La conciencia de sí mismo

El Sagrado Corán no presenta una teología dogmática, especulativa, una serie de creencias que necesariamente se deben acatar, por haber sido enseñadas por autoridad religiosa. Afirma: Ellos [los hombres] no pueden abarcar nada de conocimiento a Su respecto [de Allah en Sí Mismo] (20:110), y enseñó el Profeta (BPD) el método del conocimiento acerca de Allah Exaltado diciendo: “Meditad en la Creación de Allah, pero no meditéis en Allah [en Sí Mismo]” (T, IV, p. 90)

El Sagrado Corán presenta ejemplos concretos, para que el humano se persuada de la Realidad de su Señor, conociendo la Creación, pero sobre todo conociéndose a sí mismo. “Quien a sí mismo se conoce, conoce a su Señor” (T, VI, p. 169) Por ello expone evidencias de la Realidad divina citando la conformación de los cielos y de la tierra, la constitución de los seres, los ciclos que se cumplen en la naturaleza, etc., de modo que el humano tome conciencia de su propia realidad, la médula de su existencia, su propio ser, su identidad real, su vínculo con el Sí Mismo divino, su conocimiento de sí, pues nada externo a él lo justifica si no descubre en sí su realidad espiritual.

Dice de la Creación: Allah es Quien elevó los cielos sin pilares visibles…, y subordinó el sol y la luna… (13:2); dilató la tierra, e implantó en ella firmes montañas y ríos, y de todos los frutos puso en ella de dos en pares (13:3); diferenciamos a unos de otros [vegetales] en tipos (13:4) Y en otros versículos: Y enviamos los vientos fertilizantes [que transportan la lluvia, o el polen], y hacemos descender agua del cielo, y os la dimos de beber… (15:23) ¡Que el hombre observe su alimento! Cómo hemos en verdad derramado el agua [de la lluvia] copiosamente, luego, hemos hendido [roturado] la tierra profusamente [mediante los vegetales que la atraviesan], y hemos hecho germinar el grano en ella, vides y tiernos herbajes, olivos y palmeras, y huertas frondosas, frutos y pasturas, para vuestro goce y el de vuestro ganado (80:24-32) Y ejemplos sobre los cielos y su perfección: Bendito sea Quien en Sus Manos tiene el Poder absoluto, siendo Él Omnipotente. Quien creó la muerte y la vida para probaros: Cuál de vosotros es de mejor obrar, siendo Él Poderosísimo [para el castigo], Indulgentísimo. Quien creó siete cielos superpuestos. No verás ninguna desarmonía en la creación del Más Misericordioso: ¡Vuelve la vista [hacia el cielo]! ¿Acaso ves alguna falla? Luego ¡vuelve la vista dos veces más [si quieres persuadirte]! que recaerá frustrada en ti la vista, quedando quebrantada… (67:1-4)

          Los incrédulos opinan, no reflexionan, no meditan, y emiten sus opiniones como certezas, apoyadas sobre la duda. Siembran la duda en sus semejantes, como la enfermedad contagiosa pasa de unos a otros. Y cuando encontramos alguien más sagaz que recurre a la ciencia, incluso su razonamiento en lugar de partir de una evidencia certera de la que se deduzca la imposibilidad del Creador, parte de la previa duda sobre Él, y la reviste con argumentos que no se ligan con lo que quiere demostrar. Por ejemplo, “Dios no existe porque todo comenzó con el big bang” donde “Dios” es teología, y “big bang” es física, y encima una hipótesis no definitiva.

Y si tú te asombraras de ello [de que desmientan al Creador, a pesar de las evidencias] ¡Más asombrosa es su afirmación!: “¿Acaso cuando seamos tierra, volveremos a tener realmente un nuevo nacimiento?” (13:5) No se plantean cómo es posible que existamos en este mundo, y para qué sirve eso, lo dan por entendido. Si este mundo no tuviera ninguna finalidad no tendría por qué existir, ya que en la vida nada existe inútilmente. Juzgan que la muerte es un final definitivo, sin tener ninguna prueba de ello, y cita el Sagrado Corán que afirman ser imposible que después de la muerte haya algún tipo de vida, “¿volveremos a tener realmente un nuevo nacimiento?”. Pero entonces la existencia actual sería inútil, porque todo termina y desaparece con la muerte, y esto le quita todo sentido a la existencia. ¿Para qué sirve existir si luego todo desaparece? Por eso el incrédulo experimenta tanta incertidumbre que lo lleva incluso a crear una filosofía de la duda y de la muerte, de la angustia y la sinrazón… Por otra parte, la vida futura no requiere de ningún nuevo nacimiento, sino de un cambio de estado, no requiere de este mundo solamente, sino de planos distintos de la realidad: Allah es Quien creó siete cielos e igual número de tierras (65:12), su Creación es múltiple.

Las evidencias sobre la propia existencia de cada uno son más fuertes aun que las evidencia sobre la Realidad del Creador, aunque una evidencia apoya a la otra. Así como los incrédulos son ciegos para los Signos de la Realidad divina, también lo son absurdamente para los Signos de su propia existencia: Y les hizo testimoniar sobre sí mismos: “¿Acaso no soy Yo vuestro Señor?” Respondieron: “Por cierto que sí ¡Testimoniamos!” (7:172), es cuando los seres toman conciencia de sí mismos ante el Señor, antes aun de la creación de los cielos y de la tierra. ¿Acaso no meditan en sí mismos? Allah sólo creó los cielos y la tierra y lo que hay entre ambos en Verdad, y por un plazo determinado (30:8) Les haremos ver nuestros Signos en los horizontes, y en sí mismos [en sus propias almas], hasta que se les evidencie que es la Verdad [que Allah o la existencia es real] (32:35)

La prueba máxima de la Realidad divina es la conciencia de sí, conocerse a sí mismo, donde se encuentra la impronta del Señor. Un discípulo del Imam Muhámmad Al-Báqir (P) le preguntó sobre y les hizo testimoniar sobre sí mismos: “¿Acaso no soy Yo vuestro Señor?” (7:172), y el Imam respondió: “Extrajo de la espalda de Adán a su descendencia hasta el Día de la Resurrección, y salieron de allí como si fueran átomos. Entonces [Allah] les dio a conocer [su Realidad] y les hizo ver su Creación. Y si no fuera por esto, nadie hubiese conocido en absoluto a su Señor’”, gracias a ello recibimos nuestra fítrah (forma esencial espiritual, conciencia de sí), y contemplamos (intuimos) al Señor para tener una evidencia de su Realidad, porque Allah Exaltado no obliga a la fe, sino que persuade con los Signos que son Su prueba.

No es posible conocerse a sí mismo más que conociendo a Allah Exaltado, como no es posible conocer de verdad una obra sin conocer a quién la pergeñó y realizó. Pero no es posible conocer a Allah más que en el sí mismo de uno, por lo cual no es posible conocerse a sí mismo sino en Allah y por Allah, y cuando conozco a Allah Exaltado, en esa medida me conozco a mí mismo. Y el método no es la mera razón, ni la imaginación simplemente, sino la intuición de la Presencia de Allah en uno mismo. Sólo se conoce a Allah por Allah y en Allah, exaltado y eximido sea Allah por encima de todas las cosas.

© Textos del Sheij Alí Al-Husainí recopilados por Aiman Fradkin y Hasan Gomez, editados por Bashir Gomez

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