Sidi Murshid

El filósofo británico Bertrand Russel decía de los hombres de ciencia en general que, al realizar sus investigaciones, aplicaban con rigor el método científico, puramente racional, pero cuando se trataba de política, futbol o religión se olvidaban del método y opinaban como el más común de los mortales; a mí eso no me pasa, trato de ser racional en todas las cuestiones, dejando las emociones o inclinaciones personales de lado. Por eso tal vez me fui alejando de la Iglesia Católica (donde tomé la comunión siendo niño), de otras religiones a las que fui invitado y de toda ideología extrema; por deformación o formación profesional, aprendí de la Historia y su heurística la importancia de hacer, antes que nada, una crítica de las fuentes. Leer durante la secundaria a Descartes o a Kant me llevaba sin duda por ese mismo sendero, excepto la idea de Heidegger acerca de que, en algún momento, el filósofo, debía dar el salto de la razón a otro nivel, no irracional sino suprarracional. Por eso me impactó leer a René Guenón quien me abrió el panorama hacia el pensamiento oriental; pero era algo tan alejado de Buenos Aires, tan alejado de lo académico, tan inaccesible entonces que tomé la decisión correcta y guardé esas ideas en un freezer para cuando terminara la carrera de Historia.

Mi encuentro con el Sheij Alí Al-Husainí o mejor dicho con el profesor de filosofía de la UBA Ricardo Hesain fue a propósito de completar una tesis, pero sirvió a la postre para desempolvar todas esas ideas previas y ponerlas a prueba. Pero hay cosas todavía a las que no le encuentro una explicación racional. Cuando me enseñaba la metafísica antigua o tradicional insertaba sorpresivamente, para mi entendimiento, comentarios absolutamente insólitos acerca de seres que pueden presentarse en nuestro plano y tienen una edad mayor a mil años. Y no se refería a extraterrestres, eso ya lo había escuchado de muchos ufólogos. ¿Cómo podía este señor tan preparado intelectualmente decir estas cosas? ¿Cómo pensaba que yo me iba a creer esas cosas? Tal vez quería impresionarme o sugestionarme para hacerme entrar en su comunidad sufí; y si esa era su intención lo logró, porque decidí a posteriori pedirle ser su discípulo. Cuando me daba esas lecciones, con la advertencia de que no lo interrumpiera, parecía ensimismado y fluían de él conocimientos extraordinarios sin ninguna falla o contradicción. Entrando en confianza con él le pregunté si veía y me dijo que oía. Era raro.

Pero observé luego que no solo él tenía esa condición sino también varios de sus discípulos, aunque algunos, en vez de oír, veían. Y que a veces, en el dhikr (una especie de letanía o repetición de frases sagradas, habitual en el sufismo de todas las épocas) o en la jaluah (retiro espiritual) recibían textos asombrosos en castellano, dados con estructuras gramaticales propias de la lengua árabe, que esos mismos discípulos no conocían.  Era raro.

Era el Sheij quién dirigía el dhikr y acompañaba hacia la habitación al discípulo que iba a cumplir el retiro; ¿tendría él la capacidad de inducir esos conocimientos en sus discípulos? ¿Era una especie de magia? ¿Cómo podía ser que volvieran con pensamientos tan complejos que ellos mismos no podían explicar sin la ayuda o interpretación del Sheij?

Más inexplicable para mí fue participar en un dhikr que duró no más de 15 minutos y escuchar de un condiscípulo que no solo había recibido un relato extraordinario, hermoso y sumamente simbólico llamado “El viaje al sol poniente” (que puede leerse en alguno de los documentos que guarda la comunidad) sino que lo experimentó como si lo hubiera vivido personalmente, durante varias semanas o meses; conocía de antes la teoría de Carl Gustav Jung acerca de la sincronicidad, pero una cosa es enterarse de una noticia por los libros y otra cosa es que pase frente a tus propias narices. ¿Dónde se produjo ese viaje? ¿Fue abducido por extraterrestres? ¿Sidi Yusuf ingresó a una dimensión paralela como la postulada matemáticamente por la física cuántica? La Historia de las religiones y la antropología cultural registran muchos ejemplos de experiencias místicas (en muchos pueblos) o de estados alterados de conciencia, inducidos en rituales primitivos colectivos o mediante el uso de sustancias psicodélicas. En los casos que vengo comentando puedo asegurar que no hubo ninguna droga de por medio.

Algunos han vuelto de su jaluah con mensajes del Profeta (así lo testimoniaron) dirigidos a cada uno de los miembros de la comunidad…el que recibí personalmente, impreso en mi carpeta hoy en día, además de darme buenos consejos, refirió aspectos de mi vida pasada que solamente estaban guardados en mi memoria. ¿Podía el Sheij, además de dictar esos mensajes a los fukará, a distancia, (telepáticamente como lo que estudia la parapsicología), entrar en mi mente?  ¿Es real entonces el dicho de la súplica transmitida a la comunidad que expresa “…por Quien guía a quien Él Quiere y guía a los hombres con otros hombres y nos ha dado un Murshid como puerta a su Imam, conocedor de los corazones y conocedor del camino”?

Más increíble aún es el dictado de una obra entera, publicada no hace mucho tiempo, con el agregado de los comentarios y explicaciones del Sheij, indispensables para su mejor comprensión, que fue recibida no a lo largo de una sola Jaluah (que por una bendición especial hacia el Sheij no duran más que un día o unos pocos días, a diferencia de otras comunidades del pasado que duraban hasta 40 días) sino en varios retiros espirituales que se fueron sucediendo en el tiempo, pero cuyo contenido fue anunciado desde el primer momento, con una precisión asombrosa “Bendice a tu Murshid, mi amado…te llevas en tus manos una joya y yo te daré otra. No debe comenzarse lo que no se va a terminar, y terminar lo comenzado sería de gran esfuerzo, pero haremos el Prólogo… El libro tiene cuatro partes y cada parte veintitrés o veinticuatro subpartes, y además hay cuatro capítulos complementarios, y dos capítulos más sobre los no-manifestados. Aparte de este prólogo.” ¿Quién era el que dictaba? ¿Estaba canalizando alguna entidad espiritual la fukará, como se menciona en la new age? ¿La obra estaba escrita y completa en el plano de la manifestación y solo fue transmitida en partes sucesivas, como dice anteriormente, para no agotar a la persona que la fue recibiendo?

En fin, ¿Qué papel tiene el Sheij en todos estos hechos extraordinarios? Es una persona simple, campechana[1], devota, que renunció a las bienes materiales y honores que tenía en Buenos Aires para cumplir con lo que le fue ordenado en la Patagonia, quien para mantener su independencia intelectual no recibió ni recibe dinero de ningún estado islámico (por eso necesita cubrir sus gastos trabajando en el sistema educativo público) y quien, como todo ser humano, ha cometido y puede cometer errores (aunque opino que muchos de esos errores fueron necesarios para probar los corazones de sus discípulos). No tengo respuesta definitiva a los interrogantes que he planteado anteriormente, no me voy a arriesgar a afirmar nada al respecto, pero, con el tiempo, he aprendido a amar al Sidi Murshid como a un padre y con eso estoy más que conforme; pido a Allah que me perdone por no ser tan racional en ese sentido.

La alabanza y las gracias sean con Allah que nos ha dado un Murshid que nos guía al sendero recto, que moldea nuestros corazones con la palabra inspirada y abre nuestros ojos a la visión real, y limpia nuestros oídos para el conocimiento sutil y agudiza nuestro olfato para los dones espirituales, y nos enseña el Sagrado Corán con amor y paciencia. Quien busca la complacencia de Allah en todos sus actos y nos enseña esto como conducta, y nos lleva de la mano ante el más amado (BPDyC).

[1] Aunque es fácil recurrir a campo para hacer derivar esta palabra, que alude a una persona afable, simpática y buena, podría ser difícil hacer coincidir el significado de un hombre de campo con el de un campechano, por la sencilla razón de que de ese tipo de personas no tiene la exclusiva el mundo rural.

Nos orientamos, pues, mejor, hacia la palabra Campeche, que es una región del Yucatán y un estado de la República de Méjico que alcanzó especial fama por sus fértiles tierras, lo que quizá favorecía una vida más agradable, y que, probablemente, generó la idea de unos habitantes más felices que sus vecinos. Un poco más atrás en la evolución, es posible que el nombre de la región y del estado provengan de una palabra en idioma maya, la lengua precolombina de aquella región, y que podría ser Ah-Kin-Pech que significa ‘sacerdote’ o, más exactamente, ‘que viene del sol’, lo cual haría que la democrática «campechanía» tuviera un origen divino. © Espasa Calpe, S.A.

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