Historia de Abdul-Malik

“La Paz sea contigo, mi verdadero nombre es Abdul Malik, pero no fue con ese nombre con el que se me conoció en el mundo. Mi vida transcurrió en una época para ti lejana, y en una tierra con costumbres que te resultarían extrañas. Viví bajo el reinado del faraón, aquel que es sinónimo de opresión e impiedad, y puedo decir, sin jactancia, que mi historia aparece en el Libro Excelentísimo, el Sagrado Corán.
Fui desde joven un buscador de conocimiento. Dejé atrás la casa de mi infancia a temprana edad, y me dediqué a recorrer los caminos en busca de hombres sabios de los que saciar mi curiosidad. En mi época todo conocimiento pasaba por la magia, y prontamente puse en ella todo mi anhelo. Esa búsqueda me llevó a pasar años en convivencia de ancianos maestros, que me enseñaron el arte de las substancias, la ilusión, y el trato con los yinns. Estos eran los tres niveles del conocimiento de la magia: El primero de ellos era el de las substancias, y el aprendiz debía conocer todos los tipos de vegetales, extractos de animales, metales y minerales: Cuales de ellos producían cambios en la percepción, o estados de malestar o de placer, y cómo afectaban al hombre. Luego el arte de la ilusión consistía en el engaño de los sentidos, produciendo falsas visiones, o audiciones, o sensaciones, y también el arte de la hipnosis, que esclavizaba a los hombres. Y el más elevado de los aspectos de la magia era el del trato con los yinns y seres extraordinarios, que muy pocos magos conocían en realidad. Era yo en estas artes uno de los mejores de mi época ¡Cuán equivocado estaba en aplicarme a lo bajo de este mundo y creerme por esto sabio, cuando desconocía la primera de las verdades, que no hay Divino sino Allah! Y cuando ya tenía una posición y un nombre entre mis contemporáneos, que me trataban con honores y distinción, llegaron a mí reclutadores del faraón, que buscaban a los más inteligentes de los magos para desafiar a uno de los descendientes de Israel.
Reunieron a siete de los mejores, entre ellos yo y dos de mis discípulos. Y cuando estuvimos frente al faraón preguntamos: “¿Tendremos sin duda alguna gratificación segura si nosotros fuéramos los vencedores?”, y este respondió: “Sí, y seríais por cierto de mis allegados”. Y entonces nos pusimos a elaborar nuestro acto.
La noche anterior al día acordado, tuve un sueño extraordinario. Me encontraba en un jardín de exquisitas flores, donde reinaba el más agradable de los aromas. Se encontraba allí un hermoso hombre, dueño de aquel jardín, que me saludaba con cariño, deseándome la Paz. Luego el hombre me invitaba a recorrer el jardín en su compañía, y caminábamos por un sendero de rocas que bordeaba un cristalino arroyo. Luego llegábamos a un lugar desde donde se veía una imponente montaña. Y una nube de niebla se dirigía hacia la cima de ella, y el hombre me preguntó: “Cuando la nube choque con la montaña, ¿crees acaso que esta última sea destruida por la nube, o que suceda al revés?”, a lo que respondí “por supuesto que la montaña quedará en pie, y la niebla se deshará a su alrededor.” Y el hombre me contestó “tal es el ejemplo de la Realidad y la ilusión, y Musa (Moisés) es la montaña, y tu magia es la niebla”
Al despertar dejé de lado el sueño, y preparé mis cosas. Llegado el momento de la cita me encontré por primera vez con Musa y su hermano. Nos reunimos los magos y discutimos en secreto los detalles de lo que haríamos, y dijimos entre nosotros “sin duda que él y su hermano son consumados magos que quieren sacar provecho, hoy les enseñaremos una lección”. Y dijimos a Musa: “O bien tú arrojas, o bien seremos nosotros los lanzadores”, y él nos respondió: “¡Arrojad!”. Y unimos todos nuestras artes, y yo dirigí el conjunto, siendo el más experto, y creamos una ilusión, y nuestros lazos y bastones se convirtieron en terroríficas serpientes y seres. Quienes presenciaban huyeron asustados, y hasta el faraón y sus acompañantes temieron, y observé la mirada de Musa y su hermano y noté que ellos también estaban asustados, y que nunca habían presenciado algo así.
Para mis adentros ya estaba festejando lo que consideraba una victoria aplastante, cuando noté que Musa alzaba al cielo su bastón, se detenía y movía su cabeza como si hablara con alguien, para luego lanzar al suelo su bastón que se convirtió en una serpiente que comenzó a engullir a las nuestras. Quedé paralizado ante la visión que presenciaba, puesto que sabía distinguir claramente una ilusión, y esto estaba lejos de serlo. Entonces algo se produjo en mi corazón y se me hizo patente que había estado extraviado, y que no había conocimiento alguno en la magia, solo perdición, y que lo que este hombre, Musa, ofrecía era la pura verdad, una guía clara, un conocimiento abundante, y un poder manifiesto. Y caí de rodillas, humillado, y junto conmigo cayeron los demás magos que habían testimoniado lo mismo que yo, y sus corazones también habían sido ablandados. Juntos exclamamos: “¡Creemos en el Señor de los seres, Señor de Musa y Aarón!” Y el faraón, cuyo corazón sólo se había endurecido más, creyó ver en esto un acuerdo entre nosotros y Musa. Dijo faraón: “¡Creísteis en Él antes que yo os autorizara! ¡Esta es por cierto una intriga que habéis sin duda maquinado en la ciudad para desalojar de ella a sus habitantes! ¡Cercenaré realmente vuestras manos y vuestros pies de los opuestos, y luego os crucificaré sin duda a todos!”
Y fuimos llevados presos a los más oscuros calabozos. Y esa noche, en mi sucio calabozo se apareció ante mi Musa ¡Mis ojos no creían lo que veían pero allí se encontraba él! Me abrazó y me dijo: “Pedí a mi Señor la gracia de poder venir a agradecer vuestro sacrificio. Esta noche parto para proteger a mi pueblo y cumplir lo que Allah ha destinado para nosotros, pero siempre estaré presente en vuestros corazones, y serán en el otro mundo de mis más cercanos ¿Hay algo que quieras pedirme y que yo pueda cumplir demostrándote mi amor?”, a lo que respondí: “¡Oh Maestro! Solo soy un buscador que erró su camino ¿Puedes tu enseñarme algo del verdadero conocimiento, para que parta de este mundo en la verdad, y sea de los de certidumbre?” “Así será”, respondió. Y durante el resto de la noche Musa me inicio en el conocimiento de la Realidad y en sus aspectos ocultos y secretos.
Y cuando luego me dormí, me encontré nuevamente en el hermoso jardín que anteriormente había soñado. Y vino a mí el hombre que me dio guía en el sueño anterior, y yo sabía ahora que era el Imam Alí, con él sea la Bendición y la Paz, lo más selecto de la Creación, y con él estaban Fátima la Radiante, y su hijo Al-Hasan el Elegido, y luego vi a Al-Husein, el Mártir de Karbala, y le juré fidelidad como Musa me había ordenado. Y luego tuve noticia de lo que pasaría después de mi muerte, y vi a Saidiina Isa (Jesús BP) con él sea la Paz y me saludó. Y también conocí a los selectos del pasado entre ellos a Saidiina Ibrahim (Abraham BP) quien también me saludó. Y el Imam Alí (BP) tomó en sus manos el Libro Sagrado y recitó para mí las partes en que se cuenta mi historia con veracidad, y las lágrimas cayeron por mis mejillas, ante tal honor.
Luego yo y mis compañeros fuimos sacados de los calabozos y llevados ante el faraón, quien nos pidió que confesáramos nuestra alianza con Musa (BP), a lo que dijimos: “¡Seríamos agradecidos si hubiéramos formado alianza con él, pero sólo testimoniamos que es un Mensajero veraz de parte del Señor de los seres, el Único, quien no hay Divino sino Él” Y el faraón nos dijo: “¿Acaso me negáis como Señor?” y le respondimos: “No hay Divino sino Allah, Él es nuestro Señor, sin asociados, y tú no tienes poder alguno sobre nosotros, y si te empecinas en el error te espera un formidable castigo”
El faraón se retiró enojado, y sus hombres cortaron nuestra mano derecha y nuestro pie izquierdo, produciéndonos gran dolor, y luego nos crucificaron. Y no contentos con esto nos torturaron de diversas formas, y cuando el faraón volvió preguntó “¿Quién es vuestro señor?”, y contestamos “¡Allah Ta´ala, no hay Divino sino Él, el Señor de Musa (BP) y Aarón, y tú no eres más que un maldito, que será severamente castigado”. Y siguieron torturándonos, y el faraón volvió a preguntarnos “¿Quién es vuestro Señor?”, y respondimos nuevamente “¡Allah Ta´ala, no hay Divino sino Él, a Él nos encomendamos, solo a Él tememos, y tú no tienes poder alguno sobre nosotros” Y siguieron las torturas hasta que mi cuerpo ya no resistió, y entonces, ángeles del Señor descendieron sobre mí y curaron mis heridas, y mi cuerpo fue cubierto con un fuego que era frescor y sosiego, y me invadió el júbilo y la felicidad, porque sabía que me hallaba cerca del retorno. Y el faraón se desesperaba porque no dejaba de lastimarnos y hacernos daño, y sin embargo veía en nuestros rostros una sonrisa de placer y tranquilidad mientras que testimoniábamos que no hay Divino sino Allah. Y luego cortó nuestras lenguas para no escucharnos más, pero retrocedió asustado porque nuestras voces seguían sonando, y decían: “No hay divino sino Allah, el Señor de Musa y Aarón”.
Y luego el faraón y sus hombres desaparecieron de mi vista, y vino a nosotros Saidiina Musa que nos desató a uno por uno, y nos encontrábamos en perfecto estado, felices en su compañía. Y él nos señaló el horizonte, y vimos que un hombre venía caminando hacia nosotros, y era Muhammad Rasul Allah, con él sean la Bendición y la Paz. Y él nos tomó de la mano, como niños pequeños, y nos llevó con él.
“Esta es mi historia. Y doy testimonio de que la recompensa de Allah Ta´ala es excelentísima, por encima de toda medida, y que el Señor de los seres es Misericordiosisimo, y perdona al hombre de todas sus faltas. ¡Glorificado sea Allah! ¡Y su Bendición sea con los mártires de todas las épocas y todos los lugares!”
Luego Abdul Malik siguió su camino, y una Luz más fuerte que las otras surgió en el centro del jardín, y esta Luz que iluminaba todo pero no enceguecía provenía del Imam Al-Husein, con él sea la Bendición y la Paz, que se hallaba rodeado por todos los mártires de todas las épocas, y alzó sus manos al cielo suplicando, y con él todos los que allí se hallaban, y dijo:
“¡Allahumma! No hay Divino sino Tú, Único, sin asociados. Señor de la Luz de la que proviene toda Luz, Señor del Conocimiento del que proviene todo conocimiento, Señor de todas las cosas y sobre todas las cosas. ¡Allahumma! Bendice a Muhammad y a la Descendencia de Muhammad, por quien manifestaste lo que manifestaste, y creaste lo que creaste, y bendice junto con él a los Profetas y Mensajeros al servicio de Tu causa, aquellos que luchan por la defensa de los oprimidos, los que testimonian la verdad temiendo sólo a su Señor, los que dignifican a la humanidad entera con sus actos, los que interceden ante Ti por otros, y Tú les concedes lo que piden porque los amas, los que han sido un signo para sus pueblos en todas las épocas, los que siempre han estado del lado de los Profetas, los que siempre han combatido a los inicuos. ¡Allahumma! Sin duda que el impío se equivoca y cree que tiene derecho a humillar a sus iguales, y piensa que es superior a quienes están en la verdad, cuando en realidad su estado es calamitoso. Y anda por la tierra corrompiendo, y quiere convencer a todos con la violencia. ¡Le espera un fuerte castigo!
¡Allahumma! Pobre del que no ame a los mártires, porque nunca obtendrá Tu Amor. Y los impíos quieren hacer creer a los hombres que no hay recompensa para quien entrega su vida, desearían convertir a la humanidad en un montón de cobardes ¿Tan ciegos están los hombres, tan duros están, acaso ha desaparecido toda dignidad? ¿Los que mueren de hambre no conmueven sus corazones, no reaccionarán ante los asesinados injustamente, ante los niños sin ningún derecho, ante las mujeres vejadas? ¿Ha ganado la indiferencia las almas, prefieren la comodidad de la fantasía? ¿Es ese el futuro del hombre?
No, pues mientras exista el Islam, existirán los mártires. Y hombres, mujeres y niños se levantarán y lucharán por la verdad, como siempre lo han hecho. Y dignificarán el mundo con su sangre, y llegará mi hijo el Esperado, quien vengará a todos los que hemos ofrecidos nuestras vidas por la Causa de Allah. E impondrá la Paz y la Justicia, y el hombre vivirá en la Realidad, trabajando hombro contra hombro, y ya no habrá quien quiera enaltecerse por encima de los demás.
¡Alahumma! Bendice a los mártires de todas las épocas y todos los lugares. Bendice a Al-Hurr, bendice a Yamil, bendice a Abdul Malik, y bendice a todos los que como ellos luchan por tu Causa. Bendice a los mártires que hoy mueren y a los que hoy nacen y únelos a nosotros, porque son sin duda de tus amados.”
Luego el Imam me miro y me dijo:
“Este relato es un regalo para ustedes, y una buena nueva: Todos los que hoy están en vuestra comunidad moriréis mártires. Así os llegue la certidumbre en vuestros lechos, seréis mártires, y lucharéis junto a mi hijo de muchas formas, y cuando abandonéis el mundo seréis recibidos aquí, y se los saludará con la Paz, y seréis de mis compañeros y de los compañeros del Mensajero de Allah ¿Puede haber acaso mayor recompensa que esta?”
Luego el Imam me señaló una de las gradas o escalones, y me vi transportado a ese lugar, y ahí encontré a mi Murshid, con él sea la complacencia de Allah, quien estaba mucho más joven de lo que yo lo conocía, y junto a él todos los miembros de la Yama´ah, y muchos hombres y mujeres, que aunque no sé sus nombres, era como si los conociera de toda la vida. Y había una mesa servida para nosotros, y árboles de enormes frutos y gigantescas sombras, y por más que forzaba mi vista el lugar parecía no terminar jamás. Y todos sonreían y se abrazaban, y un hombre de gran tamaño se acercó a mí y me abrazó, y yo lo abrace a él y sentí por él un amor intenso aunque nunca lo había visto en mi vida, y supe que era Saied Al-Mutta, la complacencia de Allah sea con él. Y me dijo “Saluda a tu Murshid y sus compañeros de mi parte, y felicítalos por la noticia”
Luego apareció el Profeta, y junto con él, todos los Profetas y Mensajeros, y los testigos, los justos y los sabios. Y un ángel de cuatro alas hizo el llamado a la oración, y todos hicimos Salat con el Profeta como Imam.
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