Hálik Eliminador, El que extingue *Mumit El que da muerte *Qábid Recobrador, Restringidor

La palabra Hálik se refiere al agotamiento de un proceso o un ciclo de algo, en el mismo sentido que el Sagrado Corán expresa: Todo lo que hay en ella [la existencia] perecerá, y sólo perdurará el Rostro de tu Señor poseedor de la Majestad y la Nobleza (55:26-27). Todas las cosas en la creación tienen comienzo y fin, y el Sagrado Corán reitera que todo vuelve al Principio: Él gobierna el Mandato desde el cielo a la tierra, luego aquel asciende hacia Él en un Día cuya dimensión es de mil años de los que vosotros computáis (32:5) Y no hay ninguna cosa de la cual no tengamos sus fuentes, y no manifestamos nada sino en una medida determinada (…) Por cierto que Nosotros damos la vida y damos la muerte, y Nosotros somos los Herederos [de todas las cosas] (15:21,23)

El nombre Hálik no solo refiere al deceso de los seres con vida biológica, sino también a todo ente existente en cualquiera de los planos, como lo indica el versículo ya citado “y sólo perdurará el Rostro de tu Señor”. Lo que existe efectivamente son el movimiento y el cambio, que originan todas las cosas, las desarrollan y las hacen desaparecer. Para los seres humanos prevalecen el tiempo y el espacio, que son abstracciones sin ninguna realidad concreta, como la experiencia que vivimos en el cine de un espacio y de un tiempo completamente ilusorios. En general, las categorías racionales con las que ordenamos nuestra experiencia en el mundo, son meras ficciones que nos permiten comprender. En cambio, lo real es el Acontecer. Dice una tradición transmitida por el Profeta (BPD): “¡No injuréis al Acontecer, porque el Acontecer es Allah!”.

Todas las cosas están sometidas a Allah, las no-conscientes, de la naturaleza, a través de las leyes que Él impuso en la creación, y los humanos están sometidos por la indigencia, la declinación y la muerte. Y cuando ellos caen en el abandono y la impiedad, merecen el rechazo por parte de Allah, siendo compulsivamente sometidos finalmente a la condena divina.

El Nombre Mumít significa “el que da muerte”, y el Sagrado Corán lo cita más frecuentemente referido a los seres biológicos, como el hombre, los animales, los vegetales, etc. ¿Cómo podéis rechazar a Allah cuando erais inexistentes, y Él os dio vida, luego os dará muerte, luego os revivirá, y a Él seréis retornados? (2:28). No le es dado morir a ningún alma sin el consentimiento de Allah, es un mandato prefijado Y al que desee el logro del mundo le daremos de este, pero al que desee el logro del más allá le daremos de él, y sólo recompensaremos a los agradecidos (3:145.) Esto explica que la muerte no sea un acto azaroso, irregular, sino que está integrado a las leyes universales de la existencia, y no solamente afecta a la vida biológica sino a todas las cosas creadas. El ser humano tiene una particular experiencia de la muerte de la que no participan todas las cosas, porque espera una existencia post mortem a la que se vincula un juicio previo.

Entre la muerte de este mundo y la vida del más allá conocemos por tradición que existe un estado intermedio al que se llama simbólicamente Al-Bárzaj, “el Istmo” (lonja de tierra entre dos mares), o bien la “Barrera”, que algunos ponen en duda porque no es algo descripto explícitamente por el Sagrado Corán. El Libro dice: Cuando, al fin, viene la muerte a uno de ellos [de los que son impíos], suplica: “¡Señor! ¡Haz que me devuelvan [al mundo] quizás así pueda hacer el bien que omití!” ¡No! Es una mera palabra por él dicha. Pero detrás de ellos [de los que mueren] hay una barrera [Bárzaj] hasta el Día que sean resucitados (23:99-100

            La muerte puede considerarse positiva o negativamente. Los que son creyentes la conciben positivamente, los débiles de fe la consideran negativa, o como un castigo. La diferencia entre ambos es cómo conciben lo que pasa después de la muerte, y es que algunos suponen que no hay nada, y por el contrario los que tienen fe en el más allá se afirman en la promesa de su Señor, y confirman que la vida no se acaba con la muerte de este mundo. Dice el Sagrado Corán: Bendito sea Quien en Sus Manos tiene el Poder absoluto, siendo Él Omnipotente. Quien creó la muerte y la vida para probaros: Cuál de vosotros es de mejor obrar, siendo Él Poderosísimo [para el castigo], Indulgentísimo (67:1-2)

            En el Islam consideramos la muerte como un cambio de estado, no como un acabamiento definitivo. Pasamos de una dimensión a otra, de unas condiciones del espacio y del tiempo a otras: Cuando, al fin, viene la muerte a uno de ellos [de los que son impíos], suplica: “¡Señor! ¡Haz que me devuelvan [al mundo] quizás así pueda hacer el bien que omití!” ¡No! Es una mera palabra por él dicha. Pero detrás de ellos [de los que mueren] hay una barrera [Bárzaj] hasta el Día que sean resucitados (23:99-100)

Existen dos interpretaciones sobre Al-Bárzaj, una dice que es un espacio o ámbito donde se encuentran los muertos, una especie de mundo separado, donde perduran las almas un tiempo, como lo hicieron en el mundo adámico, hasta el Día de la Resurrección. La otra interpretación sostiene que es sólo una barrera que impide volver a un estado anterior en el mundo adámico, y que en sí misma esa barrera no constituye ningún ámbito sino un límite.

            Además, la recompensa por el bien y el castigo por el mal cometido son dos condiciones del más allá para después de la muerte en este mundo, de la Resurrección y del Juicio: Toda alma gustará de la muerte y solamente se os recompensará el Día de la Resurrección [por lo que habéis hecho] Así pues, el que sea quitado del Fuego y hecho penetrar en el Jardín habrá logrado el triunfo [se habrá salvado], pues la vida mundanal [sus pasiones] no es más que goce ilusorio (3:185) Ciertamente Nosotros daremos vida a los muertos, y registramos lo que hicieron [sus obras] y sus rastros. Todo lo inscribimos en un registro evidente (36:12)

            Y existen categorías diversas de muertos, entre las que se destacan los mártires: Y no digáis de quienes son muertos por la Causa de Allah, “están muertos”, por el contrario están vivos, pero vosotros no lo percibís… (2:154); …están vivos y en lo de su Señor son proveídos, jubilosos de lo que Allah les otorga de Su Gracia (3:169-170) Y los que obedezcan a Allah y al Mensajero [Muhammad], tales estarán junto a quienes Allah agracia de los Profetas, los veracísimos, los testigos [o mártires], y los justos, ¡y qué excelente compañía es la de éstos! (4:69)

            Y por fin, la categoría más elevada del más allá es el Retorno a Allah para contemplar Su Rostro: Solamente se persuaden los que tienen corazón [intelecto], los que cumplen con el pacto de Allah, sin renegar de la alianza, los que mantienen unido aquello que Allah ordenó sea unido, y se humillan a su Señor, y temen un mal juicio [final] Los que son pacientes por anhelo de [contemplar] el Rostro de su Señor, elevan la oración, dan caridad, tanto en secreto como abiertamente de lo que les hemos provisto, y responden con el bien al mal, ¡Estos obtendrán la Morada final! (13:19-22) [Se dirá al creyente]: “¡Tú, alma pacificada!: ¡Retorna a tu Señor complaciente y complacida, e introdúcete entre Mis siervos, y penetra en Mi Jardín!” (89:27-30)

           Estas son en general las creencias de los musulmanes sobre la muerte. Contrapuesta a ella, el cristianismo de Pablo de Tarso, el creador de la doctrina cristiana clásica, concibió a la muerte negativamente, como castigo por el pecado original. Esto además acarreó un concepto negativo de la vida en este mundo. Si bien en el Islam la vida de este mundo no es perfecta constituye sin embargo una prueba, no un castigo, y las obras en ella no son pura vanidad sin sentido, sino que tienen una realidad concreta: Por lo cual su Señor les respondió [diciendo]: “En verdad Yo no desestimo la obra de ningún actuante de entre vosotros, sea varón o mujer. Unos procedéis de los otros [sois de un mismo origen]” (3:195) A quien haga el bien, sea varón o mujer, siendo creyente, le haremos vivir una vida buena, y les satisfaremos su recompensa con algo mejor aún a lo que haya hecho (16:7)

            Por su parte, las tendencias en general del extremo oriente consideran a la vida en este mundo y a la muerte en él como un proceso continuo hasta purificarse de la materia, o de la ilusión. Por el contrario, el Sagrado Corán considera positivamente la vida en este mundo, aunque tenga limitaciones propias de lo perecedero. Las obras de bien son perdurables, no pasajeras: Todo lo que habéis obtenido no es más que el goce de la vida mundanal y sus galas, pero lo que hay en Allah [la recompensa por las buenas obras] es mejor y más perdurable: ¿Acaso no comprenderéis? (28:60) ¿Es que quienes perpetraron las maldades supusieron que los equipararíamos en su vida y en su muerte a los que son creyentes y obran bondades?: ¡Qué pésimo es lo que juzgan! (45:21)

            Las creencias negativas respecto de la muerte son rechazadas por el Islam, el que no concibe a la vida física de este mundo, y a su consiguiente muerte, como malas por sí mismas: …Dicen [los que son impíos]: “No existe sino esta nuestra vida del mundo. Morimos y vivimos, y no nos aniquila más que el tiempo”. Pero no tienen conocimiento alguno de ello: Ellos no hacen más que conjeturar (45:24) Lo negativo son las obras, no las personas, ni las cosas, porque la vida toda es intencional, y si la intención es buena produce obras buena, y el resultado final será el bien, y si la intención es mala el resultado será su equivalente: La riqueza y la descendencia son un adorno de la vida del mundo, pero lo que realmente perdura son las bondades [los actos de bien], mejores ante tu Señor para la recompensa, y mejores como esperanza (18:46)

            Allah no gusta de castigar a Sus siervos, no desea mortificarlos, exaltado sea por sobre todas las iniquidades. Él quiere que ellos gocen de todos los bienes del mundo que hizo para ellos, no por vanidad ni por juego: Por cierto que en la creación de los cielos y de la tierra, y en la progresión de la noche y el día, hay Signos para los de intelecto, quienes recuerdan a Allah [siempre y en toda situación] de pie, o sentados, o acostados, y meditan en la creación de los cielos y de la tierra [diciendo]: “¡Señor nuestro!, no creaste [todo] esto en vano, ¡Glorificado seas [de toda vanidad] y líbranos del castigo del fuego!” (3:190-191)

            Además, nadie alcanza en este mundo la perfección suma, por más que se purifique, y ello fue así determinado por Allah Mismo. Sólo se alcanza la perfección gracias a la Misericordia, no por las meras acciones que las personas por sí mismas generan. Atribuimos la salvación, la recompensa, la perfección, la santidad, y todo bien trascendente a la Misericordia divina, inclusive para los Profetas (P), y no al mero esfuerzo humano, que sin duda debe existir, pero no basta por sí mismo. Es necesario, pero no suficiente. Y para ello basta sólo una vida, no una serie interminable de padeceres, porque Él, exaltado sea, hizo todo para la felicidad y la plenitud del hombre, no para su sufrimiento. Dijo el Profeta (BPDyC): “Esmeraos, obrad el bien, pero sabed que ninguno de vosotros penetrará en el Paraíso [solamente] por sus obras, si es que Allah no lo sumerge en Su Misericordia”. Le preguntaron: “¿Y a ti también Mensajero de Allah?” Respondió: “Y a mí también”.

En cuanto a la muerte que afecta también a los Profetas (P), dice el Sagrado Corán:  Muhámmad no es más que un Mensajero que antes de él han desaparecido los Mensajeros: ¿Es que si él falleciera o fuera muerto os volveríais sobre vuestros pasos? Mas el que se vuelva atrás no perjudicará a Allah en nada, y Allah sólo remunerará a los agradecidos (3:144). Los creyentes siguen la ley de los Profetas en cuanto a la muerte, privilegiándose el martirio por la causa divina. La mayoría de los Profetas fueron perseguidos y martirizados, lo mismo que los Imames de la Descendencia del Profeta (BP): ¿Cuántos Profetas hubo junto a los cuales combatieron numerosos sapientes y virtuosos que no se amilanaron por lo que padecieron por la Causa de Allah, ni flaquearon ni sucumbieron, pues Allah ama a los perseverantes? Su palabra no fue más que decir: “¡Señor nuestro! ¡Perdona nuestras faltas y nuestras disipaciones respecto de nuestro destino, consolida nuestros pasos y danos la victoria sobre la gente impía!” Por lo cual Allah les concedió el logro del mundo y el superior logro del más allá, ya que Allah ama a los benevolentes. (3:146-148)

Expresó [el Profeta (BPDyC)]: El que muere amando a la Descendencia de Muhámmad muere indultado. ¿Acaso el que muera amando a la Descendencia de Muhámmad no morirá mártir, completo en su fe? ¿Acaso al que muera amando a la Descendencia de Muhámmad el ángel de la muerte no le dará la buena nueva del Paraíso, y luego lo harán Múnkir y Nakír [los dos ángeles del interrogatorio en la tumba]? ¿Acaso al que muera en el amor a la Descendencia de Muhámmad no le será abierta en su tumba dos puertas hacia el Paraíso? ¿Acaso al que muera en el amor a la Descendencia de Muhámmad no hará Allah que su tumba sea lugar de visita de los ángeles de la Misericordia? ¿Acaso el que muera en el amor a la Descendencia de Muhámmad no morirá en la Súnnah y la Yamá`ah [en la práctica del Profeta, y en la comunidad de los fieles]? ¿Y acaso el que muera odiando a la Descendencia de Muhammad, no será traído el Día de la Resurrección con una inscripción entre sus dos ojos que diga ‘desconfió y desesperó de la Misericordia de Allah’? El que muera en el odio a la Descendencia de Muhámmad morirá impío. Y el que muera odiando a la Descendencia de Muhámmad nunca percibirá el aroma del Paraíso” (citado por Mohieddin Ibn Arabi en su obra magistral Engarces de la Sabiduría Fusús Al-Híkam)

© Textos del Sheij Alí Al-Husainí recopilados por Aiman Fradkin y Hasan Gomez, editados por Bashir Gomez

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