La maravillosa realidad de la súplica

¿Qué es la súplica?

La súplica es el primer paso para abrir los ojos del corazón, es una de las formas prácticas de conocer la Realidad tal cual es. Cuando el siervo pide a Allah se desnuda de hipocresías y fantasías, y comienza el camino al auto-conocimiento. Cuando el siervo bendice al Profeta y a su Desendencia purificada, y a los otros Mensajeros y Profetas, con todos ellos sea la Paz, acrecienta en su corazón el amor hacía ellos, y es por este acto que luego Allah quizás lo bendiga con la inspiración de estos mismos Profetas (P). El que nunca ha suplicado al Señor de los seres es como si nunca hubiese vivido, quien poco ha suplicado al Señor de los seres se encuentra gravemente perdido, quien bien ha suplicado al Señor de los seres ha sido encaminado y da sentido a su existencia, y quien mucho ha suplicado al Señor de los seres ha alcanzado la realidad y se ha sumergido en el amor de Allah.

Gota de agua súplica

La súplica es tan esencial para el ser humano que sería para este mejor perder un brazo, o una pierna a quedarse sin ella. Es la súplica el agua que permite florecer a los corazones y sin la cual estos son parajes desiertos y tierra seca. Quien súplica se acerca al conocimiento de sí mismo, y por lo tanto al conocimiento de su Señor. Quien súplica reconoce su cortedad y al mismo tiempo reconoce la Grandeza divina en sí mismo ¿No es acaso esto maravilloso? Quien dice: “¡Señor mío, indúltame de mis faltas!” está reconociendo, primero, su extrema debilidad, y al mismo tiempo está dando testimonio de la posibilidad de que Allah Exaltado actúe en él y lo cubra con Su Misericordia.
La súplica delata la maravillosa condición del hombre, porque quien dice: “¡Señor mío, indúltame de mis faltas!” es como si dijera: “¡Señor mío! Testimonio que mi alma ordena el mal y se inclina hacia lo bajo, y que si no fuera por una misericordia de Tu parte me encontraría irremediablemente perdido. ¡Señor mío! Testimonio que mi debilidad es grande y mi entendimiento corto, por lo que me reconozco débil, rebelde, descuidado, maligno, arrogante, soberbio, envidioso, codicioso, irascible, irracional, cobarde, mentiroso, injusto, difamador, negligente, indiferente, desvergonzado, impúdico, ingrato, asociador, hipócrita, y por sobre todas las cosas ignorante, pero Tu Grandeza es sin igual, Tu Misericordia superior a todas las cosas, y doy testimonio de que Tu Luz brilla en mí, y que en ella encuentro mi verdadera condición, y entonces me reconozco firme, obediente, constante, bondadoso, humilde, generoso, austero, paciente, valiente, veraz, justo, digno, fiel, leal, pudoroso, certero, agradecido, sincero, sabio, y sobre todas las cosas creyente, y todo esto no por merecimiento propio sino porque a Ti pertenece todo el bien y Tuyo yo soy. ¡Glorificado sea Allah! Quien crea las cosas como Él quiere” ¿No habrá acaso auto-conocimiento en la súplica?

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