Semblanza del Múrshid Sheij Alí Al-Husainí (5)

Antecedentes públicos previos a la Yamá‘ah (continuación)

 

Se vinculó con miembros de la Iglesia, con rabinos, etc. (1) Mantuvo numerosas reuniones y participó en gran número de actos con representantes de otras religiones. Desplegó con los miembros del Centro de Altos Estudios Islámicos una larga serie de conferencias y ciclos de charlas, de seminarios y de presentaciones públicas, hasta en las plazas de la ciudad. Fundó en su transcurso los centros islámicos de La Plata, Santa Fe y Tucumán, además de promover el de Jujuy. Editó varias obras escritas, respondió a entrevistas televisivas y radiales, contestó reportajes de la prensa, intervino en grupos de trabajo interreligiosos, respondió a la correspondencia de la gente interesada en el Islam, intervino componiendo capítulos de libros cuyos autores le solicitaron exponer la visión del Islam sobre el tema que ellos elaboraban (2), intervino con los miembros del Centro de Altos Estudios Islámicos en manifestaciones públicas en defensa de los pueblos islámicos agredidos, como hoy son los de Irak, Siria e Irán, etc. Durante la «guerra del Golfo», por ejemplo, lo convocaron a programas de televisión, donde en una oportunidad, un conocido locutor y empresario radial lo presentó como el «máximo representante de la comunidad islámica en la Argentina», haciendo justicia no tanto en lo que hace a la figuración pública o política, sino en lo que a producción intelectual se refiere. (3)

Su primer libro se llamó «La residencia», que simboliza la morada o el grado espiritual máximo que uno puede alcanzar. Pensando que el conocimiento espiritual podía ser aceptado más fácilmente gracias a un texto literario, un cuento, y que era una posibilidad para la difusión del sufismo, incorporó a la obra distintos relatos independientes que venía escribiendo desde los 17 años. (4)

A sus maestros espirituales podríamos agruparlos en dos tipos: Unos tradicionales, que utilizaban el ejemplo, la enseñanza directa, y no recurrían al razonamiento analítico de las cosas. Estos corresponden a su niñez y adolescencia, y a la intención de su padre de encaminarlo en la vía espiritual. Pero cuando tuvo que responder a la cultura occidental, eso no alcanzaba para enseñar, no eran las herramientas correctas para «hablar a la gente de acuerdo a su entendimiento» (5), lo que lo llevó a querer conocer maestros del Tasáuuf que hubieran hecho la transición de la enseñanza tradicional a una adaptada al pensamiento occidental. Por este motivo viajó a Suiza en 1979, a contactarse con la tariqa del sheij Abdul Uahed Isa (Frithof Schuon).

Allí comenzó la segunda etapa, que podríamos llamar la de la búsqueda de los métodos para establecer una enseñanza apropiada, y esto no fue más que un desenlace natural de su búsqueda espiritual, y de la necesidad de responder a la gente que se acercaba al Centro de Altos Estudios Islámicos, que concurrían no por la religión en sí sino por su interés en el sufismo. Entonces, se puede decir que hubo una necesidad de la gente; luego, que existía una inclinación de su parte al sufismo, y, en tercer lugar, que Allah lo condujo hacia ello. Así se constituyó nuestra yamá‘ah. Sidi Múrshid se había acercado por un tiempo a las tariqas de Abdul Qader Al-Sufi y de Schuon, para aprender sus métodos, pero pronto se alejaría de ellas al darse cuenta de que caían en contradicciones fundamentales. En ningún momento tuvo intención de innovar en nada al rechazarlas, pero Allah lo condujo hacia otra cosa, le dio más conocimiento que ellos.


(1) En oportunidad de la visita del Dalai Lama a la Argentina lo invitaron de la Curia a participar como representante de los musulmanes en la catedral metropolitana de la ciudad de Buenos Aires.

(2) Como por ejemplo uno de los capítulos del libro «Mundo global, ¿Guerra global?» compilado por Pedro Brieger y Dolores Amat.

(3) Cabe aclarar que el Imam lleva publicado ya más de 20 libros, dictado más de un centenar de conferencias, participado en innumerables encuentros interreligiosos, dictado varios cursos en ONGs, habiendo también asistido a eventos oficiales de todo tipo, sin contar su extraordinario trabajo de traducción al castellano y exégesis del Sagrado Corán, el oficio de las Jutbas durante todos los yumú‘ah (días viernes) del año, sus lecciones para la yamá‘ah los días sábados, los dars de los martes y sábados, la conducción de los maylis (asambleas de la yamá‘ah), su trabajo docente en las cátedras de psicología y filosofía, etc.

Mucho de ello se encuentra en proceso de recopilación y digitalización por parte de sus discípulos. Obra que opaca en cantidad y calidad a muchos de los intelectuales más distinguidos de hispanoamérica y occidente en general. Entre sus principales obras podemos señalar las siguientes:

1971 Edita «El Adab» traducción de una sección de la obra en árabe «Verdad acerca del Tasauuf» del Sheij Abd al-Qadir Issa

1973 Publica en junio el 1º Número de la revista Islam (Cuadernos de Pensamiento).

1983 Edita «La Predestinación» que incluye la Epístola del décimo Imam Ali Ibn Muhammad (P) y traduce la súplica de Kumail Ibn Zaid que actualmente circula como de autor anónimo.

1985 Publica  la revista «El niño musulman» con la ayuda y participación de sus hijos Yihad Ahmad, Fatima Yuhaina y Amira y edita el «Diwan de los sabios» que incluye poesías del Sheij Muhammad Ibn al-Habib y del Sheij Al-Alawi

1986 Publica «La Residencia», «Verdad y Realidad» «El desconocimiento del Islam» Comienza la edición de los cuadernos de Irfan

1986 Se editan 10 cuadernos con conferencias dictadas por el Imam

1987 Publica «El camino sufi hacia el desarrollo espiritual» y «Proposiciones sobre la metafísica Islámica» del Sheij Al-Mufid

1988 Publica «Dios no ha muerto»

1992 Publica «El fin de los tiempos» y «Jesús no fue crucificado»

1993 En el mes de septiembre comienza a publicar la revista «Sufismo Viviente»

1997 Publica «Manual del Islam» y elabora «Metafísica sufi» (Inédito)

1998 Comparte con Abraham Szwarc (director de estudios judaicos en la Argentina y miembro directivo de la AMIA) y el Monseñor Charbel Merhi (Obispo de la Iglesia Maronita) una Misión de Paz a varias ciudades de Europa que culmina con un encuentro con el Papa Juan Pablo II  y la publicación del libro «Misión de Paz» (Editorial Manrique Zagó).

Entre sus traducciónes directas del árabe al español cabe mencionar la de la última parte del Sagrado Corán (caps. 67 al 114) en dos volúmenes, con comentarios, y se encuentra actualmente completando la traducción y exégesis de todo el Libro, con vistas a su publicación integral.

(4) Inclusive un sueño que había tenido, donde se presentaba ante el Rey de una región, con un enemigo que le acusaba de haberle robado algo. En ese instante tomó un cuchillo y mató al enemigo delante del Rey. Este, en lugar de castigarlo le dijo: «¡Bien hecho, hijo mío, has cumplido!».

La obra trata acerca de una persona que ingresa furtivamente a una residencia conocida como «la casa de los locos». Allí es atacado por perros negros, que representan lo negativo, y cae inconsciente. Cuando despierta se encuentra rodeado por varias personas que lo reaniman, son sus maestros. Uno de ellos, es asignado para guiarlo. En cierto momento éste le expresa que era solo un instructor inicial, y lo encomienda a otro. Por fin, se destaca la presencia de un tercero, Rafael, como el de mayor autoridad y sabiduría. Este nombre de raíz semita significa «Allah es el elevado» o «Allah eleva a la persona». El aspirante se hallaba a punto de una transmutación, de la adquisición de un grado espiritual. «La residencia» finaliza con que el protagonista es invitado a una «reunión». La «reunión» es la máxima experiencia espiritual que uno puede lograr, significa volver a re-unirse, y en el sufismo se llama «ittihád».

(5) Como habíamos mencionado antes, el Múrshid tiene la facilidad de expresarse a través de la racionalidad más acendrada o de la otra manera, para una mejor comprensión de la gente, porque pudo alcanzar, Al-Hámdu lil-Láh, una expresión simple de lo sagrado lo cual es más difícil que usar un lenguaje elaborado o sofisticado. En realidad este último lenguaje es artificioso y no hace más que remitir unos términos a otros; lo podemos comparar a un juego de ajedrez, que es notablemente racional pero, en definitiva, es un juego, tiene reglas convencionales, es algo artificial. Mientras que el lenguaje no sofisticado habla de las cosas por su nombre, lo que recuerda la creación de Adán cuando Allah le enseñó el nombre de todas las cosas; y no es menos riguroso o inferior, porque la sabiduría utiliza la intuición intelectual o espiritual y el simbolismo, y permite captar las cosas con más precisión y perdurabilidad. El lenguaje racional recurre a la justificación racional y no llega a la médula.

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