La idolatría o asociación (al-ishrák)

Al calificar a la idolatría como “asociación” el Sagrado Corán se refiere al principio ideológico que la produce, más bien que a las expresiones externas de ese error. Los versículos dicen que la idolatría se basa en la simple conjetura u opinión, un conocimiento falso, sin fundamento, y presenta una norma de vida corrupta, producto de su visión, y por último insufla en sus prosélitos el fanatismo o la obcecación en el error.
“Asociar a Allah” significa unir, asimilar o igualar lo Divino con algo que no es digno de ello. Podemos decir que Allah es Misericordiosísimo, que el Poder absoluto Le pertenece, que los cielos y la tierra son de Su dominio, que Él es Juez, Benevolente, Creador, etc., todos Atributos con que Le menciona el Sagrado Corán. Pero de ningún modo identificamos a Él con ninguna cosa en particular, pues Sus Atributos están presentes en toda la realidad sin excepción, no sólo en una parte de ella, o en un individuo particular. La idolatría no percibe este sentido de la unidad de la realidad toda, no distingue entre lo absoluto y lo relativo, lo Uno, Allah, y lo múltiple, sino que mezcla ambas cosas y atribuye divinidad a lo múltiple, a lo relativo, y representa a Allah como una persona o una cosa cualquiera, incluso un animal. En conclusión, iguala al mundo con Él, y entonces Le concibe como una cosa más del mundo, algo común entre otros objetos. Tal es el núcleo de la idolatría.
El pensamiento humano se inclina naturalmente a asociar una cosa con otra, a asimilar para conocer, a hacer analogía. Se asimila entonces a Allah a las cosas del mundo. Dice el Sagrado Corán: Si tú [Profeta] siguieras a la mayoría de los que hay en la tierra te desviarían del Sendero de Allah. Ellos sólo obedecen a la conjetura, y ellos no hacen más que falsificar (6:116) La mayoría conjetura sobre Allah Exaltado, y en ello se basa el pensamiento idólatra. Por eso es necesaria la Revelación para conocer a Allah tal cual Él desea ser conocido.
Debemos separar a Allah del resto de las cosas, como dijo el Imam Muhámmad Al-Báqir (P): “Él es una cosa distinta al resto de las cosas”. A Él no se Le aplican las mismas descripciones que al resto de lo que conocemos. El Imam Alí (P) expresó: “El Tauhíd puro es que no atribuyas nada a Allah, porque todo atributo es distinto al que le es atribuido”. Al atribuir algo, cualquier concepto que sea, caemos necesariamente en asociación, y en cuanto a Allah Exaltado, Él y lo que Le atribuimos ya son dos cosas distintas, excepto que Él reveló de Sí lo que nos está permitido decir de Él, no otra cosa.
Pero el mal más profundo de la idolatría es que pretende conocer a Allah por un conocimiento externo, por los sentidos, por la percepción, lo cual es totalmente incorrecto. Su conocimiento es interno, intuitivo, y constituye el núcleo del autoconocimiento: “Quien se conoce a sí mismo a su Señor conoce”.
En definitiva, la idolatría falla, primero, porque piensa naturalmente que Allah es una cosa que existe como el resto de las cosas, y entonces rebaja la Categoría divina al plano de este mundo. Por otra parte, a las cosas naturales que el idólatra cree más importantes las eleva a la categoría de la Divinidad. Mezcla, confunde y conjetura, y se mantiene en permanente ignorancia. Utiliza un camino externo para el conocimiento de lo Divino, quiere figurárselo en una persona, como Jesús (P), o quiere verlo en una imagen material, como un ídolo, o en objetos naturales como animales, plantas, vegetales, astros, etc., en lugar de practicar el camino del autoconocimiento, que es el único que puede llevar al conocimiento de Allah.
Se debe distinguir entre la asociación, el hecho de atribuir divinidad a las cosas, y el paganismo que otorga a la imagen, al icono u objeto de culto una categoría sagrada. A veces sostienen que no adoran esa representación sino que la tienen como un medio de adoración de algo superior. Pero la idolatría consiste en el mero hecho de poner como intermediario de Allah una cosa material. Además, el pagano otorga a los ídolos diversas funciones, como las tienen las cosas de la naturaleza.
El pagano cambia de ídolo con el tiempo, llega a concebirse a sí mismo a veces como un ídolo, y finalmente se adora a sí mismo. El Sagrado Corán llama a la idolatría yahilíah, que se podría traducir como “paganismo” en el sentido de que a partir de la asociación, que es la raíz del mal, se llega a expresiones externas en imágenes e iconos, y luego a la expresión social en normas corruptas.
Allah llama al hombre califa (2:30), Su representante, por lo cual el resto de las cosas no son superiores al hombre, en quien se encuentra el Soplo divino. Por lo dicho la idolatría no es mala solamente para alcanzar una idea verdadera de Allah, sino para el conocimiento de sí mismo, porque toda idea de Allah determina una idea de nosotros mismos.

Muhammad Allah

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