Mutayálli El que se Manifiesta, Manifestador

Mutayalli es el que resplandece sin guardar nada de sí mismo, y está por encima del resto de todas las cosas. Mutayalli es la plenitud del Záhir (Manifiesto). Cuando decimos ‘alimul-gaibi ua-sh-shahadati: conocedor de lo oculto y lo manifiesto, “manifiesto” es “el que se hace presente” y predomina sobre el resto de todas las cosas. 

“Allah es Uno y Único, Absoluto. No engendró ni fue engendrado y no existe a Él semejante alguno” (SC:112), debemos conocer lo Absoluto como Oculto y Manifestado. “Oculto”, porque está más-allá-del-Ser. Esto es muy importante, pues muchos errores se basan en concebir a Allah Exaltado como un ser entre los seres, inclusive como el máximo de los seres, pero atribuyéndole las condiciones del Ser, lo cual es erróneo. Lo Absoluto es en sí mismo oculto, incognoscible, inabarcable, pues lo omniabarcante no puede ser abarcado, y está necesariamente más allá de lo que abarca, y lo que es principio, debe ser heterogéneo a lo principiado, que tiene una posterioridad lógica a su respecto. “Manifestado” significa que se evidencia sin duda en todas las cosas. No hay realidad posible, en tanto sea real, que no lo evidencie, y a la cual lo Absoluto no manifieste.

Aquí hay un gran secreto: Todas las cosas, sin excepción ni defecto, son manifestación de lo Absoluto. Pero, ¿acaso lo Absoluto se materializa, se conjuga con ellas, cualquier cosa que sea?: No, porque es imposible que lo heterogéneo a las cosas esté mezclado en ellas, pues esto sería lo contrario a sí mismo. Las condiciones de las cosas, como el surgimiento, la desaparición, la indigencia, la limitación, la mutua dependencia de unas respecto de las otras, las falencias, la contradicción entre ellas, etc., son límites negativos de lo Absoluto. Entonces, no es posible que Él esté presente materialmente en las cosas. 

Un primer principio de nuestra metafísica es: Lo oculto debe manifestarse para permanecer como tal. Es decir, lo que está más-allá-del-ser, a lo cual no tenemos acceso a través de cualquiera de las experiencias posibles en el ser, está a su vez, presente en lo manifestado. Ambas cosas, oculto y manifestado, mantienen un vínculo inefable entre sí, vínculo que necesariamente refiere uno al otro. Pero lo oculto no es el ser, sino lo Absoluto, y en tanto tal, la suma posibilidad que nunca se manifiesta totalmente en el ser, sino en grado. Lógicamente, al decir “lo oculto no es el ser”, afirmamos que el ser es lo manifestado. 

Si tratáramos de concebir lo Oculto, lo no-Manifestado, deberíamos hacerlo como universal, porque apenas proyectemos en Él una distinción dejaría de ser Oculto. La distinción permitiría su descripción, su limitación, su aparición ontológica, y, entonces, dejaría de ser Oculto. Debemos pensarlo, necesariamente, como universal, como informal. 

Entre los principios respecto de lo informal podemos mencionar: 1) Lo informal es condición de todo lo formal. 2) Lo oculto o esencia es lo informal o infinito, y constituye la realidad de cada particular, sea en el mundo de la Manifestación, o en el plano de la Creación. 3) La infinitud es igual a la ocultación, y en tanto la esencia de cada realidad está oculta, es infinita e informal. La confrontación entre lo informal y lo formal es similar a la que existe entre lo oculto y lo manifestado. Por eso lo oculto es infinito e informal, mientras que lo manifestado es limitado y formal, pero no son incompatibles entre sí sino complementarios y armónicos. Por el contrario si lo oculto se concibiera como formal, es decir limitado, no tendría ningún sentido mencionarlo como oculto, y si además de ello lo concibiéramos como el primero del resto de los formales sería uno más entre ellos, el primer eslabón en la cadena pero no el Principio. En consecuencia, todo ente manifestado y ser creado deriva de la Efusión del Sí Mismo divino infinito e informal en el Primer Manifestado, del cual “se derrama en particulares múltiples de cualidad y esencia”, y todo formal tiene entonces por Origen a un informal.

Asimismo, debemos pensar que la Manifestación tiene como único fin, meta, u objetivo, la aparición del particular. En él se concreta la maravilla del ser. Cada particular, en su identidad y en su posibilidad, es único. Y como en un círculo, la multiplicidad de los entes manifestados, de los existentes, y cada uno de ellos en particular, desde lo Manifestado retornan al Principio, a lo Oculto, por el vínculo secreto y único que guardan con lo Oculto, y que los hace universales como Éste. Toda la realidad está en cada ente particular, como todo lo que va a aparecer en lo Manifestado está en lo Oculto, siendo este universal, y, a su vez, particular, en tanto sólo manifiesta lo que contiene en sí mismo.

Pero, como la realidad es jerárquica, hay un escalonamiento de los entes, el ser está así ordenado. Y así como lo Oculto contiene el Principio de lo Manifestado, del mismo modo este presenta un Origen o Principio por el cual existe todo el resto de lo que se manifiesta. A ese primer ente o primer particular manifestado, lo llamamos el Primer Manifestado. Es lo Oculto que se manifiesta a sí mismo en esa primera manifestación, y a partir de esta todo se produce por mediación. El Primer Manifestado es el Origen de todo el resto de los entes, y de todo el resto del ser, por automanifestación de sí mismo. 

El Primer Manifestado es el Muhammad metafísico. Siendo el Profeta (BPDyC) el arquetipo antecedente de todas las criaturas, sin quien éstas no existirían. Este Primer Manifestado se estableció en el Trono o cúspide de la realidad por una efusión informe, un desborde de cualidades, cuya heterogeneidad con el Efundente no es posible de explicar. Tal Trono divino es el lugar metafísico desde el cual son creadas todas las cosas, y el Trono no perecerá cuando todas las cosas sean aniquiladas, sino que será el lugar metafísico inicial de un nuevo ciclo desde el Más Allá. 

De parte de Yábir Ibn Abdallah Al-Ansári, un gran compañero del Profeta (BPDyC), se dice: “Pregunté al Mensajero de Allah: ‘¿Cuál fue la primera cosa que Allah creó?’ Respondió: ‘La luz de tu Profeta, Yábir, Allah la creó y de ella creó toda cosa buena. Luego la estableció ante Él en la categoría de la Proximidad, tanto como Allah quiso, y luego la determinó en partes, y creó el Trono de una parte, y el Escabel de otra, y a los Portadores del Trono y los Residentes del Escabel de otra, y estableció la parte cuarta en la categoría del Amor, tanto como Allah quiso. Luego la determinó en partes, y creó al Cálamo de una parte, y a la Tabla de otra, y al Paraíso de otra, y estableció a la parte cuarta en la categoría del Temor tanto como Allah quiso. Luego hizo de ella divisiones, y creó a los ángeles de una parcela, y al sol de otra, y a la luna de otra, y la cuarta parte la estableció en la categoría de la Esperanza (el anhelo expectante) tanto como Allah quiso. Luego hizo de ella divisiones, y creó al intelecto de una parte, y al conocimiento y la templanza de otra, y a la inmunidad (o impecabilidad) y la prosperidad y felicidad de otra, y estableció la cuarta parte en la categoría del Pudor tanto como Allah quiso. Luego la observó con la mirada de la reverencia (la veneración sacra), y esa luz transpiró y goteó de ella 124. 000 gotas. Entonces Allah creó de cada gota el espíritu de cada Profeta y Mensajero. Luego las almas de los Profetas respiraron, y Allah creó de sus respiros los espíritus de los santos, los testigos y los justos” (T, I, p. 121) 

Después de constituir al Primer Manifestado como la única luz o realidad, y aproximarlo a Sí Mismo tanto como Allah quiso, del Primer Manifestado son creadas todas las cosas, por lo que es gracias a él que se produce la Creación. El Muhámmad histórico (BPDyC) simboliza, entonces, la primera criatura manifestada, el arquetipo mayor en el orden espiritual puro, metafísico. Cuando ese arquetipo pasa a ser creado, lo último que Allah crea son las 24 mil almas o espíritus de los Profetas, por lo que también es gracias a él y de él que aparecen los Profetas y Mensajeros (P).       

De la Luz del Primer Manifestado derivan también todas las cosas en jerarquías. Son 12 las realidades que aparecen de la división en cuatro de la luz anterior (aunque en tres ocasiones aparecen de a dos, por lo que el total puede resultar 15): Primero el Trono, después el Escabel (el estrado del Trono), y luego los Portadores del Trono y los Residentes del Escabel, ambos juntos. Después viene el Cálamo, que algunos identifican con el Espíritu Santo, gracias al que Allah escribe (crea) todas las cosas, luego viene la Tabla donde son escritas todas las cosas. Enseguida aparece el Paraíso, los ángeles, el sol, la luna. Por fin, el intelecto, el conocimiento y la templanza juntos, y la inmunidad (o impecabilidad) y la prosperidad (o felicidad) también juntas. Además se mencionan las categorías espirituales: la Proximidad, la primera y más elevada de las categorías, el Amor, el Temor, la Esperanza y el Pudor.

© Textos del Sheij Alí Al-Husainí recopilados por Aiman Fradkin y Hasan Gomez, editados por Bashir Gomez

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