Bátin-Zháhir Oculto y Manifiesto Mutayálli El que se Manifiesta, Manifestador Sirr Secreto
Bátin significa en árabe “lo oculto”, “lo que está al servicio de otra cosa pero que no se manifiesta”, por ejemplo el estómago en el cuerpo, y se cita una sola vez en el Sagrado Corán: Glorifica a Allah todo cuanto hay en los cielos y en la tierra, siendo Él Poderosísimo, Sapientísimo. A Él pertenece el Poder de los cielos y la tierra, da la vida y la muerte, siendo Él Omnipotente. Él es el Primero y el Último, el Manifiesto (Zháhir) y el Oculto (Bátin), siendo Él Omnisciente (Conocedor de todas las cosas) (57:1-3), pero otros términos de la familia de Bátin aparecen alrededor de veintitrés veces.
En el Sagrado Corán el Nombre “Oculto” va mayormente acompañado del Nombre “Manifiesto” (Zháhir), que aparte de significar “lo que se muestra, revela o evidencia” significa “predominante, vencedor”, en el sentido de que nada puede prevalecer sobre él. Además, hace alusión a la persona triunfante, famosa, y a “lo que está elevado” gracias a lo cual se hace evidente.
Mutayalli es el que resplandece sin guardar nada de sí mismo, y está por encima del resto de todas las cosas. Mutayalli es la plenitud del Záhir (Manifiesto).
Cabe aclarar que los términos opuestos de la metafísica no son contradictorios. Las palabras “opuesto” y “contradictorio” no son equivalentes: “Opuesto” es lo alterno, lo que tiene una posición distinta a otro, y “contrario” (o “contradictorio”) es lo que anula al otro y ocupa su lugar. Ahora bien, los términos metafísicos opuestos no son contrarios sino complementarios. Los términos “trascendente” e “inmanente”, por ejemplo, son ambiguos en sí mismos, los dos indican lo mismo: “trascendente”, quiere decir lo que va más allá y se oculta, pero, a su vez, permanece a su modo manifestado; “inmanente”, es lo que está presente, pero, al mismo tiempo, oculto. En realidad, expresan la misma idea desde dos puntos de vista diferentes. Lo mismo podemos decir respecto a “interior” y “exterior”: Interior se dice con referencia a lo exterior, y exterior con referencia a lo interior, y no se pueden escindir ambos términos, son opuestos y complementarios, no contrarios, porque uno sin el otro no puede existir. De ese modo se consideran los opuestos en la metafísica tradicional, tan coherente ella que utiliza, al margen de cualquier discusión posible, por necesidad lógica, lo implícito en la realidad: Lo manifestado implica a lo oculto, lo exterior a lo interior, lo trascendente a lo inmanente, y viceversa.
Siguiendo las enseñanzas vertidas en “Teología Islámica” debemos conocer lo Absoluto como Oculto y Manifestado. “Oculto”, en el sentido que está más-allá-del-Ser. Esto es muy importante, porque muchos errores se basaron en el hecho de concebir a Allah Exaltado como un ser entre los seres; o como el máximo de los seres, pero atribuyéndole las condiciones del Ser, lo cual es erróneo. Lo Absoluto es en sí mismo oculto, incognoscible, inabarcable, pues lo omniabarcante no puede ser abarcado, y está necesariamente más allá de lo que abarca, y lo que es principio, debe ser heterogéneo a lo principiado, que tiene una posterioridad lógica a su respecto.
Lo Oculto es la esencia de cada cosa, gracias a la cual ella existe. Y la esencia del Conocimiento es el Amor, pues el fin último del Conocimiento debe ser la Unidad en Allah, que es el grado del Amor. Por eso, el Amor manifiesta lo Oculto del Conocimiento, su esencia, pero a su vez, el Amor tiene como esencia al Conocimiento, y por eso éste último es la esencia de su propia esencia, lo Oculto de lo Oculto. Ambos son como el día y la noche, como si la noche tuviera por esencia u oculto al día, y cuando éste llega, se manifiesta lo oculto de la noche, pero a su vez el día tiene como oculto a la noche, que cuando ella llega oculta al día. Entonces, lo Oculto pertenece al Sí Mismo divino, más allá de lo Manifestado y de lo Creado. Los Profetas (P) representan aspectos de la Realidad divina, y los hay que simbolizan lo que esa Realidad muestra en la Creación, otros lo que ella constituye en la Manifestación, y otros lo que ella presenta como oculto en Sí Misma. En definitiva, los Profetas (P) son como los arquetipos de los Atributos divinos, y algunos lo serán de aquellos Atributos que pertenecen a la Creación, otros de los de la Manifestación, y por fin otros de los del Sí Mismo Oculto. Este último constituye la Infinitud oculta de la Realidad divina. El Profeta (BPD) es «lo oculto de lo oculto», en el sentido de la mayor realidad y excelencia que se manifiesta desde lo Oculto, y en la Creación.
Además de Bátin y Zháhir (Oculto y Manifiesto) el Sagrado Corán menciona el término Sirr, que también tiene significado de “oculto”, pero referido más a “lo secreto, recóndito y profundo”, relacionado también a lo que el alma oculta intencionalmente, y tiene el sentido de “lo que se envuelve”: Por cierto que Él conoce lo secreto (Al-Sirr) y lo más recóndito (20:7).
El Secreto (al Sirr) es lo metafísico puro, que no es posible experimentar en la Creación o espacio-tiempo, por ser del mundo de la Manifestación, o bien del Sí Mismo divino. En el hombre el secreto es su sí mismo, constituido por su vínculo exclusivo (secreto y oculto) con el Sí Mismo divino. El vínculo secreto es la raíz de la automanifestación de cada ente, como Automanifestación del Sí Mismo divino en cada uno de ellos. Tal es el secreto propiamente dicho, que funda la esencia de cada uno, su vínculo secreto, particular, oculto y exclusivo. Dicho vínculo está incluido en el Primer Manifestado, como medio de la automanifestación, no como Meta de ella. La Infinitud divina es lo secreto del vínculo, la cual no puede ser manifestada por nada, ni por el Primer Manifestado que es un medio no la Meta. El Sí Mismo divino es la única Meta. “Los Atributos del Secreto” son los de la divinidad del particular, como lo son la infinitud y lo absoluto, presentes en el particular.
Lo infinito es la realidad no-manifestada, oculta, desde la cual surgen todas las posibilidades, que siempre son limitadas. De hecho, no podemos conocer las posibilidades infinitas en Allah, porque Él en Sí Mismo es Oculto. Y aquello que Él pueda manifestar de lo Oculto, en tanto no sea manifestado, tampoco podemos conocerlo. Lo único que conocemos son las posibilidades ya manifestadas. Y de ellas un corto número, porque no todas resultan evidentes para nuestras condiciones de conocimiento.
Cuatro principios básicos y fundamentales de la “Manifestación”
- Lo Oculto debe manifestarse para permanecer como tal. Lo que está más-allá-del-ser, a lo cual no tenemos acceso a través de cualquiera de las experiencias posibles que puedan existir dentro del ser, está presente en lo manifestado. Ambas cosas, oculto y manifestado, tienen un vínculo entre sí, vínculo inefable, que necesariamente refiere uno al otro.
- Lo Oculto debe hacerse presente en lo manifestado, pues si no tuvieran un vínculo secreto e indescriptible, no serían tales. El mismo significado de los términos “oculto” y “manifestado” indica, por confrontación, lo necesariamente complementario, que ambos se implican mutuamente.
- Lo Oculto no es el ser, sino lo Absoluto, y en tanto tal, la suma posibilidad que nunca se manifiesta totalmente en el ser, sino en grado. Lógicamente, al decir “lo oculto no es el ser”, afirmamos que el ser es lo manifestado.
- Lo Oculto permanece oculto aún en lo manifestado. Es decir, la Manifestación es la aparición de algo que indica lo Oculto, el principio del cual procede, la fuente de la que surge, pero que no se manifiesta en plenitud. Si lo Oculto se manifestara a sí mismo en absoluto, dejaría de existir la dualidad Oculto-Manifestado, no tendrían ya sentido ni siquiera los términos de que estamos tratando, pues sería el fin de un ciclo universal y total. Lo Oculto se habría manifestado, y por fin, extinguido.
Todas las cosas, sin excepción ni defecto, son manifestación de lo Absoluto. Pero, ¿acaso lo Absoluto se materializa, se conjuga con ellas, cualquier cosa que sea?: No, porque es imposible que lo heterogéneo a las cosas esté mezclado en ellas, pues esto sería lo contrario a sí mismo. Las condiciones de las cosas, como el surgimiento, la desaparición, la indigencia, la limitación, la mutua dependencia de unas respecto de las otras, las falencias, la contradicción entre ellas, etc., son límites negativos de lo Absoluto. Entonces, no es posible que Él esté presente materialmente en las cosas.
Si tratáramos de concebir lo Oculto, lo no-Manifestado, deberíamos hacerlo como universal, porque apenas proyectemos en Él una distinción dejaría de ser Oculto. La distinción permitiría su descripción, su limitación, su aparición ontológica, y, entonces, dejaría de ser Oculto. Debemos pensarlo, necesariamente, como universal, como informal.
Asimismo, debemos pensar que la Manifestación tiene como único fin, meta, u objetivo, la aparición del particular. En él se concreta la maravilla del ser. Cada particular, en su identidad y en su posibilidad, es único. Y como en un círculo, la multiplicidad de los entes manifestados, de los existentes, y cada uno de ellos en particular, desde lo Manifestado retornan al Principio, a lo Oculto, por el vínculo secreto y único que guardan con lo Oculto, y que los hace universales como Éste. Toda la realidad está en cada ente particular, como todo lo que va a aparecer en lo Manifestado está en lo Oculto, siendo este universal, y, a su vez, particular, en tanto sólo manifiesta lo que contiene en sí mismo.
Pero, como la realidad es jerárquica, hay un escalonamiento de los entes, el ser está así ordenado. Y así como lo Oculto contiene el Principio de lo Manifestado, del mismo modo este presenta un Origen o Principio por el cual existe todo el resto de lo que se manifiesta.
A ese primer ente o primer particular manifestado, lo llamamos el Primer Manifestado. Es lo Oculto que se manifiesta a sí mismo en esa primera manifestación, y a partir de esta todo se produce por mediación. El Primer Manifestado es el Origen de todo el resto de los entes, y de todo el resto del ser, por automanifestación de sí mismo.
El Primer Manifestado es el Muhammad metafísico. Siendo el Profeta (BPD) el arquetipo antecedente de todas las criaturas, sin quien éstas no existirían. Este Primer Manifestado se estableció en el Trono o cúspide de la realidad por una efusión informe, un desborde de cualidades, cuya heterogeneidad con el Efundente no es posible de explicar. Tal Trono divino es el lugar metafísico desde el cual son creadas todas las cosas, y el Trono no perecerá cuando todas las cosas sean aniquiladas, sino que será el lugar metafísico inicial de un nuevo ciclo desde el Más Allá.
De parte de Yábir Ibn Abdallah Al-Ansári, un gran compañero del Profeta (BPD), se dice: “Pregunté al Mensajero de Allah: ‘¿Cuál fue la primera cosa que Allah creó?’ Respondió: ‘La luz de tu Profeta, Yábir, Allah la creó y de ella creó toda cosa buena. Luego la estableció ante Él en la categoría de la Proximidad, tanto como Allah quiso, y luego la determinó en partes, y creó el Trono de una parte, y el Escabel de otra, y a los Portadores del Trono y los Residentes del Escabel de otra, y estableció la parte cuarta en la categoría del Amor, tanto como Allah quiso. Luego la determinó en partes, y creó al Cálamo de una parte, y a la Tabla de otra, y al Paraíso de otra, y estableció a la parte cuarta en la categoría del Temor tanto como Allah quiso. Luego hizo de ella divisiones, y creó a los ángeles de una parcela, y al sol de otra, y a la luna de otra, y la cuarta parte la estableció en la categoría de la Esperanza (el anhelo expectante) tanto como Allah quiso. Luego hizo de ella divisiones, y creó al intelecto de una parte, y al conocimiento y la templanza de otra, y a la inmunidad (o impecabilidad) y la prosperidad y felicidad de otra, y estableció la cuarta parte en la categoría del Pudor tanto como Allah quiso. Luego la observó con la mirada de la reverencia (la veneración sacra), y esa luz transpiró y goteó de ella 124. 000 gotas. Entonces Allah creó de cada gota el espíritu de cada Profeta y Mensajero. Luego las almas de los Profetas respiraron, y Allah creó de sus respiros los espíritus de los santos, los testigos y los justos”
Después de constituir al Primer Manifestado como la única luz o realidad, y aproximarlo a Sí Mismo tanto como Allah quiso, del Primer Manifestado son creadas todas las cosas, por lo que es gracias a él que se produce la Creación. El Muhámmad histórico (BPD) simboliza, entonces, la primera criatura manifestada, el arquetipo mayor en el orden espiritual puro, metafísico. Cuando ese arquetipo pasa a ser creado, lo último que Allah crea son las 24 mil almas o espíritus de los Profetas, por lo que también es gracias a él y de él que aparecen los Profetas y Mensajeros (P).
© Enseñanzas del Sheij Alí Al-Husainí (Imam Mahmud Husain)


