Al-Háqq Verdad y Realidad Al Mauyud El que es
Allah es Al-Háqq Verdadero y Real por excelencia, y del Real solamente proviene Realidad. La palabra Al-Háqq implica también el significado de Justicia, el derecho que le cabe a cada uno por ser lo que es. Allah es Quien revela el Libro [el Sagrado Corán] en la Verdad (bi-l-Háqq) y con la Balanza [Equidad, al-Mizán] (42:17)
El-que-es, Al-Mauyúd, indica la Presencia divina, que no se ausenta de nada en tanto eso tenga realidad. La realidad de algo es, en definitiva, la Realidad divina. Allah es El-que-es en Sí Mismo por Sí Mismo y corresponde al dicho del Profeta (BPD): “Allah estaba Solo y permanece Solo”.
Unidad y Realidad son idénticas, y la Presencia divina es la Realidad divina automanifestada en la automanifestación de los particulares. Se descarta que la razón pueda justificar por sí misma la Presencia divina, pues ésta se capta con el corazón oculto, ya que la razón impone límites, y es imposible que la Presencia divina sea determinada por ningún límite.
“El-que-es” es el Allah Oculto que se manifiesta, y que es imposible que se extinga, que tenga restricción o límite, alterno o sucedáneo, exterior o interior, esencia o accidente, naturaleza y figura o forma. Y en tanto tal, es inimaginable, y solamente se lo menciona como Presente o Presencia. Se narra en el Antiguo Testamento sobre el encuentro de Moises (BP) con su Señor: “Dijo Moisés a Dios: “He aquí que llego yo a los hijos de Israel, y les digo: ‘El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros. Si ellos me preguntaran: ¿Cuál es su nombre?, ¿qué les responderé?’ Y respondió Dios a Moisés: ‘Yo soy el que soy’. Y dijo: ‘Así dirás a los hijos de Israel: Yo soy, me envió a vosotros’” (Éxodo 3:13-14)
La distinción entre “Unidad”, “multiplicidad” y “duplicidad” es que si bien estas dos últimas pueden ser establecidas por la razón, pues es posible confrontar entre sí a sus componentes, no sucede lo mismo con la Unidad, imposible de ser definida, de la que solamente es posible afirmar que es Realidad. La idolatría se basa en otorgar realidad a la multiplicidad y a la dualidad, surgiendo así el politeísmo y el dualismo, que metafísicamente no tienen justificación alguna.
La Verdad o Realidad, Al-Háqq, es, por una parte, algo coincidente con lo que se puede percibir, y de lo que se tiene experiencia, tal sería el sentido del término “verdad”. Y Allah se llama a Sí Mismo Al-Háqq, “el Real”, porque Él es lo cierto, y corresponde a nuestras evidencias tanto exteriores o cosmológicas, como interiores o del corazón. ¿Es que acaso no meditan sobre sí mismos [sus propias almas]? Allah no creó los cielos y la tierra y lo que hay entre ambos sino en Verdad y Realidad, y hasta un término prefijado (30:8)
Allah es por excelencia la Verdad y Realidad que se presenta. Al-Háqq es un Nombre absoluto de Allah, que no puede ser manifestado por ninguna otra cosa. Ninguna es verdadera por sí misma, sino que necesita ser confirmada por otras, ninguna es real por sí misma, sino que necesita ser realizada por otras. Pero Allah es Verdad y Realidad sin necesidad de confirmación de nada que sea ajeno a Él, exaltado sea. Entonces está más allá de la simple palabra que Le menciona, de la información que sobre Él nos viene, del testimonio de las cosas, o del testimonio de nuestro interior (en todo lo cual se encuentran empero los signos de Allah), e inclusive, Allah en Sí Mismo está por encima de la Revelación, que es Su enseñanza para los seres, porque ninguna palabra puede definirlo en Sí Mismo. Él nos enseña de Sí lo que Él quiere y se adecua a nuestra comprensión.
“Realidad” es todo lo real o concreto, no interesa en qué nivel se encuentre, sea en el de la vigilia o del sueño, sea en el más allá o en el plano temporal mundano, en lo oculto e inaccesible, o bien en lo manifestado. Es real en todos los casos, aun cuando pertenezca exclusivamente a la abstracción y al pensamiento, al intelecto. En definitiva, al-háqq, real, es lo concreto, lo que no se puede modificar a voluntad, y que se presenta en forma inescrutable o indescifrable. Y es similar al tiempo que el humano vive y que resulta inmodificable, inmediato e indescifrable en sí mismo.
Por su parte llamamos “Ser” a todo lo que tiene una existencia particular, pero el “Ser” universal rodea a cada ser particular, lo excede o desborda. Por último, la “existencia” es el ser particular situado dentro de las condiciones de su plano respectivo, siendo estos planos muy numerosos. La existencia implica necesariamente la temporalidad, la perecidad, el nacimiento, y la desaparición o muerte. Pero, además, cada ser particular tiene una esencia especial, exclusiva, por la que se distingue y separa de los otros seres. Y dicha esencia tiene por fundamento su vínculo secreto y oculto con el Sí Mismo divino, es su realidad. El particular constituye el fin de la Manifestación en la Creación, todo fue hecho para que él apareciera, porque es lo que Allah ama.
El Sí Mismo divino efunde la Creación, como automanifestación de Sí Mismo, y es imposible que se haya automanifestado y se encuentre ausente: Ya les mostraremos [a los humanos] Nuestros Signos en los horizontes, y en sí mismos [en sus almas], hasta que se les evidencie que [Allah, o el Profeta, o el Sagrado Corán] es la Verdad (Anahu-l-Haqq) ¿Es que no resulta suficiente que tu Señor [Profeta] es en verdad Testigo de todas las cosas? (41:53) En este versículo la expresión “hasta que se les evidencie que es la Verdad (Realidad)” simboliza la Automanifestación absoluta divina, mientras que la expresión “tu Señor es Testigo de todas las cosas” simboliza la Presencia divina en el particular.
¿Cómo es posible el error y la falsedad cuando el Real se manifiesta en todas las cosas? La antinomia entre Verdad, y error o falsedad, es de por sí necesaria para la prueba del alma, pues ésta debe elegir. Entonces se plantea la confrontación entre el ser humano y Satanás el maldito, que se remonta a la confrontación de orden metafísico entre Realidad y apariencia, expuesta por el Sagrado Corán: Dijo Iblis [el diablo]: “¡Señor mío!, por haberme Tú confundido, sin duda que yo les seduciré en la tierra, y realmente los desviaré a todos ellos, excepto a los sinceros de entre Tus siervos”. Respondió [Allah]: “¡Este [el de la prueba] es un camino recto! Por cierto que sobre Mis siervos [sinceros] tú no tendrás poder» (15:39-43). Así la antinomia Verdad-Realidad, y error, existe en el plano metafísico, aparte de su existencia en el orden psicológico del alma. Pero en última instancia, su existencia únicamente se justifica para el bien: Vino la Verdad y Realidad, y se disipó la vanidad y falsedad, por cierto que la vanidad y falsedad son inconsistentes (17:81)
Allah Exaltado exceptúa del error a la Justicia divina, porque en ella no debe haber error ni falsedad. La Justicia divina es exacta, perfecta, sin ninguna adulteración posible. El creado es incapaz de expresar la plenitud de la Presencia, por lo cual, debido a sus límites, omite de ella lo que no puede soportar y esto provoca la injusticia.
Sobre la realidad otorgada a los seres vivos y a toda la Creación, realidad que a veces se pone en duda por falta de conocimiento y de fe en un Principio absoluto de todas las cosas, dice el Sagrado Corán: Creó los cielos y la tierra en Verdad y Realidad (bil-Haqq), y os configuró, perfeccionando vuestras fisonomías (64:3), esto último es porque nos dio las disposiciones justas y adecuados a nuestro medio, en proporción a este. Di “¿Quién os provee del cielo y de la tierra, o Quién dispone la audición y la vista, y Quién extrae lo vivo de lo muerto y extrae lo muerto de lo vivo, y Quién gobierna el Mandato?” Y responderán: “Allah” Entonces di: “¿Es que no teméis” Tal es ya para vosotros Allah vuestro Señor Real (Rabbukum-al-Haqq) ¿Qué hay pues después del Real sino el error? ¡Cómo es que erráis entonces! (10:31-32)
La mejor manera de comprender el sentido de las palabras Verdad y Realidad en cuanto a Allah, es concretar en uno mismo tanto como sea posible los Atributos que Allah Exaltado menciona de Sí en el Sagrado Corán, e invita a que los imitemos, como Misericordioso, etc. El Profeta (BPD) es quien presenta en mayor medida esos Atributos. El Sagrado Corán fue revelado a su corazón: ¡Di! [Profeta]: El que sea enemigo de Gabriel [del Espíritu Santo] que sepa que éste lo reveló [al Sagrado Corán] sin duda a tu corazón, con la Anuencia de Allah, confirmatorio de lo que le precedió, Guía y Buena Nueva para los creyentes (2:97) Y dice: Descendió con él el Espíritu Fiel a tu corazón para que seas uno de los advertidores (26:194) Equipara así el corazón del Profeta (BPD) al Sagrado Corán, y ambos como expresión de la Verdad y Realidad. El Sagrado Corán es la Verdad que no admite falsedad, error o desvío, ni falsificación alguna, y en este sentido es igual al corazón del Profeta (BPD), del cual el Sagrado Corán afirma que no yerra ni miente (53:2-3 y 11) La Torá y el Evangelio no se equiparan en Realidad y Verdad al Sagrado Corán, que es la síntesis o esencia de la Revelación divina.
Según figura en la tradición de az-ziqaláin (Las dos joyas o cosas preciosas) el Profeta (BPD), después de preguntar a los musulmanes si acaso no era más preciado él que sus propias almas (ya que él indica el bien, y muchas veces sus almas les indican la perdición), levantó inmediatamente el brazo de Alí (P), y expresó: “Aquel de quien yo sea su guía y conductor, he aquí que Alí es su guía y conductor. Yo protegeré a quien lo proteja, seré enemigo de quien sea su enemigo, frustraré y derrotaré a quien quiera frustrarlo y derrotarlo, y daré la victoria a quien haga por su victoria. Por cierto que la Verdad se orienta hacia donde se orienta Alí”. Esto significa que la Verdad acompaña a Alí como al Sagrado Corán acompaña la Verdad, y que Alí (P) es la prueba interna del Islam.
© Enseñanzas del Sheij Alí Al-Husainí (Imam Mahmud Husain)


