Ilah significa “Divino”, y corresponde a la esencia de todo ser creado, o ente manifestado, cuya única realidad es la Realidad divina. Es también el vínculo con el Sí Mismo divino, y mientras que cada ente o ser mantiene ese vínculo único y secreto, el Primer Manifestado lo tiene por excelencia, y gracias a él surge en el resto de los entes y de los seres, que por él lo reciben. Pero el vínculo con el Sí Mismo es particular y propio de cada uno, a pesar de haberlo asimilado gracias al Primer Manifestado.
El Vínculo (el Segundo Adquirido, Presencia del Sí Mismo Oculto efundida en la Manifestación) es la realidad metafísica por la cual Allah transmite al ser humano la divinidad, le da Atributos que le pertenecen a Él en Sí mismo porque Allah no se guarda nada, exaltado sea.
El creado tiene como única realidad el Ilah, lo Divino, y es imposible el surgimiento de cualquier ente creado sin la presencia del Ilah, la Presencia divina que constituye cada ser. Es el vínculo con el Sí Mismo divino, que como un cordel, por el lado de cada ser, es el sí mismo de este, y por el extremo opuesto, es el Sí Mismo divino que resulta incognoscible. En conclusión, Ilah es la realidad de cada cosa real, siendo Allah en Sí Mismo el Real por excelencia.
La Iláha illa Allah manifiesta la Efusión del Iláh en cada ser creado, la aparición de la multiplicidad. La idea de Divinidad (Iláh) en la expresión La Iláha illa Allah (no hay Divino excepto Allah), niega en Allah todo lo que no sea Él, niega en Él las cualidades y acciones de las cosas creadas, que contradictoriamente sólo existen gracias a Él. La negación La, “no” (hay Divino), supone la negación de toda otra realidad fuera de la Realidad divina, que solo es posible conocer por su Iláh. Además, La Iláha niega que cualquier cosa tenga la Realidad plena que sólo pertenece a Allah, al Hua Manifestado, el Manifiesto de lo Oculto.
Dijo el Profeta (BPD): “El que se conoce a sí mismo conoce a su Señor”. Las tradiciones sobre este tema son numerosas, se cita de ‘Alí (P): “El que más se conoce a sí mismo es el que más conoce a su Señor”. Y dijo: “El conocimiento de sí mismo es el mejor de ambos conocimientos”, lo que se refiere a un versículo que expresa: Les haremos ver nuestros Signos en los horizontes, y en sí mismos [en sus propias almas], hasta que se les evidencie que es la Verdad [que Allah o la existencia es real] ¿Es que no es suficiente para ellos que tu Señor es Testigo de todo? (41:53). Y dice el Sagrado Corán: Y en la tierra hay Signos [de la Realidad divina] para los de certidumbre, y también en sus almas, ¿es que no tienen visión? (51:20-21)
En el Islam la conciencia llega a su plenitud en el autoconocimiento, siendo que “conocimiento” es idéntico a “conciencia”. Por lo tanto, el conocimiento o la conciencia en su estado pleno son signos de la Presencia divina en el hombre, signos de que los Atributos de Allah han llegado a su máxima expresión en una persona.
La identificación del intelecto con el ego prevalece en Occidente. Debido a esto el ego resultó muy exaltado y se le adjudicaron los atributos de la divinidad, resultando en el subjetivismo y el individualismo. Contrariamente a ello, en las tradiciones espirituales, y especialmente en el Islam, sigue prevaleciendo la doctrina sobre que el ego es un velo, y en última instancia, un enemigo que nos impide obtener el conocimiento de la realidad verdadera.
La intuición metafísica es, en última instancia, la que permite la captación del sí mismo en lo Absoluto. Ese es el extremo máximo al que puede llegar dicha intuición. Pero ella, también, se puede concebir como un canal para obtener conocimientos, que van más allá de la capacidad actual que tiene el sujeto de deducirlos a partir de sus experiencias previas.
Por otra parte, lo Absoluto es lo heterogéneo a la experiencia sensible. No encontramos en el mundo de la experiencia sensible o empírica nada absoluto; todo es limitado, finito y relativo.
El panteísmo falla fundamentalmente porque no afirma la realidad de lo no-manifestado, y nuestro punto de vista es precisamente el contrario. El panteísmo (y toda concepción exclusivamente materialista) cree que todo cuanto hay es el ser, y por lo tanto, todo lo posible de experimentar, conocer, y por surgir, está en el ser, dentro de ciertas fronteras predeterminadas, y que más allá no hay nada. Es decir, todo lo que aparece es, y solamente es todo lo que aparece. Estamos lejos de este tipo de concepciones porque concebimos lo Oculto que trasciende los límites del ser, lo más-allá-del-ser. Esta intuición metafísica es la que nos permite conocernos a nosotros mismos.
En cuanto al Profeta (BPD), las tradiciones lo destacan por encima del resto de los seres, como el Primer Manifestado, en el que cada cosa encuentra su fundamento. Si todo lo vemos en él, comprenderemos la incalculable Sabiduría de lo manifestado, y percibiremos en el corazón la Infinitud del Sí Mismo (TI L1 I). El corazón es el fundamento de todo lo que el hombre comprende a través de su intelecto, gracias a una intuición directa, pura, anterior al pensamiento. Se puede asimilar a la Fítrah o esencia primordial del ser humano, que contempló las Luces divinas antes de nuestra aparición en este mundo.
Si bien no tenemos acceso al Sí Mismo divino directamente, tenemos el mejor ejemplo en el Profeta (BPD), distinguido como el “Intelecto Primero” y otros apelativos. Percibir en el corazón la Infinitud del Sí Mismo divino es intuirlo a través del Profeta (BPD), conocer las categorías de Muhámmad (BPD), en este y en el otro mundo. Se lo menciona con calificativos distintos, pero no por simple sinonimia, sino que cada uno significa una realidad distinta y complementaria, por el cual la materialidad del mundo espacio-temporal, representado por el Adán biológico, cobró vida. Muhámmad es el Adán Primordial verdadero, anterior al biológico, “la Obra Perfecta” que en la sucesión adámica constituye la cúspide o culminación de la misma, gracias a quien fue hecho todo. “El Hombre Perfecto” es por la perfección de los grados espirituales como Fin de la vida espiritual, síntesis de todos los grados, y dación bellísima de Allah al hombre. “La Manifestación de las Luces” nos devuelve al mundo metafísico puro, como la Primera Manifestación. Y por fin, el “Prisma Cristalino”, como fundamento de todos los particulares.
En la obra sunnita Kanzul Ummal, se registra de parte del Profeta (BPD): “Vi, la noche en que fui ascendido [a los cielos], fijado al pie del Trono: “Yo soy Allah, no hay Dios otro que Yo. Creé el Paraíso del Edén con Mi Propia Mano. Muhámmad es la esencia de mi Creación. Lo fortifiqué con `Alí, le di la victoria por `Alí”. Y también: “Cuando fui ascendido al cielo penetré en el Paraíso y ví inscripto al pie del Trono: “No hay Divino sino Allah, Muhámmad es Mensajero de Allah, Él lo fortaleció con `Alí”.
Si simbólicamente el Profeta (BPD) indica al Primer Manifestado, `Alí (P) indica al Vínculo o Segundo adquirido, siendo el oculto del primero, dos aspectos de una misma realidad, dijo el Profeta: “Yo y Alí somos de una sola planta, y el resto de los seres son de plantas diversas”.
© Enseñanzas del Sheij Alí Al-Husainí (Imam Mahmud Husain)


