Testimonios de los discípulos del Sheij Alí Al-Husainí (3)

Cómo adherí al Islam (3)


A través de mi esposo conocí el Islam, él ya había adherido un año antes y fue quien me empezó a contar de que se trataba. Me dijo que tenía un gran amor secreto y que no lo podía decir. Pasado un par de meses, insistí tanto que me confesó que se trataba del Islam. Un mes después lo fui a ver a sidi Murshid. Lo conocí en la zauiah de la calle Rojas. Hablamos largamente de mis inquietudes y él me escuchó con mucha paciencia, me explicó algunas cosas del Din y me invitó a seguir asistiendo, comencé a ir con regularidad a las clases y unos meses después adherí al Islam. Fue para nosotros nuestro padre, él nos crió, nos formó, nos dio contención, cada paso de nuestra vida lo vivimos junto a él, y por tenerlo tan cerca me resulta difícil hablar de él, es como intentar hablar de mi propia vida. Sidi para mi es la imagen del Profeta ante nosotros, nuestro ejemplo a seguir. Me dijo el Profeta (BPDyC) del Murshid (C): “Que Allah lo bendiga y proteja y destaque entre las gentes, a mi hijo amado, el compañero del Remanente, mi hijo elegido para la última misión [o lapso]”

Tuvimos la gracia de poder compartir mucho con él, hemos compartido la casa, lo hemos conocido dentro de un marco distendido, familiar, hemos viajado con él, he trabajado muchos años con Sidi y su conducta es irreprochable, su capacidad de trabajo es admirable. Tiene una capacidad de generar proyectos que a nosotros muchas veces nos desborda, siempre está generando nuevos proyectos, al punto de que nos cuesta seguirle el ritmo. Puede estar trabajando en traducciones, en textos, en varias cosas al mismo tiempo, 24 horas por día, es inagotable. Se levanta a la mañana temprano con un proyecto de trabajo y uno lo ve a las 14 hrs entregado a esa tarea con total concentración. Y como es perfeccionista, un texto que prácticamente está terminado lo vuelve a corregir, tanto que su secretaria, cuando no existían ni la PC ni los actuales procesadores de texto, llegó a tipear más de 7 veces el mismo trabajo corregido y mejorado. Busca un texto exacto y anhela que las cosas sean lo mejor posible. Pero su trabajo minucioso no ha limitado la cantidad de su producción, solamente con lo editado en la Revista Islam (desde 1975 a 1986) no nos alcanzaría el tiempo para leerlo en totalidad. Sin desatender sus participaciones públicas, como por ejemplo en las jornadas del Teatro San Martín, que se llevaron a cabo durante 7 años consecutivos, con intelectuales invitados como Jorge Castro, Pedro Brieger, Emilio Corbiere, Khatchik Derghougassian, Marcos Aguinis, etc. donde se ocupaba no solo de los contenidos sino de asegurar que los concurrentes pudieran comer, como hacía el Profeta (BPDyC). Recuerdo que el Ciclo en el Sindicato Gráfico fue como la culminación de estas actividades, donde se terminó con un banquete ofrecido a más de 50 personas. Resulta extraordinario también como, a pesar de todas estas ocupaciones, nunca dejó de atender y dedicarse a cada una de las personas que pasaron por la Yamah, que fueron innumerables, con absoluta paciencia y entrega.

Un ejemplo de su acción fue la emigración al sur. Él movilizó a muchas personas, nos convocó, nos trajo y esto es mérito suyo. Fue él quien lo tomó con seriedad y cargó con la responsabilidad de concretar una misión que solamente había aparecido en sueños de dos humildes fuqará que no tenían conciencia de su significado y que se sorprendían a cada paso al ver como se concretaban los signos que se habían recibido. Su equilibrio entre lo teórico y lo práctico, su sentido del tiempo y la oportunidad, la percepción y respeto hacia las otras personas no se ve mucho en la gente. Recuerdo por ejemplo su participación en eventos interreligiosos, con gente muy compleja sin duda, en ámbitos con mucho prejuicio y sin embargo apreciar que bien que lo trataban todos, por su fe, por su integridad, ya que él siempre era consciente de quien era, estaba convencido de lo que hacía.  Lugar donde se encuentra todo se polariza hacia él, es tan fuerte su carisma que los demás pasan a un segundo plano, el poder de atracción y de rechazo, hay quienes lo aman y quienes lo rechazan y esto ha sucedido siempre, su fe, sus cualidades, atrapan al interlocutor bien intencionado o producen el rechazo de la gente maligna. Tiene la capacidad de ver a cada persona y hablarle a su nivel. De ajustar su lenguaje.


asignacion de nombre coran sheijRecuerdo que en mi primer mes de ayuno en Ramadán, había invitado a los miembros de la Yamá‘ah a desayunar en casa, y recuerdo a mi hijo, que apenas tenía 9 años, escondiéndose detrás de la mesa, como asustado de ver a toda la gente. Y cuando finalizaba la reunión y estábamos todos alrededor del Múrshid, escuchándolo, se le acercó y le preguntó directamente “¿Cuál sería su nombre en el Islam?”.

Cuando ya se habían retirado todos, lo acompañé a su cuarto para que se dispusiera a dormir pero me preguntó “¿Cómo había que hacer para adherir al Islam?”. Le expliqué las prácticas y los principios pero le recomendé que pensara bien antes de tomar tal decisión.

Volví con mi esposa y apenas empezaba a contarle lo que habíamos hablado apareció mi hijo en la cocina diciendo, muy seguro: “Ya lo pensé, voy a adherir al Islam.” Así recuerdo el relato que mi hijo manifestó unos años después recordando ese momento:

“La primera vez que me vinculé con la Yamá‘ah fue unos días después de que adhiriera mi papá en el mes de Ramadán del año 1997. Mi papá invitó a los miembros de la Yamá‘ah a cortar el ayuno en casa. Me pareció muy interesante la reunión, escuchar a Sidi Múrshid en el Dars, la unión que había entre la gente. Mi papá que había adherido hacía poco tiempo estaba bastante incorporado. En el único momento en que me sentí mal fue en el Dikhr, pero la segunda vez me sentí bien. La impresión que tuve del Múrshid fue que era un hombre simple, muy sabio y muy seguro de sí mismo.”


Mi acercamiento al Islam se debió a la lectura de la Sura 55 del Sagrado Corán. Al leerla algo ocurría en mi interior (una mezcla de certeza y seguridad). Me enteré de la existencia del Centro de Altos Estudios Islámicos en el año 1987 a través de un ejemplar de la revista “Islam” que conseguí en un kiosco de Mar del Plata, del cual me enteré con el tiempo que había sido el único número y el único lugar de esa ciudad en dónde había estado en venta. Así comenzó la comunicación.

Al ir a Buenos Aires por razones de trabajo, pude acercarme al Centro. El Murshid estaba de viaje y no sabían cuando volvería, pero me atendieron igual y me enseñaron varias cosas referentes a la Salat y otros temas. De pronto, para sorpresa de todos, llegó Sidi Murshid y me fue presentado. Me invitó a acompañarlo a otra oficina en la cual dialogamos y noté desde ese momento su sabiduría. Al despedirme me dio una de sus publicaciones para que la medite. A partir de entonces y pese a ser muy esporádicos los contactos muchas cosas ocurrieron en mi espíritu habiendo recibido desde entonces su guía y continua protección en toda circunstancia que enfrenté.

 

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