La emigración (2° Parte)

La emigración (2° Parte)

DIA SABADO- El arribo al lugar de Madina Al-Husein (P). El campamento.

A la mañana del sábado, hacia las 8,00 hs levantamos el campamento y nos ubicamos en la camioneta del baquiano para viajar hacia la Madina. Adelante, junto al hombre viajaron Sidi Múrshid y Sidi Abdulkarim, mientras que en la parte trasera descubierta de la camioneta viajaron los restantes miembros del grupo. Durante el viaje el baqueano indicó a Sidi Abdulkarim más detalles sobre el camino a través de la montaña (el que íbamos a hacer primero y desistimos de él).

            Al llegar al acceso al lugar, el baqueano pidió autorización para acampar al dueño del lugar, quien accedió sin problemas. Ingresamos primero hasta uno de los extremos del paraje, desde donde nos hizo contemplar todo el panorama y vislumbrar el lugar al que queríamos llegar. Luego el baqueano retomó en su camioneta el camino y nos dejó allí para que continuáramos caminando, comprometiéndose a esperarnos a la puerta de cierta casa sobre el camino, cerca de donde nos dejaba ahora, dentro de tres días (o sea el martes) al mediodía para llevarnos de regreso en su camioneta. Durante el viaje el baqueano recogió a un hombre que trabajaba por el lugar y que nos dio datos valiosos sobre la zona. Asimismo durante ese viaje, la única mujer del grupo reconoció las flores amarillas que había visto. Posteriormente otro miembro del grupo reconocería las flores rojas que había visto él. Otro dato de interés es que al adentrarnos en el lugar teníamos el sol a nuestras espaldas, lo cual también estaba anunciado.

            Luego de bajar de la camioneta comenzamos a caminar hasta llegar a una casilla abandonada a la derecha del camino en una bajada. Sidi Múrshid (R) indicó detenernos en un paraje cerca de allí, y se comenzó a despejar el lugar para acampar, señalándose la Qíblah con un elástico atado a un arbusto. Por su parte, dos miembros del grupo fueron a buscar el resto del equipaje que había quedado en el lugar de descenso del vehículo. Sidi Abdulkarim, a su vez, fue enviado para avanzar sobre el camino en busca de agua y preguntó a Sidi Múrshid qué debía hacer en caso de reconocer algún signo, respondiéndole Sidi Múrshid que volviera a avisarle. Sin embargo, Sidi Abdulkarim luego de encontrar un río se internó por su cuenta a través de una picada para ver si encontraba el lugar. Cuando volvió narró que había encontrado una casa abandonada, un camino de ripio, y un puente debajo del cual corría un río que formaba como una cascada o más bien numerosos rápidos. Asimismo, observó una bifurcación de caminos, y a la vez dos altos árboles a modo de pilastras o jambas conformando una entrada o puerta. Sidi Abdulkarim tomó uno de los dos caminos de ripio. Después de verificar que una picada llegaba hasta el lugar que coincidía con lo indicado se dirigió al punto en donde se encontraba Sidi Múrshid (R) informándole de lo avistado. Sidi Múrshid, en consecuencia, decidió ir inmediatamente al sitio descripto por Abdulkarim para acampar allí en lugar de hacerlo en el lugar en que habían primero elegido para ello.

            Mientras tanto, dos miembros del grupo llegaban con el resto del equipaje. Sidi Múrshid, con otros dos miembros del grupo se dirigieron hacia el sitio que había señalado Sidi Abdulkarim. Al llegar al sitio Sidi Múrshid dijo que nos encontrábamos a la puerta del lugar, y que quería esperar a los rezagados antes de seguir, para entrar todos juntos. Ellos se habían quedado atrás para trasladar los demás equipajes. Luego Sidi Múrshid (R) envió a un miembro del grupo en busca de los rezagados, que se estaban demorando demasiado. Había sucedido que uno de ellos se había caído agobiado por la carga, y estaba siendo auxiliado por Sidi Abdulkarim, quien se encontraba fabricando con ramas unas parihuelas para llevar todo el equipaje. Mientras tanto el auxiliador envido por Sidi Múrshid (R)  acarreó por dos veces parte de la carga que había quedado en el camino para ayudarlos, y finalmente se reunieron todos en el puente junto al río.

            En ese lugar se concretaban muchos de los signos, a saber, la cascada o caída en rápidos, la casa abandonada, los dos árboles que formaban como las columnas de una puerta de entrada al fondo del camino (éste estaba obstruido por un gran tronco que parecía indicar que hasta allí debíamos llegar), el campo abierto con flores amarillas que se ubicaba enfrente de nosotros, y la formación rocosa de color blanco detrás de la casa, una de cuyas caras estaba orientada hacia la Qíblah. Respecto de esto último Sidi Múrshid (R) afirmó: «Esta es la piedra que vio Muhammad Abdul Hadi». Por otra parte, en contraste a las experiencias de días anteriores, fue muy fácil y rápida la llegada al lugar, como debía ser, todo lo cual indicaba que nos hallábamos a las puertas del sitio señalado.

            Reunidos todos entramos entonces encabezados por Sidi Múrshid (R) diciendo cuatro veces «Allahu Ákbar» y entonado el dhikr de la Restauración. Eran aproximadamente las 15,30 hs, antes de la hora de la salat del `asr, como había sido anunciado. En distintas ocasiones, tanto Sidi Abdulkarim como otro miembro del grupo percibieron que el sonido grave que hace el agua al escurrirse por las piedras en los rápidos era como el dhikr de la Restauración. Asimismo, mientras uno de ellos se encontraba descansando junto al río en compañía de Sidi Múrshid (R) notó que el sol, que en ese momento estaba muy alto, tenía a su lado un halo de luz verde y rosado. Posteriormente supimos que en Chile se había visto dos días después un signo parecido (y de mayor envergadura porque eran dos coronas que rodeaban todo el sol, según supimos) y se lo había vinculado a la proximidad de catástrofes naturales o del fin del mundo, según decía la tradición popular antigua.

            Nos dirigirnos haciendo el dhikr mencionado hasta llegar al sitio de campamento. En ese momento Sidi Múrshid señaló la concreción del signo de la puerta formada por los dos árboles que habíamos atravesado, y el de las cañas que «se abrían y cerraban» que estaban al costado del camino. Nos aclaró que no era necesario que se abrieran y cerraran a nuestro paso, obturando el camino, sino que se trataba de una característica que identificaba a esos vegetales cuando uno los debía atravesar (lo cual habíamos hecho en ocasiones anteriores y Sidi Múrshid –R- ya se había referido a ello). Por otra parte, la entrada al lugar era coincidente con las visiones recibidas en Buenos Aires, a pesar de que en ellas cada uno se veía viniendo de lados opuestos.

            Acampamos entonces junto al lago en un sitio donde había indicios de haber sido visitado con anterioridad. Hicimos las salat del mediodía y la tarde y descansamos un poco. Luego armamos las carpas e hicimos las salat del magrib y del isha. Durante el dua que hizo Sidi Múrshid (R) en la salat del magrib, al mencionar con agradecimiento el cuidado y la enseñanza del Imam Alí (P), cantó en ese preciso momento y por única vez un pájaro, y luego volaron otros tres pájaros sobre nosotros. Durante las dos salat (magrib e isha) dos miembros del grupo percibieron la presencia de Saidina Al-Jadr (P) junto a las carpas, al lado del fuego. Después de terminar las salat se percibió un exquisito perfume a incienso, que Sidi Múrshid (R) y la única mujer del grupo también habían sentido estando en el puente antes de entrar al lugar. Durante el du‘a, además, el Múrshid (R) agradeció a Allah haber llegado a este lugar, y le suplicó que nos orientara, creyendo que todavía debía descubrir el lugar preciso donde instalarnos.

DIA DOMINGO- La confirmación del lugar. La consagración de la zauiah.

El día domingo amaneció con lluvia y se mantuvo así hasta las 18,00 hs. aproximadamente. Sidi Múrshid había indicado el día anterior que podríamos dormir hasta tarde, ya que todos nosotros habíamos hecho mucho esfuerzo, al-hamdu lil-Lah. Luego de la salat del fayr (aproximadamente a las 7,30 hs) la lluvia se intensificó, por lo cual ingresamos a las carpas hasta que amainó la lluvia a la tarde y fue escampando el cielo. Sidi Múrshid (R) comentó que la lluvia y la inestabilidad del tiempo se debían a la lucha de los genios entre sí, unos a favor otros en contra de nosotros. Salimos entonces en busca del lugar, primero hacia la izquierda del campamento, luego hacia la derecha y luego nos internamos en el monte. Fue en ese momento que Sidi Múrshid (R) nos hizo reflexionar sobre todos los signos que habíamos encontrado para que nos diéramos cuenta de que en realidad ya estábamos en el lugar.

            Enseguida reconocimos una explanada pequeña apta para las construcciones de las casas. Luego nos dirigimos hacia la cabaña, la cual recorrimos. Uno subió a la roca blanca que se elevaba por detrás. Ese día por la madrugada él había soñado que el Profeta (BPDyC) estaba sobre la cumbre de esa roca y por encima del árbol. Fuimos a continuación hacia el río, en cuya inmediata cercanía estaba la cabaña, y Sidi Múrshid (R) indicó a uno del grupo que remontara el río un trecho sin obtener novedad alguna.

            Volvimos a la cabaña y Sidi Múrshid la consagró como zauiah recitando la Fatihat y haciendo un dua, y dijo que se usaría luego de su refacción para enseñanza o vivienda, según las necesidades. La zauiah fue consagrada bajo el nombre del Imam Muhammad Al-Mahdi (P).

            Luego, por iniciativa anterior de uno de los miembros, que todos mantuvimos en secreto, todos los fuqará entonamos en homenaje de Saied Al-Múrshid Alí Al-Huseini la canción de recibimiento al Profeta (BPDyC) cuando entró en Medina.

Al salir de la cabaña y volvernos hacia la roca notamos que se encontraba como girada, de modo que su cara destacada (pues las demás estaban enclavadas en la tierra) daba a la Qibla. Sobre la roca había un árbol simbolizando la vida, según explicó Sidi Múrshid. Las raíces del árbol abarcaban la roca, y esa unidad entre lo mineral y lo vegetal simbolizaba la unidad de la materia y el espíritu, como también él nos explicó. Luego volvimos al campamento.

            En ese día se habló de la delimitación de la zona que habría que adquirir, determinándose que podría ser desde el sitio de la primera parada que habíamos hecho (donde se marcó la Qibla) hasta algún punto del camino a Chile próximo a la zauiah, y desde las estribaciones del monte hasta el lago.

            Durante esa noche dos miembros del grupo vieron en sueños al Profeta (BPDyC) sobre la cumbre de una montaña, y a Saiidina Musa (P) y al Imam Al- Mahdi (P) a su derecha. Del otro lado, a la izquierda del Profeta (BPDyC), vieron al Imam Al-Husain (P) y a Saidina Al-Jadr (P) cerrando un semicírculo.

DIA LUNES- Acto de fundación de la Madina Al-Husein Ibn Alí Ibn Abi Tálib (P). Lectura e interpretación del Sagrado Corán

Durante la mañana del día lunes llegaron extraños en tres grupos que venían de paseo. Igualmente aprovechamos para escribir el informe según lo teníamos planeado. En el transcurso de esa actividad, Sidi Múrshid (R) preguntó si conocíamos el nombre de la región. Respondimos que no, y dijo entonces que se llamaría Madina Al-Husein Ibn Alí Ibn Abi Tálib (P). Ante la pregunta de Sidi Muhammad de por qué se llamaría así, Sidi Múrshid (R) contestó que el martirio del Imam (P) por parte de los opresores sería resarcido en la Restauración para la cual se edificaba la Madina.

A la hora de la siesta, Sidi Abdulkarim y Sidi Muhammad recorrieron la zona del risco o piedra blanca por sobre la casa abandonada haciendo un dibujo del paraje desde la altura del mismo. Se internaron asimismo 2 ó 3 km aproximadamente por el camino hacia Chile para su reconocimiento. Durante el camino Sidi Muhammad le comentó a Sidi Abdulkarim que tenía la impresión de que faltaba la concreción de algo, y mencionó un sueño en el que aparecía Satanás, maldígalo Allah, con forma de mono al borde del territorio de la Madina. Posteriormente, como se verá, se confirmaría la derrota y expulsión del maldito.

            Más tarde Sidi Múrshid fue con Sidi Abdulkarim a delimitar el punto que correspondería al límite de la zona por el lado del camino a Chile, el cual quedaría a 700 u 800m de la zauiah. Había un árbol atravesando el camino y Sidi Abdulkarim puso una marca.

            Unas dos horas antes del magrib Sidi Múrshid (R) se vistió con su túnica clara y pañuelo blanco e indicó a Sidi Abdulkarim y a otro de los miembros del grupo recoger de la playa una piedra ya determinada por él, de forma de pirámide, para señalar la fundación de Madinat Al-Husein, y que la llevaran hasta antes de cruzar el puente y retornaran al campamento. Sidi Múrshid (R) también eligió otra piedra más pequeña para señalar el centro del futuro asentamiento. Diciendo cuatro letanías, encabezados por Sidi Múrshid (R) nos encaminamos varas en mano hasta el lugar que Sidi Múrshid (R) había elegido para el futuro asentamiento. Sidi Abdulkarim en ese momento sintió una tenue llovizna sobre su rostro. Las manos de los tres discípulos varones instalaron la piedra mayor orientada a la Qiblah en un lugar que Sidi Múrshid proyectó como la plaza de entrada de la Madinat, junto al río, recitando él la Fatihat y haciendo un du’a alusivo por la protección del lugar. La piedra más pequeña fue ubicada por el mismo Sidi Múrshid en el centro del futuro asentamiento, y nos enseñó que la piedra mayor corresponde simbólicamente al peñón blanco sobre la cabaña, una de cuyas caras miraba hacia la Qiblah, y que la piedra menor a su vez simbolizaba al monolito instalado en la futura plaza. Sobre la piedra menor Sidi Múrshid (R) nos enseñó que tenía una forma de semiesfera con cuatro vértices en su base. La forma de semiesfera simboliza al mundo y los cuatro lados a los cuatro Pilares (Autad), la Complacencia de Allah sea con todos ellos. Después de esto pasamos por la cabaña y Sidi Múrshid (R) interrogó a Sidi Muhammad y a la única mujer del grupo sobre cuál era el árbol indicado en las visiones (un árbol grande y destacado). Entonces los dos últimos mencionados divergieron en sus opiniones, lo cual había sido visto por ambos con anterioridad (en el sentido de que discutirían). El árbol en cuestión era el señalado por Sidi Muhammad, que estaba sobre el peñón o risco, y al cual ya nos hemos referido.

            Luego retornamos al campamento. Seguidamente Sidi Múrshid (R) abrió el Sagrado Corán a fin de encontrar una guía para el acto que habíamos realizado, y leyó los siguientes versículos de la sura 17:

  1. Te preguntan por el espíritu. Di: «El espíritu procede de la orden de mi Señor». Pero no habéis recibido sino poca ciencia.
  2. Si quisiéramos, retiraríamos lo que te hemos revelado y no encontrarías quien te protegiera en esto contra Nosotros.
  3. No es sino una misericordia venida de tu Señor, Que te ha favorecido grandemente.
  4. Di: «Si los hombres y los genios se unieran para producir un Corán como éste, no podrían conseguirlo, aunque se ayudaran mutuamente».
  5. Por cierto que Nosotros hemos reiterado para la gente en este Corán todo tipo de ejemplos, pero la mayoría de la gente no admite sino la impiedad».

La interpretación dada por Sidi Múrshid (R) es la siguiente: (85): El espíritu es Gabriel (P) o el espíritu humano, que es asunto de Allah, porque el hombre no conoce lo extraordinario del espíritu que posee. Allah vincula y equipara al espíritu con el conocimiento al decir que es del Conocimiento de Allah. Tal es el modo de la Presencia de Allah en el hombre, el del conocimiento. En cuanto a la Yamá‘ah, en la situación actual, el significado de este versículo es la concreción de los actos extraordinarios que están sucediendo en ella, porque Gabriel (P) es el concretador de lo extraordinario, como los signos de Allah, los milagros, etc., y nosotros estamos recibiendo esos tipos de actos sin tener plena conciencia de lo extraordinario que ello encierra, como dice el versículo. (86): Su significado general es que Allah puede eliminar la Revelación a Muhammad (BPDyC) haciendo que el Espíritu Gabriel (P) cese de revelarle, y que él (BPDyC) en tal caso no tendría ninguna posibilidad de llegar por otro medio a conseguir Revelación alguna. En cuanto a nuestra Yamá‘ah‘ es que Allah Exaltado nos puede quitar aquello que nos ha dado generosamente, que no es por nuestro merecimiento sino por una Gracia extraordinaria de Allah, que quizás algunos no sepan apreciar. (87): En cuanto al Profeta (BPDyC) significa que él (BPDyC) representa la Misericordia en persona, es decir el ser pleno, y que la Gracia de Allah es que se le otorgó la plenitud de los Atributos divinos. En cuanto a la Yamá‘ah‘ significa que los hechos que está viviendo son una gran Misericordia de Allah que la plenificará, y Allah Exaltado le otorgará gracias extraordinarias, es decir una importancia y un poder muy grandes durante la Restauración. Y aun antes, gradualmente, se irán concretando hechos portentosos en el refugio de la Yamá‘ah‘. (88): En cuanto al Profeta (BPDyC), el Corán significa la Realidad, la concreción de los hechos por el Poder y la Fuerza de Allah. Nadie fuera de Allah podría otorgarle aquello que él (BPDyC) tiene, y que la realidad metafísica del Profeta (BPDyC) es superior a la suma de los genios y de los hombres. En cuanto a la Yamá‘ah‘, los dones que recibe actualmente no son obra ni de los hombres ni de los genios, sino que son el adelanto de la concreción de la era de la Restauración, que virtualmente la Yamá‘ah‘ principia. (89): En cuanto al Profeta (BPDyC) significa que él posee la Sabiduría plena, y en cuanto a la Yamá‘ah‘ que Allah le otorgará conocimientos extraordinarios a través de Alí Ibn Abi Tálib (P), quien la cuida y la dirige en la actual etapa. Que la etapa anterior de la difusión pública a toda la gente ha quedado cerrada y cumplida porque la mayoría no desea otra cosa que la impiedad. Esto se vincula con todos los anuncios sobre la Yamá‘ah‘ que recibimos a través del Imam Al-Mahdí (P). Ella va a adquirir poder sobre la naturaleza y presenciará hechos portentosos.

            Siendo las 23,30 hs se escuchó un alarido estremecedor como en dos tiempos, entre voz de mono y de cerdo, o rebuzno de burro mezclado con aquéllos, que todos pensamos era Satanás (maldígalo Allah) aunque no lo dijimos unos a otros. Por indicación de Sidi Múrshid, la Complacencia de Allah sea con él, Sidi Abdulkarim profirió en alta voz tres Allahu Akbar. Sidi Múrshid (R) nos explicó a la mañana siguiente que ese alarido era del maldito, pero como éste no puede ingresar al territorio ni tener una acción directa no le queda más que rebuznar desde lejos. (continuará)

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