Jesús no fue crucificado – Segunda parte

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¿Cuál fue la misión de Jesús?

Su misión se puede sintetizar en la prédica del evangelio (que significa “la buena nueva” o “bienaventuranza”), constituida por la venida del Reino de Dios o Reino de los Cielos. Su misión principal fue el anuncio del Reino, ya que el mismo Jesús dice en Lucas: “También a otras ciudades tengo que anunciar la Buena Nueva del Reino de Dios, porque a esto he sido enviado” (4:43), y en Mateo: “Recorría Jesús toda Galilea, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino” (4:23).

       Habían por entonces en Palestina grupos que no eran judíos, pero que seguían el Antiguo Testamento, como los samaritanos, quienes rechazaban ser llamados “judíos”; los quenitas y los recabitas, que eran tribus árabes del desierto que cumplían la ley de Moisés, y que también objetaban ser considerados “judíos”; los esenios, que se separaron del pueblo judío debido a su decadencia y corrupción, y que seguían un modo de vida más puro y estricto; los nazoreos, que abundaban en Galilea, y a los cuales quizás perteneciera Jesús. En conclusión, había entonces grupos numerosos aún entre los mismos judíos (como los zelotes), tanto grupos opuestos a los judíos, como antagónicos entre sí. Los judíos residían sobre todo en el sur de Palestina, alrededor de Jerusalén, y se consideraban a sí mismos los sucesores del reino de Judá, por lo cual se llamaron justamente “judíos”. Todos estos grupos esperaban, según el Antiguo Testamento, que se constituyera el Reino de Dios, y que el Mesías los liberara.

      Dice en Mateo: “Buscad primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura” (6:33) Y entonces Jesús cuenta numerosas parábolas acerca del Reino. Dice en una de ellas: “El Reino de Dios es como un hombre que echa el grano en la tierra” (Mr. 4:26), y dice: “El Reino de los Cielos es semejante a un grano de mostaza que tomó un hombre y lo sembró en su campo” (Mt. 13:31) Otra parábola propuso a sus oyentes: “El Reino de los Cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo” (Mt. 13:44); “también es semejante el Reino de los Cielos a un mercader que anda buscando perlas finas, y que, al encontrar una perla de gran valor, va, vende todo lo que tiene y la compra” (Mt. 13:45-46); “también es semejante el Reino de los Cielos a una red que se echa en el mar y recoge peces de todas clases” (Mt. 13:47)

  Debido a la brevedad que pretendemos en este escrito no podemos explicar todo lo que implica cada una de estas frases, pues ello nos distraería de nuestro tema principal. Pero debemos saber que en ellas está anunciando todo lo por venir, el Islam, el Sagrado Corán, al Profeta Muhámmad, y que se tratan en realidad de profecías.

¿En qué consiste el Reino de Dios?

El Reino tiene tres interpretaciones diferentes, primero es un estado del corazón; segundo es el gobierno concreto instaurado por Dios entre los hombres a través de Sus Profetas y Mensajeros; tercero, es el anuncio de un Día Final, en el cual todo el Poder solamente pertenecerá a Dios. Los tres sentidos los encontramos en los evangelios.

         Dice en Lucas: “Habiéndole preguntado los fariseos cuándo llegaría el Reino de Dios, les respondió: El Reino de Dios viene sin dejarse sentir. Y no dirán: ‘Vedlo aquí o allá’, porque el Reino de Dios ya está entre vosotros” (17:20-21) Es decir, se trata de un estado del corazón, que se produce en este mundo, no algo que sólo sucederá en el más allá.

         En cuanto al segundo sentido del Reino, como gobierno concreto de Dios sobre los hombres, a través de Sus Profetas, Mensajeros y delegados, sabemos que era el sentido que predominaba desde antiguo, y que fue confirmado por Jesús en algunos pasajes de los evangelios, por ejemplo en Mateo: “Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria acompañado de todos sus ángeles, entonces se sentará en su trono de gloria. Serán congregadas delante de él todas las naciones […] Entonces dirá el Rey a los de su derecha: ‘Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo’” (25:31-32 y 34) Según nuestra interpretación, el término “hijo del hombre” no se refiere solamente a Jesús, sino que tiene dos interpretaciones posibles, una la que se aplica a Jesús, identificable muy claramente, y otra la que se aplica al Profeta Muhámmad que estaba por venir en la gloria de Dios, con el Poder divino en la tierra.

         Dice también Jesús: “Y os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se pondrán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los Cielos, mientras que los hijos del Reino [los judíos] serán echados a las tinieblas de fuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes” (Mt. 8:11-12). Habla de “oriente” y de “occidente”, es decir de este mundo, donde hay oriente y occidente, porque en el más allá no existen tales localizaciones. Y habla de “la mesa de Abraham, de Isaac y de Jacob”, es decir de la tradición en este mundo, en el más allá no hay “mesa de Abraham, Isaac y Jacob”, no será necesaria entonces una tradición que se deba enseñar a los seres, pues éstos vivirán de la experiencia propia, de la luz de Dios, una luz única, y conocerán sin necesidad de que ninguna tradición se transmita.

         Y dice en otra parte: “Pero si por el Espíritu de Dios expulso yo los demonios, es que ha llegado a vosotros el Reino de Dios” (Mt. 12:28), que es como si dijera “principia conmigo”.

         El Reino de Dios en todos estos pasajes evidencia su cercanía temporal, lo cual para nosotros indica al Islam, por lo que no se lo debe confundir con el otro sentido de “Reino”, el que se aplica al más allá, del cual dice Jesús: “Mas de aquel día y hora, nadie sabe nada, ni los ángeles de los cielos, ni el Hijo, sino sólo el Padre” (Mt. 24:36) Entonces, no sería posible mencionar ninguna “cercanía” del Reino de Dios, como vimos que afirman varios pasajes ya citados, si no se conociera su momento…

         Omito, para ser más breve, todo lo que trata sobre el Reino de Dios en el más allá, porque constituyen expresiones muy claras en el Nuevo Testamento. Siempre que Jesús habla sobre dicho asunto anuncia los signos cósmicos que le preceden, como grandes turbulencias en los cielos y en la tierra, etc.

El poder de Jesús

Veamos ahora el asunto del poder que ejercía Jesús sobre la naturaleza y sobre las personas, poder que era evidentísimo en él. Lo haremos en forma sintética, pasando una breve revista al tema.

         Entre sus poderes estaba que cuando alguien se acercaba a él, con intención agresiva y de ejercer la violencia, él lo repelía sin necesidad de tocarlo. Entonces emanaba de su ser una energía que expulsaba a sus agresores. En muchos lugares del Nuevo Testamento se habla sobre este poder suyo, por ejemplo cuando dice: “Salió de entre ellos sin que lo pudieran tomar”, o “le querían arrojar piedras, pero no lo alcanzaron”, y “lo querían precipitar de una cornisa y no pudieron”

            En la región donde nació Jesús los fariseos intentaron matarlo arrojándolo desde lo alto de un precipicio, y menciona el texto que él se zafó de ellos y se fue sin que lo pudieran retener. Esto debemos tenerlo muy en cuenta, porque es un dato básico de nuestro argumento, del que estamos anticipando solamente un esquema. Para ahondar más, veamos el párrafo de Lucas en el que cuenta que Jesús afirmó: “Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo, y ninguno de ellos fue purificado sino Naamán, el sirio. Oyendo estas cosas, todos los de la sinagoga se llenaron de ira; y, levantándose, le arrojaron fuera de la ciudad, y le llevaron a una altura escarpada del monte sobre el cual estaba edificada su ciudad, para despeñarle. Pero él, pasando por medio de ellos, se marchó” (4:27 en adelante) “Pasando por medio de ellos, se marchó”. ¡Esto es sorprendente!, pues se supone que eran muchos los que lo sujetaban. Pero él tenía un poder extraordinario que lo auto protegía y que utilizaba cuando quería. En el caso que mencionamos, él no usó su poder hasta llegar a la cima, y esto simplemente para dar un ejemplo de la existencia de ese poder. Si hubiese querido se hubiera zafado antes de sus captores, pero quiso demostrarles que habían intentado matarlo y no pudieron. Esto tendrá una gran repercusión en nuestra argumentación posterior.

         Su otro poder era el de la transfiguración. Que lo poseía está asentado en el Nuevo Testamento donde dice lo siguiente: “Seis días después, toma Jesús a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, sube con ellos a un monte alto a solas. Y se transfiguró delante de ellos. Su rostro resplandecía como el sol y sus vestidos se pusieron blancos como la luz. Y se le aparecieron Moisés y Elías hablando con él, los cuales aparecieron resplandecientes y hablaron de su muerte que habría de tener lugar en Jerusalén. Entonces Pedro dijo a Jesús: ‘¡Qué bien estamos aquí!, si quieres haré aquí tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías’. Aún estaba él hablando cuando lo cubrió [a Jesús] una nube resplandeciente, y salió de la nube una voz que decía: ‘Este es mi siervo amado, en quien tengo mi complacencia, ¡escuchadlo!’ Al oír esto los discípulos cayeron sobre sus rostros presa de un gran temor, y Jesús se acercó a ellos y tocándoles dijo: ‘¡Levantáos, no tengáis miedo!’, y cuando alzaron los ojos no vieron a nadie sino a Jesús” (Mt. 17:1-8) Huelgan las palabras.

 

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