espiritual, pero Ud. alude ahora al actuar humano en general ¿podría por favor extenderse al respecto?

-Un acto tiene un resultado, que puede ser el éxito, el fracaso, o puede ser un resultado neutro. Además, el que actúa tiene regularmente cierta creencia acerca de la predestinación o predeterminación, es decir del resultado del acto, y dicha creencia puede ser: a) O bien el fatalismo, creer que todo está predeterminado puntualmente, y que cualquiera sea la acción que emprendamos, no interesará nuestro esfuerzo, sino que ya está previsto el resultado por una fuerza oculta. O bien: b) Puede creerse en el libre albedrío absoluto, que nada está nunca predeterminado, que podemos hacer lo que queremos, pues el resultado depende completamente de nuestra voluntad. Estas son dos posiciones extremas. La posición media es la justa, que dice: c) Que hay algo predeterminado, por ejemplo, nuestro cuerpo lo está, y que hay otra cosa por elaborar nosotros, y que de la conjunción de ambas surge el éxito o el fracaso.

Allah determina los asuntos y los puede cambiar, pues Él no está obligado por nada de lo que determinó. Como le dije antes, puede cambiar las leyes del cosmos, y así cómo determinó el éxito y el fracaso de nuestro destino, lo puede cambiar, porque si Él no pudiera hacerlo, nosotros no tendríamos libertad. Pero Él no cambia caprichosamente las cosas, sino gracias a nuestro esfuerzo, a nuestra intención y voluntad, a nuestra actuación, porque nos dio libertad.

Este asunto de la predestinación o predeterminación, llamada al-qádar, fue muy debatido en el Islam desde el principio. Hubo un sector al que se llamaba “qadaríah”, a los que el Profeta (BPDyC) mencionó como “los mazdeos de esa comunidad” El mazdeísmo o zoroastrismo fue la religión antigua de Irán (todavía quedan restos de esta religión en la India), que concebía un dualismo o contradicción total entre dos principios, el bien y el mal. Representaban al principio del bien como el dios de la luz y del fuego, llamándolo Ahura Mazda, y al principio del mal como el dios de la oscuridad, Ahriman. En cuanto a los hombres, sostuvieron que todos sus actos estaban predeterminados fatalmente, tal es el fatalismo.

Los qadaritas del Islam sostuvieron la idea del libre albedrío absoluto. Esta concepción era en realidad propia de la escuela de los racionalistas islámicos, o mu`tazilitas, que afirmaron la libertad completa de elección por parte del hombre, que Allah no determina ningún acto humano. Otra versión dice lo contrario, que los qadaritas sostuvieron un fatalismo total, que corresponde a Allah solamente determinar todos los actos puntualmente, sin intervención humana.

¿Cuál es la respuesta de los Imames (P) a esta cuestión? ¿Hay libertad absoluta por parte del hombre?: No. ¿Hay una predestinación total, y todos los actos humanos están marcados por Allah desde la eternidad?: No. Ninguna de ambas ideas es correcta. La doctrina del Sagrado Corán es que Allah determinó universalmente todas las cosas, y que la concreción de los actos humanos atañe a la voluntad del hombre. Por ejemplo, Allah determinó las condiciones de nuestra existencia: Somos seres racionales con determinada contextura física, en una época de la historia, con determinado límite de existencia, estamos rodeados de seres humanos y de objetos naturales, etc., todo lo cual no depende de nuestra voluntad. Otras cosas sí dependen de ella, y es gracias a ello que estamos sometidos a la prueba de este mundo, pues de lo contrario no podríamos elegir, ni acertar, ni fracasar.

Esta es la doctrina del Sagrado Corán, del Profeta (BPDyC) y de los Imames de su inmaculada Descendencia (P), doctrina llamada “la posición entre ambas posiciones extremas”, a saber, la fatalista, como uno de los extremos, y la del libre albedrío absoluto, el otro extremo. Nosotros nos separamos de ambas, y sostenemos el libre albedrío limitado, y la predestinación variable por parte de Allah.

-Hawking sostuvo que Einstein, anclado en su teoría de la relatividad general, se sintió incómodo con la mecánica cuántica; dice en su libro: “El principio de indeterminación de Heisenberg demostró que no es posible medir exactamente el estado de un sistema, así que no se puede predecir con precisión lo que éste hará en el futuro. Todo lo que cabe hacer es predecir las probabilidades de diferentes resultados. Era este elemento de azar o aleatoriedad lo que tanto inquietaba a Einstein. Se negó a admitir que las leyes físicas no pudieran formular una predicción tajante y definida de lo que sucedería.” Mucha gente en occidente, debido a la cultura materialista de los últimos siglos, piensa que todo se formó al azar, por casualidad, y marcha hacia la disolución total sin trascendencia alguna…

-Las evidencias de la Creación, la riqueza y complejidad que muestra, su exuberancia y perfección, su belleza y delicadeza, la armonía y cohesión de sus componentes, y como contrapartida, la oposición entre estos mismos componentes, todo lo que la naturaleza nos enseña de sí misma, en la tierra y en el mar, en el aire y en el agua, no es posible que sea producido ni reproducido tal cual por nadie que no fuera un Principio supremo y absoluto, Allah Exaltado. El azar por su misma definición no produce orden sino desorden, ya que no responde a normas regulares. Y si respondiera a ellas no sería ya azar sino propósito premeditado, proyecto, porque las normas son anteriores a la concreción de cualquier cosa que exista, y la aparición de normas tiende a un fin predeterminado, no al azar.  La ciencia y la filosofía sostienen ideas distintas acerca del “azar”, concepto con el que se caracteriza un fenómeno del que no se puede explicar su causa y su finalidad, mostrándose en forma desordenada. La ciencia reconoce tres conceptos, el azar accidental, cuando coinciden “por azar” dos o más fenómenos, cada uno de los cuales tiene una causa reconocible, pero no la tiene el conjunto de todos, como por ejemplo la caída de un rayo que quema un bosque. Segundo, el azar como la consecuencia que puede producirse en el desarrollo de un proceso sujeto a normas reconocidas (causas reiteradas y ya conocidas), proceso del que emerge un hecho no previsto e impredecible, como puede suceder en la investigación química de una sustancia, gracias a lo cual se descubre otra cosa no prevista. Por último, la ciencia concibe en matemáticas un concepto de azar muy especializado llamado “aleatoriedad”. Por su parte la filosofía concibe el azar, según Aristóteles, como la ausencia de una causa eficiente definida, cuando se producen hechos por excepción, ni regulares, ni frecuentes. En la actualidad “azar” se interpreta como “probabilidad”.

Algunos dicen que todo empezó por azar, otros que, por una explosión inexplicable, no apelando ya al azar sino directamente al sin sentido, pues no explican por qué sucedió esa explosión. El azar es rechazable porque se relaciona con el juego, y los que opinan así creen que las leyes del universo son tan simples como las leyes de un juego, aunque este sea tan difícil como el ajedrez. Ello es ridículo, porque las del orden cósmico no son simples leyes. Pero además deberían justificar cómo se derivan de las leyes superiores todo el resto de normas de orden inferior, de un universo muy complejo, lo cual no pueden justificar. Cuando vemos un pajarillo haciendo su nido, en un tronco de árbol, a treinta centímetros de profundidad, para poner los huevos de su cría, y cómo les da de comer allí dentro, y los protege; cómo sabe tomarse del tronco para no caer, y regurgita lo que ya comió y se lo pone en el pico de sus crías, que en 20 días, o quizás 15, crecen increíblemente, contemplamos allí un extraordinario ordenamiento de la existencia. No se trata de un juego de ajedrez, sino que de leyes generales simples se deriva un complicado orden de numerosísimas normas particulares, enlazadas entre sí, armónicamente dispuestas, maravillosamente organizadas, que funcionan conjuntamente sin contraponerse.

Podemos sostener que hubo necesariamente en la creación un desarrollo temporal del surgimiento de todas las cosas, inclusive hasta del intelecto. En segundo lugar, que dicho desarrollo fue desde lo más simple hasta lo más complejo. Tercero, que es imposible concebir lo contrario, un escalonamiento de lo más complejo a lo más simple, lo cual confirma la graduación necesaria de todo lo que existe. Cuarto, que el movimiento y el cambio es lo que predomina en la Creación, en forma gradual y sistemática, siendo imposible el caos o el azar como origen del desarrollo. Por principio, el desarrollo gradual y sistemático de un orden cualquiera rechaza el azar y el caos como antecedentes. Por último, el intelecto es la cúspide del desarrollo en nuestro plano espacio temporal, y se corresponde con la modalidad del desarrollo del plano como un guante con la mano. De esto se deriva que los principios intelectuales, o de la lógica, o del pensar correcto, son réplicas de la organización sistemática de la Creación, no son invención del intelecto mismo, ni éste actúa con independencia completa, sino que se subordina en su surgimiento a aquel orden primigenio, y a partir de él deriva su propio orden, los principios o parámetros de su existencia.

El intelecto no surge de la materialidad que lo rodea, como un órgano físico se desarrolla gracias al medio, ni la vida intelectual es autónoma por completo, sino que se liga al medio de una forma particular, a saber, a la vez lo automanifiesta o proyecta, y lo justifica o testimonia, es decir, lo origina y es parte necesaria de él al mismo tiempo. El producto de la vida intelectual ni es mera reproducción del medio, como si fuera una fotografía o una pintura, ni es una ficción, o fantasmagoría e invento que el intelecto crea. El producto del intelecto es el conocimiento, que procede de la automanifestación del intelecto mismo. El conocimiento no es, pues, una simple construcción humana, ni un remanente o residuo de las experiencias del ser humano, sino la intuición del significado subyacente en la conciencia, el que surge con ella antes de la vida intelectual plena y de las experiencias sensibles. Es lo que expresa el Sagrado Corán cuando dice: Y enseñó a Adán los nombres todos (2:31) Esto es así hasta el punto de que la misma Revelación no es más que conocimiento inspirado al corazón de un Profeta (P): Di [Profeta]: “El que sea enemigo de Gabriel [que sepa] que éste por cierto lo reveló [al Sagrado Corán] a tu corazón, con la anuencia [orden] de Allah, como confirmación de lo que le precedió [entre los libros sagrados], y como Guía y Buena Nueva para los creyentes” (2:97) Y Allah te reveló el Libro [el Sagrado Corán] y la Sabiduría, y te enseñó lo que tú ignorabas por completo (4:113) Y dice de Jesús (P): Y por cuanto te enseñé la Escritura, la Sabiduría, la Torá, y el Evangelio (5:110) Y José (P) exclama: ¡Señor mío!: ¡Ya me has agraciado con el poder y me enseñaste de la oniromancia! (12:101) Lo mismo el resto de los Profetas (P): Y sin duda que concedimos a David y a Salomón un conocimiento [especial de ellos]: “¡La Alabanza y las gracias sean con Allah, Quien nos distinguió por sobre muchos de Sus siervos creyentes [los Profetas]!”. Y Salomón sucedió a David, y proclamó: “¡Gentes! Nos fue enseñado el idioma de los pájaros, y se nos dio todo tipo de cosas. Por cierto que esta es la gracia manifiesta” (27:15-16) Y sobre Moisés y Al-Jadr (P): Y ambos [Josué y Moisés] encontraron a uno de Nuestros siervos [Al-Jadr] a quien dimos una Misericordia de Nuestra parte, y le enseñamos un conocimiento de lo Nuestro. Moisés le pidió: “¿Tal vez puedo seguirte para que me enseñes lo que te fue enseñado de rectitud?” (18:65-66) Y por fin respecto de todos los hombres dice el Libro: El Más Misericordioso enseñó la recitación. Creó al hombre, le enseñó la demostración [la exposición o argumentación] (55:1-4) ¡Obedeced [con temor] a Allah, para que Allah os enseñe! Allah es Conocedor de todas las cosas (2:282)

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